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Enseñanza y escuela compulsatoria/ Juana Manso

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Muchas personas equivocan estas dos cuestiones, lo que nos induce a especificar la diferencia que existe entre ellas.

La enseñanza es obligatoria en su esencia, como precepto de la ley natural que impele al hombre a buscar su propia perfección; el deber que todos tenemos para con nosotros mismos, nos induce pues a proporcionarnos en la vida la mayor suma de bien estar posible, la posición social más elevada y la mejor consideración entre nuestros conciudadanos, de aquí la obligación de aprender.

No obstante para reconocer, comprender y practicar este deber, necesitamos ciertas nociones previas como por ejemplo las influencias de familia, que tanto impresionan la infancia.  

Para todo hombre pues, la instrucción es obligatoria e indispensable como elemento primordial de toda y cualquier carrera.

La escuela obligatoria, es una medida adoptada para combatir la apatía o el egoísmo de los padres que bien por desidia, bien por utilizar los servicios de sus hijos pequeñuelos los dejan crecer en la ignorancia en que ellos mismos han vegetado, sin otro horizonte que el vicio, la miseria, la degradación, ¡muchas el patíbulo!

La necesidad que se siente hoy de educar las masas en la República Argentina, es tan apremiante, que hemos visto en el discurso de este año, dos provincias lejanas (Santiago del Estero y Catamarca) declarar por el órgano de sus gobernadores, la escuela compulsatoria con aplicación de penas.

Es un derecho proclamado y reconocido por las primeras naciones del mundo; es una triste necesidad porque tienen que pasar los pueblos que aspiran a emanciparse de la más negra y oprobiosa de las esclavitudes, la de la ignorancia.

Cuestión es esta que lanzamos hoy a la meditación de los pensadores del país; a la vez que no desearíamos se adoptase medida alguna, sin otras previas disposiciones, y diremos cuáles son.

El censo de la población por parroquias en la ciudad, por partidos y distritos en la campaña; lo demás es proceder a ciegas. Arreglo de los fondos parroquiales.

En otros siglos; los Obispos obligaban a los Curas párrocos, a costear la escuela y remunerar el maestro; hoy la Iglesia no tiene intervención es verdad en la Instrucción Pública, pero no es menos cierto también que los dineros parroquiales se dividen así: mitad para la fábrica y mitad para el cura; de modo que cada curato es una mina segura que en breves años hace la fortuna de un eclesiástico y precisamente los que por su carrera y devota misión deberían ser los más pobres, se encuentra que viceversa, son poseedores de hermosas fincas y cuantiosas rentas, viven en el lujo y la abundancia, mientras infinidad de desgraciados mueren de miseria en sus parroquias o prolongan una vida de concubinaje hasta la muerte, faltos de dinero para pagar los derechos llamados de la Iglesia.

Como se ve, la república no ha prevalecido sobre ese terreno.

Νο es nuestro ánimo atacar la Iglesia, sin embargo, que no creemos que la religión sufriese menoscabo con la regularización de las rentas parroquiales.

Nuestra constitución que declara una religión del Estado y se obliga a costearla, creo que asegura perfectamente de ese modo los gastos del culto y que las rentas que la Iglesia se procura por otro lado deberían ingresar al tesoro o la Municipalidad; asunto es este que no debería ventilarse por la urgencia de erigir edificios, convenientes, cómodos y adecuados para las escuelas; entre nosotros que la parroquia tenga mil almas, como que tenga 20 mil una sola es la escuela gratuita que abrimos a los pobres: como, pues declarar la escuela obligatoria si cada uno de esos tugurios que llamamos escuelas, ¡rebozan de niños!

Por otra parte, el que quiera convencerse del enjambre de vagos que se quedan todos los años sin escuela en la niñez, y sin probable oficio en la pubertad, no tiene más que pasear un poco, nuestras calles, para encontrarlos en pandillas jugando, fumando, apedreando y blasfemando muy a su gusto.

¿Cuántos niños se educan? ¿Cuántos quedan sin educarse? estas son las preguntas que debemos hacernos; y la solución nos traerá la convicción de la escuela obligatoria.

¿Pero a dónde están las escuelas para enviarlos? Νο existen- eso nos indica que debemos primero preparar los locales. –

¿Queremos eludir la escuela obligatoria?

-Declárese obligatoria la enseñanza y el examen.

Sea cada padre de familia libre de enseñar su hijo en casa, pero enséñelo: y la manera de comprobarlo es obligar a concurrir al examen especial de los niños de la parroquia.

¿Νο se quiere optar por ninguno de estos medios? Declárase obligatoria la matrícula de la escuela, para todo oficio, todo empleo, toda carrera y aún para el casamiento.

Lo que es esencial, es tomar medidas que saquen la Instrucción Ρύblica del marasmo en que se halla entre nosotros.

Para declarar la enseñanza o la escuela obligatorias, es necesario prevenirse de modo que tal resolución no recaiga en una farsa ridícula y sin consecuencias, sino que sea antes el remedio eficaz de males cuya presencia ya no es posible contestar; por ejemplo el atraso del país y la consecuente barbarie de sus masas.

                                                                      (Continuará)

Anales de la Educación Común, Vol. III, Buenos Aires, noviembre 30 de 1865.-Νúm 29.

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