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Escuelas Jardines, sus comienzos, desarrollo y resultados. Juana Manso.Mesa del Editor.1875

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El Sr. Bourleton, mientras prisionero en Alemania durante la guerra Franco-Prusiana se ocupó de escribir un libro importante cuyo título es «La Alemania contemporánea» y en el cual se ocupa de estudiar todas las Instituciones de Alemania, con el objeto de despertar el interés de sus frívolos compatriotas.

Mucho ha encontrado que admirar en Alemania, pero muy particularmente han llamado su atención los Kindergarten o Escuelas Jardines.

Con el objeto de ilustrar una materia, tan abstracta en nuestro sistema de escuelas, vamos a trancribir lo que dice le Sr. Boourleton.

La obra de Pestalozzi

Según el Sr. Bourleton la idea de las Escuelas Jardines tiene su origen em la elocuencia reformadora de Rousseau, condensada en su obra «Emilio o la Educación».

Tal vez el orgullo nacional no era extraño a esta opinión del escritor moderno que acaso ignora los grandes trabajos de Lutero, primer apóstol de la educación común; los esfuerzos de la Escuela Filantrópica en esa misma Alemania del siglo pasado y las obras del célebre alemán Campe, con otros muchos hombres distinguidos que agradeciendo a Rousseau el interés que despertaba en la mente del pueblo por la ciencia nueva de la educación, hombres que habían hecho prácticas sus ideas a este respecto, rechazaban no obstante al innovador que venía a sembrar nuevos errores en la tierra por ellos preparada para simiente mejor. Uno de esos hombres pensadores fue Pestalozzi, fundador de la enseñanza moderna.

Pestalozzi, suizo de origen, nació en Zurich en el año 1745.

Aprendió temprano los idiomas vivos, estudiando también el derecho, la teología y la literatura, entrando por último en una manufactura de tejidos, donde viéndose en contacto perpetuo con la miseria moral e intelectual de los pobres, concibió la generosa idea de mejorar su condición. La lectura del «Emilio» de Rousseau lo condujo a abrazar el estado de maestro de los niños pobres y abandonados. Aceptando el axioma de Montaigne que «un juicio recto, es mejor que una cabeza llena». pensó que para conseguir su intento bastaría estudiar los procesos de la naturaleza en aquellos tiempos de investigaciones científicas; y no pudo hacer una obra perfecta; sin embargo, desvió la marca de los viejos sitemas escolares y trazó el camino para otros mejores.

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Anales de la Educación Común, Vol XIV- Febrero de 1875, Núm 7.

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