OTRA CARTA DEL SR. SARMIENTO. La Tribuna 30 de enero de 1867. Nº3904. Carta de JUANA MANSO.

Con mucho placer insertamos las líneas que la señora Manso nos remite, transcribiendo algunos párrafos de una carta en que el tan ilustrado como desgraciado Sr. Sarmiento espresa las tristes emociones que la muerte del querido Domingo ha producido en su alma.

No queremos agregar una palabra que á esos párrafos acompaña la señora Manso, ellas rebozan la sensibilidad y ternura que cuadran á caracteres no vulgares como el de Sarmiento.

Dejámosle con gusto la palabra:

Mis amigos Varela:

Acabo de recibir una carta de nuestro amigo el Sr. Sarmiento que me ha conmovido hondamente: ese dolor sin afectación del padre sin consuelo posible sobre la tierra, es el mas cruel! Es preciso tener hijos para valorar esta pena, y ponerse en el lugar del que ha perdido un pedazo de su propio ser!

Apenas conocía yo de vista al joven Sarmiento, pero su temprana muerte, me fue como un martillazo recibido en la frente! Me aturdió. Luego vino la compasión que se dividia entre la madre que perdia lo que es raro encontrar, un hijo estremoso, y entre el padre á quien profeso una veneración, podría decir un culto, tan grande que lo considero, en su génio colosal!

Tuve el coraje de escribirle, acaso la primera, temiendo por mi patria y por la humanidad entera, la impresión que pudiera recibir aquel corazon y aquel espíritu tan fuera de lo vulgar; veníaseme á la memoria la muerte de Goethe ocasionada por la de su hijo y he estado esperando con ansiedad la primer palabra del señor Sarmiento.

Ay! No valoramos este hombre, nosotros los Argentinos: sus obras que algún día traducirán todas las naciones del globo, revelara tarde á los venideros, el tesoro de conocimientos y de sabiduría que no supimos apreciar nosotros por mediocridades, incapaces de curar la llaga que nos devora.

La carta del padre de Dominguito, arroja una nueva luz, sobre la tierna vida que la segur de la fatalidad tronchó por desgracia nuestra, puesto que esa vida era una esperanza para el porvenir. Ay! Como Guillermo Penn en medio á las sangrientas guerras de su siglo, dánme veleidades á veces de hacer proclamas sobre la paz aunque me llamasen loca, ó absurda como al honrado Quakaro fundador de la Pensilvania!

Oh! La guerra, lindo argumento para ventilar principios y satisfacer el honor nacional! Por mas brillante que sea el uniforme del soldado, la guerra nunca será otra cosa que la última degradacion de la especie humana, los hombre nacidos hermanos devorándose como bestias feroces!

He aquí la carta:

Señora Dona Juana Manso

                                                          “New-York, Diciembre 16 de 1866

“Ha hecho vd. bien en escribirme, asociándose á mi pena. La habría echado menos, entre el cortejo de amigos que han estado á mi lado á la hora de la prueba. Solo la muerte de Aberastain me había encontrado desprevenido.

Esta que me viene tan á deshora, por lo mismo que a todos ha dolido, y por todo lo que á mi se ligaba la vida de este niño, es un golpe tan rudo que toda mi equanimidad me falta.

“A veces me viene la idea de escribir una biografia de esta vida tan rica en incidentes, tan instructiva como educación; pero siento que las fuerzas me faltan para recorrer y referir hechos que solo yo sabría estimar, aun fuera de las predilecciones paternas. Entre sus papeles está un librito en blanco en que le enseñé a leer sin libro, solo trazándole las sílabas con un carbón, al lado de la chimenea, á la edad de tres años y medio. Su primera infancia hasta los diez años fue la mas activa y fecunda para su instrucción. Despues se pervertia ó se atrasaba en los Colegios, y solo yo tenia poder para traerlo al buen camino, porque solo yo conocía el resorte de su alma que era la gloria, la estimación, y el aplauso. Con este viento se inchaban á reventar las velas de aquella inteligencia y su entusiasmo una vez exitado, le hacia grata y fácil la tarea.

Qué escenas tan variadas, qué ilusiones tan vivas, las que él tomaba por realidades. Qué cruel fuéle al fin la realidad!”

He visto una vez un cuadro al óleo que tiene íntima coneccion con esta carta de Sarmiento.

El cadáver de una joven, una niña, está hendido sobre la cama, vestido de blanco: a pocos pasos hay un caballete con un lienzo preparado todavía en blanco- A los pies de la cama con el pincel en una mano, la paleta en la otra, está un hombre con el rostro tan pálido como el del cadáver, desencajado por el dolor fija una mirada suprema en ella, y una lágrima fría le viene rodando por la mejilla y se detiene en su poblada barba; ese hombre, ese pintor, era el Ticiano que intentaba hacer el retrato de su única hija, muerta pocas horas antes, las fuerzas le habían faltado, el pincel caia de su mano trémula y la angustia del padre quebraba la inspiración del artista!

Hé aquí exactamente á Sarmiento, en el miraje de su pensamiento se refleja la infancia del hijo amado y al considerarlo en la tumba, las fuerzas le faltan, la página queda en blanco y Dios sabe que postración y cuantas lágrimas seguirán á esos recuerdos!

Una biografia del joven Sarmiento, seria el mejor monumento á su memoria, pero sino la escribe el padre, á lo menos, nadie como él podría dar los datos, fue también su maestro!

El solo poseía el secreto de aquella alma chispa de la suya!

Juana Manso.

La Tribuna 30 de enero de 1867. Nº3904.

Agradecemos a la profesora Marinela Pionetti por el envío de artículos de Juana Manso en La Tribuna de 1867.