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Educación popular, Juana Manso, Álbum de Señoritas, 1854

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Foto de María Montessori

Grande es la victoria que se ha alcanzado con el aumento del presupuesto de las escuelas; desearíamos  tener en nuestra mano los medios de doblarlo y triplicarlo: y no sólo eso, sino que a la  par del convencimiento que es el dinero mejor gastado por la nación, entrase también en el espíritu de los que pueden, la de  proveer a los libros de enseñanza, y que mientras se cure únicamente del materialismo de la enseñanza, el progreso será mas lento que si se aplicasen las teorías de una educación moral que formase tem­prano el corazón de la juventud; porque esa edu­cación del corazón no tiene solo por inmediata consecuencia el mejoramiento moral, sino que pro­pende eficazmente al desarrollo intelectual y mo­rigera con más seguridad y velocidad las masas.

Es necesidad vital la de educar física y moralmente nuestras masas; vencer esa pereza que las roe y las corrompe, mudar esos vestuarios que son una mala alianza del pampa y del hombre ci­vilizado, arrancar de sus labios ese lenguaje feroz que tan mala impresión debe causar en los extranjeros que lleguen a nuestras playas, y que no puede oírse sin rubor; es necesario purgar esas razas desgraciadas de los vicios en que viven en­cenagadas, y eso no se obtiene con decretos po­liciales, débil freno que ellos destrozan, como el  caballo nuevo que siente la primera espuela del jinete, y forcejea hasta verse libre de él, corriendo después desbocado por la llanura.

Al aumentar el  presupuesto se ha dado un grande paso, el más seguro y el más verdadero en la senda del progreso; pero él será incompleto si, como hemos instado hasta ahora, no se provee a los métodos, reglamentos y libros necesarios; porque enseñar a leer y a escribir y contar no es no es suficiente a educar un pueblo donde son tradicionales el poco respeto a la ley, el degüello y la barbarie; un pueblo abandonado a sí mismo, hasta hoy instrumento ciego de odios venales, de guerras fratricidas, cuyo corazón está cerrado a la piedad y a los sentimientos dulces, pueblo cuyos niños se han desmamado viendo matanza y carnicería humana, y que hablan de sangre y puña­ladas con la sangre fría o de una malvadez pre­coz, o de la inconciencia de su culpabilidad.

Hay pues necesidades morales que llenar en la enseñanza de esa joven generación que se preten­de educar y preguntamos, hay un solo libro, uno solo, que llene ese objeto No, no le hay y es urgente escribirse uno.

No hay que equivocar la simple enseñanza con la educación; hoy la primera y la, segunda, deben ponerse en planta; y cuando tengamos una clase pobre, tan moral, industriosa y morigerada como la de los Estados-Unidos, entonces no habrá necesidad de la especie de apostolado que deseamos hoy, porque ellos tendrán en el seno de sus propias familias, la mejor educación moral, que es la del ejemplo; porque esa se aprende sin sentir, se mama con la leche por decirlo así; pero hoy es insuficien­te la sola enseñanza primaria; hoy en las escuelas es necesario algo más, y sino temiésemos ser llama­da de visionaria desearíamos ver organizarse en Buenos Aires, una sociedad de temperancia y otras cuyo objeto y esfuerzos tendiesen a mejorar y moralizar las clases pobres; pero de eso no hay esperanzas, si fuese en  Norte-América, allí, como no hay recelo de reducir la teoría a práctica, nada tendría de extraordinario, nosotros no; dejamos todo a la providencia que es lo mejor!

Y sin embargo, cuánto se podría hacer, y qué tiempo tan precioso se pierde!

– Dimos un paso; destinamos un millón (es mucho dinero) a los gastos de la educación popular,  ya se hizo mucho!

Libros, oh! esos que hay hoy son buenos… tal vez podrían hacerse mejores… si, pero tene­mos tiempo, ahora hay mucho que hacer… lue­go, mañana… después! que es plazo que tarde se vence!

Y era tan fácil con un poco de buena voluntad! Infelizmente entre nosotros todo queda en proyec­to… El Nacional habló de una escuela de artesanos; no tuvo resultado! Habló de un esta­blecimiento de educandos adoptados por el Go­bierno…  venía a ser una casa de refugio, sobre la que tanto hemos insistido; hasta ahora sin resul­tado! … Y con todo hay local, con poco es­fuerzo se instituiría!… Tal vez algún día…. sea, siempre será una noticia agradable que reci­biremos.

De todos modos nos damos los parabienes, se los damos al Gobierno, a la Sala y al pueblo de Buenos Aires. Ojalá una actividad inteligente aproveche los recursos que se ofrecen y estos mo­mentos de paz para colocar esa piedra fundamen­tal de nuestro porvenir y engrandecimiento.

Las líneas que he consagrado sobre este objeto, sino son el fruto de una inteligencia feliz, por ­lo menos son la expresión de un deseo sincero que me animó por el bien de mi país.

He hecho todas estas reflexiones que he creído más oportunas; más, no puedo, porque mi voz no llega hasta el círculo privilegiado de aquellos que pueden; nada soy, nada valgo, y solo, votos inúti­les es cuanto puedo ofrecer.

Juana Manso

ÁLBUM DE SEÑORITAS. TOMO I. BUENOS-AIRES, FEBRERO 12 DE 1854. NUM. 7.

 

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