Historia de la fundación de las Escuelas de Ambos Sexos en Buenos Aires. Juana Manso- Anales, 1867.

(Ortografía original)

No hay un problema mas dificil en educacion, que acertar con el  mejor método de organizar y conducir una Escuela infantil. El segundo problema es la co-educacion de los sexos, colocados por Dios reunidos en la familia y en la humanidad, y separados por la preocupacion en la Escuela que es el previo aprendizage de la vida.

Romper esta añeja barrera de la rutina estuvo reservado al Sr. Sarmiento, y á mí, la ejecucion de su pensamiento.

La primer Escuela mista que se organizó en Buenos Aires en 1859 me fué confiada con el nombre de Escuela primaria para ambos sexos nº 1. Situóse en la parroquia de Monserrat calle del Buen Orden núm. 123, y fué dotada de todos los útiles que podian realzarla, si bien no habian en el Departamento de Escuelas todos los aparatos necesarios. Pero, permitiéndolo el piso de tabla, fué dotada con preciosas bancas de guindo y piés de hierro y un magnifico escritorio de maestro, mapas mudos de Cornells, mapas de música y un gran mapa de historia natural.

Asisteme la conviccion, que el Sr. Sarmiento habria dotado esta escuela convenientemente en su propósito de Escuela Infantil, si los sucesos politicos del pais no lo hubiesen arrebatado á la causa de la educacion.

Alguna repugnancia, no mucha ni grande á la verdad, se encontraba en las familias; pero que yo disipaba ó que la esperiencia se encargaba de desvanecer.

Desde un principio debió prefijarse la admision de edades en perfec ta igualdad, y no se hizo así, porque en donde no se sabe lo que son escuelas, el éxito depende de la aglomeracion de alumnos, y solo se consideran mejores las escuelas mas numerosas.

El rápido aumento de discipulos, afianzó el ensayo que acababa de hacerse, sugiriendo luego la creacion de otra Escuela en la parroquia de la Piedad con la distincion del nº 2. Su preceptora, que lo fué Da. Juana Orona, fué enviada á la nº1 á imponerse del gobierno y sistema de ésta, para entrar á practicar en la que se le daba á dirigir. Las núms. 3 y 4 ya recibieron otra forma. El Sr. Sarmiento ensayaba, aunque faltábale lo escencial, que son maestros y maestras, y sin este requisisito ningun sistema de escuelas puede ser bueno.

Como la escuela no 1 era de pura esperimentacion consintióseme introducir varios ramos, tales como idiomas, lecciones orales, dibujo lineal y por los cartones de Coe.

La necesidad de sujetar mi escuela á las clasificaciones establecidas para otras escuelas de varones mayores, donde se enseñaban solo los ramos primarios, fué un mal grave, porque las escuelas infantiles no alcanzan á aquellas clasificaciones, y debieron basarse sobre las clases 4ª, 5ª, y 6ª.

Pero cómo no han de cometérse errores en una materia que nadie ha estudiado ni ventilado y tan delicada, abstracta y confusa como es ?

Desde un principio la llave de la enseñanza para mí, era la pizarra grande.—Allí la escritura, el dibujo, la aritmética. Despues se introdujo el canto, tan conveniente para la alegria, disciplina y diversion de los niños.

Donde apenas cabian setenta niños, habia tenido que recibir 122, por no poder rehusar la admision y por que siempre que consultaba al Departamento, se me contestaba: reciba todos los que vengan.

El local de la escuela constaba de una sala de 8 varas por 5 de ancho, otra antesala de seis por cinco de ancho, y otro dormitorio de cinco varas cuadradas.—A pesar de tener mi asiento en un ángulo del salon desde donde podia vigilar los otros cuartos, habia muchos niños que escapaban á mi inspeccion y la ayudanta no rera de mi satisfaccion. Allí permaneció la escuela dos años menos 12 dias, y habiendo exigido el dueño su casa, fuimos á parar á la parroquia de la Concepcion en casa cuyo piso de baldosa no permitia clavar los muebles de la escuela; la mudanza de esta, que costó quinientos pesos, se hizo á mi costa y nadie hasta hoy me ha embolsado aquel gasto, no obstante que el cambio de local de las escuelas es un gasto del Erario, que no debe ni puede pesar sobre el mezquino sueldo del preceptor. Yo tenia en aquel tiempo 600 pesos de sueldo. –

I.

