¿QUÉ DIRÍA HOY ADELA ZAMUDIO? Manoucher Shoaie

Adela Zamudio (1854-1928) fue una poetisa, escritora y maestra boliviana, y sus obras e iniciativas a favor de la mujer son consideradas una valiente denuncia contra el sistema político y social que discriminaba a la mujer en su tiempo. Ella ha merecido ser homenajeada para siempre. Su día de nacimiento, el 11 de octubre, fue declarado “Día Nacional de la Mujer Boliviana”, en 1980, por la ex presidente, Lidia Gueiler, la primera mujer en asumir la Presidencia de Bolivia y la segunda en América Latina.

Hay que reconocer que las mujeres en algún grado han logrado avances en los campos de educación, salud materna y la participación política y económica gracias a las nuevas reformas legales, lo que significa que se ha logrado un mejoramiento considerable en la posición de la mujer en estos campos con respecto a la que denunciaba la poetisa en su tiempo: “Una mujer superior, en elecciones no vota, y vota el pillo peor… /porque es hombre”.

Sin embargo, persisten condiciones de desigualdad en muchos otros campos. El analfabetismo entre las mujeres es mayor que entre los hombres, tienen escasa preparación y oportunidad para generar ingresos y la tasa de mortalidad materna aún es una de las más altas de la región.

Sobre el acceso de las mujeres bolivianas a las mismas opciones y condiciones laborales que los hombres, un artículo del periódico Los Tiempos, Cochabamba, 2020, titulado “Desigualdad laboral, el ‘machismo disimulado’ que persiste en Bolivia”, hace notar que “Si bien en los últimos años, Bolivia logró avanzar en el área y se incrementó la incorporación y participación de las mujeres en el mercado laboral, su presencia sigue casi 30 puntos por debajo de la de los hombres”.

Otro de los problemas relacionados a la cuestión es la violencia hacia la mujer. La CPE del Estado Boliviano en varios de sus artículos establece la igualdad de todos los ciudadanos y rechaza la discriminación por cualquier motivo. El Artículo 15.  II. afirma que “Todas las personas, en particular las mujeres, tienen derecho a no sufrir violencia física, sexual o psicológica, tanto en la familia como en la sociedad”.

“En Bolivia, durante el confinamiento hubo casi 24 mil episodios de violencia física, psicológica, sexual, económica, y simbólica en todas sus variaciones, además de 125 feminicidios hasta septiembre de 2020 según la Fiscalía General del Estado”. Este escalofriante aumento de la violencia contra las mujeres que no es sólo en Bolivia, confirma la advertencia de la ONU: “En el año 2019, casi una de cada cinco mujeres de todo el mundo fue víctima de la violencia. Muchas de esas mujeres están ahora atrapadas en casa con sus maltratadores…”.

Todavía persiste “una cultura machista y tradicional que asigna a las mujeres roles subordinados, tradicionales y dependientes, sobre todo, aquellos roles de reproducción y cuidado de la vida familiar”, situación que no muestra mucho cambio desde el tiempo de Zamudio: “Sigue él siendo la cabeza, porque es hombre/ ella se llama ‘ser débil’, y él se apellida ‘ser fuerte’/ porque es hombre.”

De acuerdo al Índice de brecha de género global del Foro Económico Mundial 2019, Bolivia está en el puesto 42 en el último (Perú está en el puesto 66, Chile en el 57 y Argentina en el 30)

El regocijo de la celebración del “Día Nacional de la Mujer Boliviana” debe ser combinado con compromisos que aseguren cambios profundos en las condiciones que todavía persisten desde Adela Zamudio, compromisos asumidos no solo de parte de los hombres y mujeres, sino también de nuestras instituciones –mayormente integradas por varones – para promover la incorporación sistemática de mujeres, no por la condescendencia, sino como una expresión sincera de la convicción en la contribución de la mujer, indispensable para el avance la sociedad.

El logro de los instrumentos legales que aseguren una igualdad cada vez más comprendida y consolidada y las medidas tomadas para el empoderamiento de las niñas y mujeres, serían insuficientes hasta que no incluyamos entre nuestros compromisos el reconocimiento de la complementariedad intrínseca del hombre y la mujer y de que las diferencias son inherentes al carácter interactivo de su común humanidad.  “El mundo de la humanidad”, escribe ‘Abdu’l-Bahá, “posee dos alas: una es la mujer, y la otra, el hombre. Hasta que las dos alas no estén igualmente desarrolladas el ave no podrá volar. Si una de las alas permanece débil, el vuelo será imposible”.

Manoucher Shoaie es miembro del PEN Internacional, filial Santa Cruz, Bolivia y de Rotary Club Amboro, Santa Cruz. shoaiem@gmail.com