La Mirada de las Viajeras ante la Esclavitud en las Américas. Las Experiencias de Maria Graham, Flora Tristan, Fanny Kemble y Fredrika Bremer. Claudia Borri. Università degli Studi, Milano (Italia).

 

Maria Graham                    Flora Tristán                     Fanny Kemble                   Fredrika Breme

Casi todas las viajeras europeas que durante el siglo XIX emprendieron rumbo hacia las Américas dedicaron una específica atención al tema de la esclavitud. Examinaremos aquí los relatos de viaje que cuatro mujeres de diferente nacionalidad narraron en los años que van, grosso modo, de 1820 a 1850. Maria Graham (1785-1842) y Flora Tristán (1803-1844) viajaron por Sudamérica; Fanny Kemble (1809-1893) y Fredrika Bremer (1801-1865) por los Estados Unidos, aunque ésta última prolongó su viaje hasta Cuba. Hemos adoptado una óptica comparada que basa su razón de ser en la creencia común de la época, según la cual la esclavitud era menos cruel en las ex colonias de Sudamérica que en los Estados Unidos.1

Aun destacando esta diferencia, nuestras viajeras condenaron con decisión toda esclavitud allá donde se practicara, si bien ninguna de ellas, como se deduce de sus datos biográficos, formara parte como miembro activo en alguna de las asociaciones que en aquellos años luchaban a favor de la emancipación de los esclavos. Además, ninguna de las cuatro viajeras mencionadas sostuvo la causa abolicionista por medio de escritos específicamente dedicados a este tema.

Sus ideas se remiten, si acaso, a un clima cultural cuyo origen es la divulgación de las ideas y de la acción de un ramificado movimiento abolicionista que, a partir de las últimas décadas del siglo XVIII involucró, sobre todo en Gran Bretaña, a numerosos grupos de mujeres. En un primer momento, la moral común aceptó la participación de las mujeres en las campañas antiesclavistas porque, siendo dictada por motivos religiosos y filantrópicos, no excedía los ámbitos de interés típicamente femeninos. Cabe decir que, si en 1807 el diputado inglés William Wilberforce logró que el Parlamento aprobara el final de la trata de africanos, fue también gracias al apoyo de las mujeres.

Sin embargo, en el curso de pocas décadas, y sobre todo a partir del éxito de 1833, cuando en las colonias inglesas fue abolida la esclavitud, las activistas, visto y considerado que a las mujeres, al igual que a los esclavos, se les privaba de muchas libertades, emprendieron la ruta de reivindicaciones más marcadamente femeninas. Fue justamente la familiaridad que las mujeres habían tenido con los instrumentos de la propaganda política lo que hizo que el movimiento evolucionara hacia esta línea.2

Boicoteando los productos procedentes del trabajo de los esclavos, haciendo propaganda de puerta en puerta, redactando panfletos y recogiendo firmas para presentar peticiones ante el Parlamento, la mujeres habían tomado conciencia de sus derechos y habían logrado la capacidad organizativa para hacerlos valer. Por ello, en las décadas sucesivas, la causa abolicionista se tornó el frente en el que se combatieron las primeras luchas feministas a favor del derecho a la libertad personal, a la propiedad y a la custodia de los hijos en caso de separación, sobre todo después de que en los Estados Unidos tomara fuerza un movimiento contra la esclavitud en el que las mujeres participaban.

En este contexto, los reportajes de los que nos ocupamos son emblemáticos, ya sea porque reflejan la gran divulgación de las ideas abolicionistas, que porque documentan su evolución a lo largo del tiempo. Denunciando las atrocidades de la esclavitud con la fuerza del testimonio ocular, con tales reportajes las autoras desarrollaban también una eficaz acción de propaganda ante un público de lectores a los cuales ofrecían informaciones de primera mano. A la vez, demostraban que las viajeras participaban en un debate político internacional, al tejer una tupida red de relaciones interpersonales y de intercambios culturales que involucraban, en ambas orillas del océano, a las mujeres que luchaban por la libertad propia y por la ajena.

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