 La escuela mudada á la calle de Estados-Unidos nº 314 perdió no solo alumnos que se recuperaron despues, sino ventajas materiales del local.

Los techos eran bajos, y a pesar de conservar constante ventilacion sentíase á veces el aire pesado. En esos momentos hacia yo despejar la clase y abrir puertas y ventanas por diez minutos.

En ese local permanecimos cinco meses, pagando yo de mi bolsillo la cantidad de trescientos pesos mensuales de excedencia de alquiler. En Diciembre de 1861 volvimos á mudar la Escuela á la calle de la Independencia 307 á local mas cómodo, aun cuando el piso era peor por ser de ladrillo, lo que habia aflojado todo el tren. La casa no obstante era bien ventilada y espaciosa.

De una sala á la calle y tres dormitorios seguidos habiase formado un salon paralelógramo por medio de portadas; la altura era de cinco varas, mala la luz por ser de un solo lado é inconveniente en el verano, pues quedando las puertas al poniente desde las doce del dia en verano entraba el sol de lleno tornándose el calor insoportable. Esta mudanza que costó 20 ps. fué ejecutada á mi costa tambien y la excedencia de alquiler mensual que era de 100 ps. quedó afecta á mi escaso haber, hasta que en 1863 el propietario levantó el alquiler á 1500 ps., y entónces quedé yo libre de esa carga puesto que declaré terminantemente al Departamento que no podria sufragar tal gasto.

En 1862 la inscripcion de alumnos subió á 140, y vime obligada á formar una clase solo de alfabeto de 40 niños, dejando 100 en el gran salon cuya dotacion es de 96 asientos, no holgados. Pedi al Departamento una otra ayudanta, ó 2º preceptora, porque era una carga superior á mis fuerzas, cien alumnos para mi sola, no pudiendo dislocar mi ayudanta de la clase infantil ó de alfabeto.

No se me contestó siquiera, y al finalizar ese año (1862) suspendi esa clase limitando la admision de alumnos á la dotacion del gran salon y ocupando la pieza en que estaba el salon afabetista con mi cuarto habitacion, puesto que para darle lugar, habia yo habitado un cuarto demasiado húmedo y estrecho, donde bastante habia sufrido, teniendo que secar los colchones de mi cama al sol, por amanecer húmedas, aun las almohadas y cobijas con que me cubria.

La inscripcion de alumnos variaba segun las épocas y salubridad. El personal de la Escuela en aquel barrio, era sumamente pobre y mala la asistencia, unas veces por inconveniente de ropas y calzado, otras por la desidia de esas clases infimas de la sociedad, aqui como en todas partes.

Para saber que lucha es esa de la asistencia, necesario seria que los mariscales de la educacion, se tomasen la molestia de leer los Minutos del Consejo de Educacion de Lóndres, los informes de los Consejos de Educacion de los Estados-Unidos y otras obras por el estilo.

Mis ideas sobre la educacion han estado siempre por fortuna mia en oposicion con la manera de conducir y de examinar las escuelas aqui, y digo por fortuna mia, porque tengo á lo ménos el consuelo de verlas confirmadas por los maestros de la ciencia.

Yo atendia á cultivar en el niño la espontaneidad individual, la conciencia del deber, la obediencia al principio de autoridad, la atencion, la observacion, la comparacion, la refleccion. A pesar de no tener libertad y ser responsable de la enseñanza, me ingeniaba en cultivar los sentimientos y desarrollar las facultades intelectuales.

Todos los niños pequeños respondían bien á los pequeños problemas aritméticos por el sistema Perkins, y todos los que hacian cuentas en la pizarra, tenian la conciencia neta del valor relativo de los guarismos y su progresion ascendente.

En el lamentable sistema de enseñar este ramo, era alguna cosa.

