Las Consolaciones por Juana de Norohna. Traducción por Ana Maria Bezerra

Las Consolaciones fueron por mucho tiempo, páginas perdidas. Hoy podemos conocerlas gracias a la generosa donación que hicieron de su biblioteca, Guita y José Mindlin, (importante bibliófilo que reunió por más de 80 años libros y documentos sobre Brasil) a la Biblioteca de la Universidad de San Pablo, promoviendo la creación de  la Biblioteca Brasiliana Guita e José Mindlin y su Laboratorio de Digitalización. También a José Augusto Souza e Silva Bianchini, que nos alertó de su existencia digital.

Ofrecemos a los lectores la traducción que hemos preparado, coronando esta cadena de generosos intercambios, posibles únicamente en este tiempo de acceso libre y universal al conocimiento.

La  obra, escrita en portugués, fue editada en 1856,  en Río de Janeiro, en la Imprenta  Tipográfica – Dous de Dezembro de  Francisco de Paula Brito (1809-1861), y  dedicada a su amiga, la actriz Gabriela da Cunha Vecchy.

Los avatares de Juana Manso, durante el período de 1855 a 1859, luego de su regreso a Brasil, tras el fracaso en Buenos Aires, ha sido poco documentado. La primera biógrafa María Velasco y Arias, omite referencias y se hilvanan sucesos a partir de documentos y estudios recientes en relación a la prensa y vida musical y teatral de Río de Janeiro, recordemos que la pareja, reconciliada, lleva adelante una  intensa labor artística.  Además de producir piezas dramáticas musicalizadas por Norhona, Juana se desempeña como actriz, integrando numerosos elencos, oficio que encontrará más rentable que la escritura. Tiempo de creatividad y reconocimiento -Juana amaba el teatro-,  pero también de desencuentros, intrigas y luchas por el pan diario, en un ambiente que dada su sensibilidad no le sería del todo afín.

En su  carta a José Mármol, fechada el 7 de enero de 1859, agradece el dinero recibido,  que con Mitre le envían para que retorne al país y en pocas líneas describe esos años con crudeza:

He vivido durante tres años y medio entre el insulto y la miseria, entre la resignación cristiana y las compensaciones de consideración social que el mundo da muchas veces sin pedirla por un espíritu de justicia; […] me pongo en las manos de la Providencia y en las de Vd. y en las de Mitre, sean mis hermanos, con tanto que yo tenga en qué ganar el pan de mi familia sin ser pesada a nadie y gozando de la consideración y del respeto que son los alimentos del alma”.

La desilusión, la ingratitud, la injusticia, la decepción, la amargura, la llevan a refugiarse en la escritura y transformar su propio dolor, intentando consolar los ajenos.

Como Séneca, Boecio, San Ambrosio y otros tantos, Juana escribe sus Consolaciones. Nos habla de Dios, de la Providencia, de la fe, del amor, del arte, de las miserias y las pasiones, del propósito de la existencia. Sorprende y escandaliza, no duda en  reconocer su osadía: “¿Qué pensará el mundo de este libro escrito por una actriz?  ¿Por una cómica? …Felizmente la excomunión fue levantada y las vestes teatrales fueron quitadas”.  Su actual oficio no le va a quitar el derecho de alzar la voz: “Es cierto que hay un raciocinio Divino que me puso la pluma en la mano, y me dijo: escribe; a mí, pobre actriz obscura, pobre mujer sin autoridad social”.

Como no podía ser menos, la mujer es la principal destinataria:

“No titubeamos en confesar que este libro está escrito más para las mujeres que para los hombres… Es principalmente en nuestra sociedad, donde la mujer desprovista completamente de los atributos de la inteligencia está reducida a un círculo excesivamente limitado, que ella necesita más eficazmente de las consolaciones de la esperanza, de la fuerza, del coraje, de la susceptibilidad de la consciencia y de la inteligencia del deber, para seguir por el sendero solitario donde el prejuicio la encerró.”

Celebramos poder conmemorar los 202 años de su nacimiento ofreciendo este hermoso texto de honda dimensión religiosa y espiritual, propicio en estos momentos de dolor, de pérdidas y de desconsuelo. LEER AQUÍ

María De Giorgio