El Educador y el Maestroescuela (Traducido). Anales de la Educación Común. Nº1. 1858

 

El educador muestra un poder latente; el maestroescuela saca una tarea.

Para el educador cuanto mas ordinaria es la materia, mayor reputa el saber necesario para trabajarla. El maestroescuela hace su obra, y carga al material con el resultado.

El educador sabe que su asunto es infinito, y está siempre egercitandose en dar á las cosas viejas de puro sabidas nuevas formas. El maestroescuela cree que conoce su asunto, y lo halla mas fastidioso cada dia.

El educador cree que nada ha hecho mientras que el alimento que da á sus alumnos no es masticado y dijerido. El maestroescuela cree que lo ha hecho todo cuando ha derramado algo ante ellos. El educador exita: el maestroescuela subministra.

El educador tiene fé en los grandes principios. El maestroescuela es esclavo de reglitas.

El educador es niño con los niños en el corazon; en el juicio un hombre. El maetroescuela tiene la dureza de un hombre, con la falta de pensamiento de un niño.

El educador al castigar considera lo que es mejor; no lo que corresponde. El maestroescuela tiene una pena fija para cada falta.

El educador trafica en exortaciones y esperanzas: el maestro escuela en verdades vulgares, y  reconvenciones.

El educador es animado por un alto y verdadero ideal, al cual se aproxima aun en los casos de aparente mal éxito. El ideal del maestroescuela es su contentamiento personal, cuya no realizacion lo deja apático y querelloso para el trabajo, exéptico de bondad; endurecido en sus propias opiniones, y hostil á toda mejora.

El educador, como que cree en sus principios y reglas, todo su afan es mostrarse él mismo el mejor exemplo de ellos.

 La falta de puntualidad hace deficiente toda autoridad.

Las nimiedades la hacen despreciable; el meterse en todo odiosa.

 

Anales de la Educación Común. Volumen I Buenos Ayres, 1858, Ortografía original