Las escuelas infantiles, como las primarias, no deben pasar de un cierto limite para dar lugar á la clasificacion y distincion de los grados. Tal sistema se sigue en Boston, cuyas escuelas son las primeras del mundo. El uso de la pizarra es importante en tales escuelas, y absurdo el uso de cuadernos.

Mas adelante haré por separado un bosquejo de las Escuelas Bosto nianas: voy á continuar mi narracion.

En Julio de 1865, recibi una nota del Departamento de Escuelas para despedir todos los niños varones de 8 años de edad.

Contesté haciendo presente que al fundarse esa Escuela no se habia prefijado precisamente la edad de admision, y aun probé por la inscripcion de los alumnos fundadores que me envió la Escuela Municipal de Monserrat, que habian tenido de todas edades: que en seis años de direccion de la escuela nunca habia tenido motivo de temer la aproximacion de sexos en esa edad: que estando tan adelantado el año y debiendo los exámenes tener lugar en Noviembre, no tendria tiempo material de remontar la escuela, y el peligro no era tan eminente que no pudiese esperarse el fin del año, época en que las vacaciones darian lugar para todo cambio, y con el nuevo año podria darse nueva forma á la Escuela tambien.

El Departamento me contestó con la razon suprema de estos pobres paises: “Tenga ó no tenga ud. razon haga lo que se le manda.” Mitad por ignorancia del gefe que lo era el Sr. Fuentes, mitad por el de seo de mortificarme y disgustarme para que el propio desagrado me hiciese salir del puesto que ocupaba, tuvo parte en aquella medida, que tan general como fué, en Escuela alguna se cumplió, con tanto rigor como en la nº 1.

Nada habia yo querido decir á mis pobres alumnos, y el dia 31 de Julio 1865, el propio Sr. Inspector de Escuela Dn. Santiago Estrada, vi no á cumplir el ukase del Departamento. Tengo y tendré siempre presente ese triste momento, llamados por lista los alumnos se formaron en ala á la derecha de la tribuna donde se sentó el Sr. Estrada. Treinta y dos niños varones, mucha parte seccion primera, se les notificó la órden de pasar á otra escuela. Un silencio glacial reinaba en el salon donde habia noventa alumnos (96 era el personal de la escuela.) Tuve un momento de honda afliccion, y de intima gloria al ver la manera como mis pobrecitos alumnos recibieron la noticia de su expulsion, de mi lado; entónces pude medir que grande era mi obra y cuanto habia conseguido en bien de aquellas almas que yo dirigia para el bien. Cuando el Sr. Estrada les significó que iban á pasar á otra escuela, los niños bajaron la cabecita y lágrimas silenciosas cuanto amargas fué su respuesta.

Dirigiles entónces la palabra, ó mas bien intenté dirigirsela, pero el llanto la anudó en mi garganta y fuí abrazando uno por uno aquellos pobrecitos que la fuerza ciega y bruta arrebataba de mi lado. Por algunos minutos solo se oyeron sollozos comprimidos y dolorosos, el Sr. Inspector Estrada pagó su tributo y no pudo resistir al peligroso contagio de tan sincera afliccion—lloró!

Mi escuela era una familia, de modo que aquella fué la separacion de los hijos y de la madre.

El resultado de aquella sábia tropelia educacionista, fué la salida de 64 alumnos de la escuela. Treinta y dos por órden del Departamento y 30 mas que siguieron, unos por que eran de menor edad y venian con el hermanito otras mujercitas porque venian con el hermanito tambien. La escuela quedó en esqueleto é imposibilitada de seguir el horario vigente, no habia sino tres ó cuatro niñas de la 2º Seccion y veinte y tantos alfabetista! Despues de la separacion de tantos alumnos de golpe, me esperaba otra escena dolorosa con las madres que se rebelaban contra la salida de sus hijos. Yo habia conseguido corregir los malos hábitos de muchos de aquellos niños, que no solo me respetaban sino que me querian, á punto de preferir en sus casas correccion corporal antes que yo fuese sabedora de sus deslices, por que tenia palabras con que arrancarles lágrimas de arrepentimiento, y mi amistad era la sola recompensa de la enmienda y su solo precio era la buena conducta. Con el desalojo de tantos alumnos habian cesado los cantos que alegraban las taréas, y luego, no se dispersa de la noche á la mañana una numerosa familia, sin echarse de menos. No podia yo dominar mi tristeza y la mala impresion del proceder del Departamento. Conozco demasiado á fondo las cosas y los hombres de mi país para no comprender la persecucion en el fondo de aquella estúpida medida que deshacia una Escuela por el solo placer de deshacer la obra de otro. Supe todo lo que habia pasado en las demas escuelas, y supe que la Escuela predilecta habia salvado á poca costa; el sacrificio se habia limitado á la mia y otras tan pobres y sin protecciones como yo.

