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Juana Manso 1819-1875. 26 de junio de 2023. 204 años de su natalicio por María De Giorgio

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Juana Manso fue una mujer extraordinaria, autodidacta, librepensadora, progresista, una adelantada a su época.

Le tocó vivir en un período político y social virulento, guerras civiles, asesinatos políticos, facciones en pugna que no acuerdan cómo y qué país fundar luego de la independencia. Época de cambios culturales y artísticos, reformas políticas, ruptura de cánones del pasado, fe en el progreso y la ciencia, predominio del sentimiento nacional y patriótico.

Nace en Buenos Aires en 1819 en el barrio de Monserrat. Niña curiosa y precoz, criada en un ambiente cultivado, propicio para el desarrollo intelectual y la afición por las artes, concurre a la primera escuela de mujeres creada por Rivadavia. Ávida lectora, su mayor pasatiempo en la infancia, estudia piano con Pedro Esnaola, tiene facilidad para el aprendizaje de idiomas, escribe poemas.

Adhiere al movimiento romántico traído de Europa por Esteban Echeverría y participa en los debates de su generación. No ajena a los acontecimientos políticos, sensible a las injusticias que padecen sobre todo las mujeres, intuye tempranamente su misión.

Vive 20 años en el exilio, durante el período que gobierna Juan Manuel de Rosas. Su padre, un ingeniero andaluz, llegado al Plata en 1799, de ideas liberales era unitario y amigo de Rivadavia, la familia sufre las persecuciones del régimen y su casa es confiscada.

Se inicia un itinerario intermitente: Montevideo, Rio de Janeiro, una breve estadía en Estados Unidos y Cuba, acompañando a su esposo, compositor y violinista portugués con el que se había casado; fallido retorno a Buenos Aires cuando su esposo la abandona y queda sola a cargo de sus dos hijas. Adversidades, inestabilidad, penurias económicas, desengaños van forjando su personalidad. En 1858 gracias a la ayuda de José Mármol y Bartolomé Mitre retorna al país y se radica definitivamente en Buenos Aires. Conoce a Sarmiento, y con su apoyo se consagra apasionadamente a la educación hasta su muerte ocurrida en 1875.

Desde muy temprano Juana Manso promueve la emancipación de las mujeres y denuncia la opresión que sufren en una sociedad dónde no tienen siquiera derecho a entrar a un café o una biblioteca. Donde las veredas de las artes, las ciencias y el trabajo, le están vedadas y la inteligencia y la libertad cercenadas. Cuestiona el vacío legal para los abusos, la desigualdad dentro de la propia familia o el matrimonio, los prejuicios y cosificación a que se ve sometida. Hace hincapié en las mujeres pobres, condenadas a la servidumbre o la prostitución. Funda en su casa escuela para mujeres y periódicos dedicados a ellas en Río de Janeiro y en Buenos Aires, sus textos son fuertes aún hoy. Se la considera precursora del feminismo en Latinoamérica.

Su estudio era informal, aprendía leyendo, haciendo y resolviendo en forma práctica las dificultades que iban surgiendo. Hay un hilo conductor, que atraviesa su obra y acción:  luchar contra la ignorancia, los prejuicios raciales, sociales y religiosos; señalar los males públicos para ser remediados, inocular el amor a la justicia, a la patria y a las ideas republicanas, emancipar y educar a las mujeres para que asuman el rol que les compete en la gran familia social.

Su labor en el campo de la literatura y la educación fue vasta y diversa. Maestra, poeta, escritora de novelas, obras de teatro, oratorios y libretos para las piezas musicales de su esposo, redactora del primer manual de historia argentina para las escuelas, periodista, creadora de periódicos para mujeres y colaboraciones en los más importantes periódicos de Argentina, Uruguay y Brasil. Actriz, integra las compañías de prestigiosos teatros de Rio de Janeiro entre 1854 y 1858.  Directora de la primera escuela mixta del país, conferencista pública y promotora de la creación de bibliotecas populares, directora durante 10 años de los Anales de la Educación común, primera revista creada por Sarmiento para promover y mejorar la educación en el país, inspectora de Escuelas, primera mujer en ocupar un cargo público en el Consejo de Instrucción, promotora y socia de asociaciones literarias, revistas culturales y de educación.

Juana ama la educación, cree que es la llave para desterrar los males sociales. Las guerras, la pobreza, son frutos de la ignorancia. La educación, común a todos y sostenida por todos, cualquiera fuese su origen o condición es un derecho y un deber.

 La escuela debía formar ciudadanos morales y para ello los principios cristianos eran suficientes: el amor al prójimo, la verdad, la justicia, la generosidad, el respeto, la rectitud. Instruir y educar no es lo mismo. Es fundamental educar el alma y desarrollar habilidades intelectuales para adquirir conocimientos, para la propia perfección y para servir al engrandecimiento de la sociedad.  La educación debía ser una ciencia, había que estudiar e implementar métodos adecuados y modernos que respetasen la naturaleza del desarrollo. Por eso propaga las teorías de Froebel y Pestalozzi entre otros. El faro era la educación norteamericana pero adaptada a nuestra realidad. Traduce los escritos más importantes del gran educador norteamericano Horace Mann, por el que profesa un profundo amor y admiración. Discípula de Sarmiento contribuye con pasión para hacer realidad su proyecto pedagógico y queda sola en la contienda cuando él es gobernador en San Juan o Ministro Plenipotenciario en Estados Unidos, luego trabajará activamente en la campaña para que sea electo presidente de la Nación.

