“ESCRIBA, COMBATA, RESISTA…” Juana Manso en los Anales de la Educación Común Marinela Pionetti

    La arenga inicial del título proviene del final de la primera carta que Domingo Sarmiento le envía a Juana Manso desde Lima el 10 de abril de 1865, una vez iniciado el viaje del que volverá Presidente tres años después. Vale la pena leer el párrafo entero:

Escriba, combata, resista. Ajite las olas de ese mar muerto, cuya superficie tiende á endurecerse con la costra de impurezas que se escapan de su fondo. La colonia española, la tradicion de Rosas, vacas, vacas, vacas. Hombres, pueblos, nacion, república, porvenir. Todo está en los bancos humildes de la escuela. Trabaje y el pueblo le ayudará’. (Anales, 1867: 139)

Una dosis de ideología, programa y fuerza que reiterará cada vez que responda a las noticias de su amiga en la prensa en favor de la educación. Esta carta, que ella publica recién en los Anales de marzo del 1867 como “documento importante de la historia de la educacion pública en esta provincia” y que hoy también leemos como una joya de la pluma sarmientina, es el eco de un acicate previo dirigido por Juana. Sarmiento ha escrito incitado por la lectura de un diario porteño donde Juana cuestiona y critica al gobierno por su mala administración en materia educativa. No puede creerlo y le escribe azorado “¿Cómo se atreve Ud. a tanto?”. Sus dotes proféticas no pueden prever hasta dónde será capaz de llegar Juana en su defensa de la educación popular y ni de los derechos de la mujer en la sociedad. La carta está fechada en abril de 1865, los Anales de la Educación Común, suspendidos desde 1861, reiniciarán su publicación de la mano de Juana en agosto de ese mismo año y serán el escenario privilegiado de esa contienda.

Para situarnos un poco en contexto, es necesario recordar que Sarmiento había creado y dirigido los Anales de la Educación Común, primer periódico pedagógico argentino, desde noviembre de 1858 y hasta fines de 1861, con el objetivo primordial de formar la opinión sobre la necesidad de implementar un vasto sistema de educación común. Sostenía que “Reforma tan radical y de consecuencias tan benéficas no se inicia en las escuelas, sino en la opinión pública.” (1858: 1), idea sobre la que insiste constantemente e incluso repite a Juana en esta misma carta: formar la opinión, interesarla, conmoverla… porque como bien reconoce su mentalidad moderna, “la publicidad es el engranaje que hace caminar todo”.[2] Ella se hará eco de esta idea, que será una de las marcas distintivas del diario, prever como destinatario al público general, no privativo del ámbito educativo, como los periódicos educativos que lo sucedieron (las posteriores etapas de los Anales, el Monitor, por citar algunos), como también ha observado Silvia Finocchio (2009).

En esta primera etapa (1858-1861) Juana colabora en los Anales mediante notas, informes y discursos sobre la primera escuela mixta a su cargo y con sus poemas: “Rivadavia” y “Al propagador de escuelas” repartidos en hojas sueltas durante la inauguración de la Escuela Modelo de Catedral al Norte (fundada por Sarmiento en su gestión como Jefe del Dpto de Escuelas) y publicados en el N°17 de julio de 1860. Literatura, educación y prensa comienzan a enlazar la trayectoria de los ambos editores maestros. Se trata de actividades tradicionalmente vedadas al desempeño femenino que anticipan la fuerza de su apuesta transgresora e innovadora al servicio de una causa sociocultural.

Incluso durante la suspensión de los Anales (1862-65), Juana escribe a Sarmiento a San Juan y pasa revista de la decadencia en que ha entrado el Departamento, anunciando el deceso de la publicación con esa combinatoria tan propia del estilo que caracterizará su gestión a cargo de la publicación:

Los Anales de la Educación murieron de apoplejía fulminante al arrojar una fosfórica llamarada a la faz de un “grande hombre”! y todo eso fue el resultado de una indigestión general! En verdad, los Anales de la Educación, esa esperanza de los que poseemos sentido común, recibió en sus inmaculadas páginas, las tiernas elucubraciones del Sr. Alarcon y “Cadde come corpo morto cadde”. (Velasco y Arias, 1937: 116)

Así, no extraña que cuando en agosto de 1865 retoma la publicación, explicita la continuidad con la línea de Domingo Sarmiento en cuanto a sus objetivos (formar la opinión pública y difundir la necesidad de instaurar un sistema de Educación Común en Argentina), pero también insistirá en su concepción del diario como libro destinado a documentar la organización del sistema, a formar parte de la futura biblioteca del maestro. Ya el sanjuanino había aludido a los Anales como libro, como compendio inaugural del sistema educativo argentino. Juana se asocia a la idea, la revive e insiste en afirmar su existencia como Archivo, como Biblioteca sobre educación popular, como órgano activo dentro de la educación pública y como herramienta activa en el presente, “único periódico de América del Sud consagrado a los vitales intereses de la idea Educación común”. Y en esa clave de unidad intentamos leerlo, reconociendo en su movimiento el enlace sarmientino-mansista.[3]