Escuelas formándose recien, habian sido dejadas en esqueleto. Los varones que salían de las de ambos sexos no tenían cabida en las Escuelas Municipales de varones que rebosaban de alumnos, asi es que muchos niños ó fueron para escuelitas particulares de diez pesos al mes, ó quedaron sin escuela. En Agosto, el Gobierno Nacional se subscribióá 400 ejemplares de los Anales, y al momento elevé mi renuncia del cargo de maestra principal de la núm. 1, que me fué aceptada sin dilacion, pues toque era el gran desideratum á que se aspiraba. El 1º de Setiembre entregué la escuela á su actual preceptora la Sta. Da. Petrona Velez Gutierrez, despues de seis años y dos meses de servicios, cuando tan útil habria podido ser aun á la enseñanza. Entregué la escuela en esqueleto, porque así la dejó la órden violenta del Departamento de Escuelas, pero no porque á ese estado la redujese mi insuficiencia como se propala hoy.

Doné á la escuela un marco numérico que no posee ninguna otra es cuela de ambos sexos, 40 muestras de escritura inglesa, veinte y tantos grabados ingleses representando fábricas, jardines, ó cosas curiosas, varias imágines piadosas en cuadro en la pared, dos retratos de alumnos—modelo de la Escuela núm. 1. Una bandera de seda, bordada de  hilo de oro el nombre de la escuela, hecha á mi costa, y su competente hasta. Un sello de resorte con el nombre de la escuela y el armazon en que está la pizarra grande, todos objetos comprados con mi dinero, mas 50 lapiceras con planchuelas para los dedos.

En la aceptacion de mi renuncia se me daban las gracias por los ser vicios prestados y se me hacian los cumplidos de ordenanza. Di tan poco aprecio á aquel documento, que ni sé donde fué á parar. Ni el Sr. Fuentes era juez competente para valorar mis aptitudes, ni podian esas palabras suavizar la herida que su proceder habia abierto en mi corazon. No lo ofendan mis palabras. Dios lo haya perdonado; sabria decir misa y predicar sermones, de escuela no entendia jota, como otros muchos.

Las escuelas de ambos sexos llegan hoy á veinte, segun creo, lo que equivale á decir que la institucion fundamental está arraigada, ha pasado á las costumbres. Estas escuelas, sin embargo, no son lo que deberian ser, ni prestan el servicio que podrian prestar, porque están abandonadas al acaso. No son escuelas infantiles, sino escuelas de mugeres y de niños chiquitos; pero se llaman de ambos sexos. Hay grande empeño de entregarlas á la Sociedad de Beneficencia por no crearles una inspeccion propia que las reglamente y vigile, lo que traeria sus inconvenientes.

Realizándose el deseo de entregarlas á la Sociedad de Beneficencia, menos esperanzas habria de organizarlas cientificamente algun dia.

La historia de la núm. 1 ha sido escrita con el objeto de prevenir presentes hablillas que susurran, y futuros cargos que se levantarán contra mi, y que espero encontrarán tambien alguna alma caritativa que los rechace un dia.

Las escuelas deberian ser todas de ambos sexos, no importa la edad. Lo que se precisa son maestros y maestras competentes.

Juana Manso.

Anales de la Educación Común. Vol V, Agosto de 1867.