Conocer a Sarmiento fue fundamental en esta etapa de su vida, sin su ayuda no hubiera podido realizar su aporte educativo, sobre todo en la etapa de la dirección de los Anales de la Educación Común. Sarmiento le enviaba cartas, libros, materiales, publicaciones que la ponían en contacto con los avances educativos y el crecimiento de otras sociedades. Nuevas ideas, nuevas formas de concebir las instituciones que chocaban con el atraso de Buenos Aires y ni que hablar con el de las provincias. Sarmiento fue su inspiración y consuelo y le dio las fuerzas necesarias y el ímpetu para soportar cualquier obstáculo que se presentase en el camino.

Juana es rechazada y combatida por la escuela mixta que dirige, por los recreos que implementa, por abolir los castigos, por enseñar música y canto, dibujo, inglés, ejercicios físicos, bailes. Por denunciar el estado de la educación y reclamar reformas en los programas y métodos, en la formación de los maestros, por fomentar su asociación para que puedan adquirir mayores capacidades, tengan vacaciones, salarios dignos. Promueve la creación de jardines de infantes, cooperadoras, el uso de la recaudación de las loterías para fondos de educación, reclama locales aireados y limpios, libros y útiles adecuados, fondos, etc. Hasta Sarmiento en un momento le pide que baje la voz… Juana no calla.

Tampoco aprueba cómo se enseña a los niños religión con el catecismo de Astete, una cartilla en uso en ese momento, al punto que cuando en los últimos años dirige una escuela lo elimina y es denunciada por los inspectores. Entiende que se debe respetar la diversidad religiosa y que la escuela pública no puede obligar a los niños ir a la misa, recordemos que llegaban al país familias procedentes de diversos países y cultos.

Juana considera que la enseñanza religiosa se debe impartir sobre todo con el ejemplo y no mediante la memorización de preceptos y obligación de cumplirlos con amenazas de castigos: la letra con sangre entra, era un dicho común de la época. No creía en la obediencia ciega. Repeticiones de memoria y lecturas aburridas, no acordes a la comprensión del niño, lo alejan del sentimiento religioso puro, que se debe inocular con amor, ternura, respeto: cuando los corazones están en contacto, la mente también lo está, escribió. Es la familia y la escuela a través del ejemplo, la explicación sencilla de los actos y sus consecuencias, las lecturas apropiadas, la que debe inspirar el amor a la justicia, el respeto de sí mismo y los demás, el sentido del deber, la obediencia a la autoridad.

Pensaba, como otros, que los poderes eclesiásticos no podían seguir ejerciendo el dominio sobre la educación, el matrimonio, el nacimiento y la muerte. Por eso la consideraban casi hereje e intentaban silenciar su prédica con notas en los periódicos. Sufrió insultos, le tiraban piedras en los techos, golpeaban ventanas para que no hablara en público, tiraban aguas olorosas en sus ropas, no la detenían, era implacable y dispuesta a padecer lo necesario por sus convicciones.

Sin amilanarse por las difamaciones, por las burlas sobre su aspecto físico y apodos descalificadores, los denunciaba y sostenía acaloradas y fundamentadas polémicas en la prensa, en conferencias públicas o en los Anales de la Educación Común. Para ella las instituciones fundamentales debían ser laicas. Esto dicho por una mujer y en esa época era un escándalo. Paulatinamente así se fueron estableciendo.

Cuando comienza a dar clases en la Escuela Americana, entabla amistad con el pastor Junor conmovida por su nobleza y sinceridad, hostigada por la Iglesia, en 1865 se convierte a la fe anglicana. Este hecho por un lado recrudece la violenta persecución de fanáticos, pero por otro, renueva su fe en Dios, el consuelo en el Evangelio y el calor de una comunidad religiosa que la acoge con cariño y respeto. A pesar de su fiereza Juana era una mujer de gran corazón que lo podemos sentir cuando leemos sus páginas.

En los últimos tiempos no le permitían enseñar y si continuaba en el cargo público era gracias al respeto de Sarmiento y Avellaneda, nada la frenaba para llevar adelante sus críticas a los reglamentos y normas que se iban estableciendo, llegaron incluso a sacar de circulación los Anales, acto de censura que se ocupó de denunciar y revertir.

Muy enferma de hidropesía debe dejar de trabajar en los Anales, en soledad y amargura a los pocos meses fallece. En su lecho de muerte es advertida que se le negará sepultura en los cementerios de Chacarita y Recoleta si no acepta recibir los últimos sacramentos por un sacerdote católico, por supuesto no declina de su fe. Dos días queda insepulta hasta que finalmente fue enterrada como extranjera en el cementerio británico.

En la despedida su amigo, el pastor W. D. Junor propone el siguiente epitafio:

Aquí yace una argentina que en medio de la noche de la indiferencia que envolvía a su patria, prefirió ser enterrada entre extranjeros, antes que dejar profanar el santuario de su conciencia por los impostores de sotana.

La escritora Juana Manuela Gorriti, dijo: 

Juana Manso gloria de la educación. Sin ella, nosotras seríamos sumisas, analfabetas, postergadas, desairadas. Ella es el ejemplo, la virtud y el honor que ensalza la valentía de la mujer. Ella es, sin duda, una mujer.

Es muy difícil en pocas palabras condensar la vida de una mujer tan creativa que ha hecho y pensado tanto, no hemos mencionado muchas facetas de su vida íntima y artística. Mañana se cumplen 204 años de su natalicio.  El 26 de junio de 2023, Juana Manso, está viva, su pensamiento vigente, muchas de sus luchas continúan, una figura de nuestra historia que no pudieron borrar y que con el paso del tiempo recobra nitidez, inspirando a nuevas generaciones por su inteligencia, rectitud y fortaleza de espíritu.

Los invitamos a visitar www.juamanso.org

María De Giorgio

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