Juana recoge el guante de Sarmiento y entra en acción. Imprime su sello personal a los Anales, potencia su carácter difusor y lo carga de un tono argumentativo y combativo que seguirá sorprendiendo al propio Sarmiento, “baje un poco la voz” le recomienda en una de sus cartas (tal vez olvidado de sus propios desenfrenos en polémicas como las que había mantenido algunos años antes con Alberdi, y de las que seguirá teniendo hasta su muerte también en la prensa). Es la sugerencia de un hombre poco acostumbrado, como los demás agentes del ámbito, a leer y escuchar el tono de los reclamos, el manejo de datos e información actualizada por de una mujer en materia educativa. La diferencia reside en que esto a él le fascina y será motivo de apoyo, de admiración y de motivación para abrir instituciones o incorporarla en la gestión educativa, como lo fue el primer cargo de vocal del Consejo de Instrucción Pública, mientras que para el establishment masculino será un dolor de cabeza, como se puede ver en el libelo rabioso de Santa Olalla luego de la lectura de Juana sobre la Reforma Protestante en la Escuela Normal dirigida por él, por ejemplo. Pero también instala una concepción novedosa, moderna y sensible de la educación sintetizada en el lema: “Εnseñar es Ρrofesion”, que guiará sus acciones a cargo del periódico hasta abril de 1875, fecha de su muerte.

Los diez años que Juana edita los Anales interviene en múltiples espacios entrelazados, combinados con acciones desplegadas por fuera del periódico, pero registrados y publicados en él. Los imperativos de formar la opinión e historizar el estado de la educación proliferan en una amplia variedad de textos y temas puestos a disposición del público y a su vez, abierto a recibir colaboraciones y publicaciones externas, propuesta que realizará en más de una ocasión.

Entre estos escenarios contamos los Editoriales (“Mesas de editor”), los artículos, “Reflexiones” propias, introducciones o epílogos a documentos, Informes y Leyes oficiales. Todo lo lee, lo analiza, lo comenta, lo historiza. Así, escribe la Historia de las Conferencias pedagógicas “por un testigo ocular”, las Reseñas sobre el Estado de la Educación en Buenos Aires que los sucesivos Jefes del Departamento de Escuelas después de Sarmiento nunca redactaron. Escribe Historias de la Educación pública en la ciudad de Buenos Aires. Transcribe las Conferencias de Maestras que dicta en 1870 con el objetivo de profesionalizar la formación, preocupación que enlaza con políticas de lectura como la promoción y fundación de Bibliotecas populares (Chivilcoy), las Lecturas públicas, y la traducción. Traduce mucho, “pone al servicio un saber” como dice en una Conferencia de maestras. Expone, describe y explica métodos, propone la selección de un canon inaugural de la Biblioteca de Maestros. Todo eso pasa en los Anales.

En todo está la marca de Juana, en el modo de presentar la información, de manejar los datos y la estadística, en las modulaciones del tono de su voz, en la carga semántica de cada escrito, fluctuante siempre entre la utopía y el pesimismo, entre la fuerza y la queja, entre la voluntad de poder y la denuncia. Un estilo propio que pisa cada vez más fuerte, que asusta e irrita al entorno masculino del ámbito, a los curas y a las “viejas” (como las llaman con Sarmiento) de la Sociedad e Beneficencia, que irán perfilándose como los enemigos del proyecto de Educación Común.

En esta ocasión, me detendré muy brevemente en los Editoriales, las Lecturas públicas y las traducciones. LEER TEXTO COMPLETO

[1] Mag. en Letras Hispánicas, ayudante en Didáctica Especia y Práctica Docente de Letras en la Universidad Nacional de Mar del Plata. Integrante del grupo “Cultura y política en Argentina”, del “Grupo de Investigaciones en Educación y Lenguaje”, del CELEHIS y del INHUS, radicados en esta Universidad. Es profesora de Literatura en escuelas secundarias públicas de Mar del Plata. Mail de contacto: marinelapionetti@gmail.com

[2] En el editorial citado explicita: “El obgeto especial de esta publicación es tener al público al corriente de los esfuerzos que se hacen para introducir, organizar v generalizar un vasto sistema de educación. (1858: 1)

[3] De hecho, las ediciones que se conservan tienen el formato de libro, con índice incluido, y en un aviso del Aviso del Departamento de Escuelas que abre el volumen II con el N°18 de agosto de 1860 se solicita: “Los maestros de las escuelas públicas enviarán sin pérdida de tiempo á este Departamento los números que tengan en su poder de los Anales de la Educacion correspondientes al primer tomo, es decir, hasta el 12° inclusive para devolvérselos encuadernados con el índice general” (Anales, 1860: 545).