CIEN AÑOS DE PERIODISMO por Lily Sosa de Newton                                                                            

Las mujeres se incorporan a la prensa. Cartas de lectores                 

El primer contacto femenino con una publicación periódica se dio precisamente en las páginas del primer medio de prensa aparecido en Buenos Aires: Telégrafo Mercantil, Rural, Político, Económico e Historiógrafo del Río de la Plata. Su fundador, Francisco de Cabello y Mesa, lanzó el número inicial el 1° de abril de 1801. El 27 de diciembre del mismo año aparecía una colaboración firmada por “La Amante de su Patria” y luego otra, de la misma autora, el 13 de junio. La titulaba “Retrato de una señora respetable”.1

A fines de la era virreinal, Manuel Belgrano fundó Correo del Comercio y el 3 de marzo de 1810 reprodujo un trabajo enviado por quien firmaba “La amiga de la colaboradora incógnita”, continuado en la edición del 5 de mayo.2

Después del pronunciamiento de Mayo, fue notable el incremento del número de periódicos publicados y, en ellos, el de cartas de lectoras que opinaban sobre distintos temas; entre otros, la educación de las mujeres.

Dieron cabida a esas cartas El Censor, El Observador Americano, Los Amigos de la Patria y de la Juventud y algún otro periódico de Buenos Aires.3

                                                                                                           Nacimiento de La Aljaba

El 16 de noviembre de 1830 se produjo un verdadero acontecimiento: la aparición de La Aljaba, bisemanario escrito por una mujer, Petrona Rosende de Sierra, para las mujeres. Fue el primer periódico femenino de nuestro país y se tiraron de él dieciocho números, hasta que las burlas y los problemas económicos determinaron su desaparición. La redactora, que no daba a conocer su nombre, había nacido en Montevideo y defendió con ardor el derecho de las mujeres a estudiar. La audaz precursora regresó más tarde a su país, donde continuó la labor docente y literaria. Con el último número, aparecido el 14 de enero de 1831, se abrió en este ámbito un prolongado silencio que no terminaría sino después de Caseros.4

                                                                                                              Veinte años después

En 1837, Juan Bautista Alberdi, con Juan María Gutiérrez y Rafael J. Corvalán, fundó La Moda. Estaba dedicada “al Bello Mundo Federal” y las mujeres eran destinatarias de notas sobre modas, urbanidad, teatro, música, etc., destacándose un artículo titulado “Destino social de la muger” [sic], 5 pero ellas estaban en realidad ausentes de la prensa. De igual manera, habían perdido un espacio en el que demostraron capacidad de acción, como era la Sociedad de Beneficencia, que manejaban desde 1823 hasta que Rosas decidió suprimirla.6

Lejos de la Argentina, en Lima, se produjo, antes de que terminara la primera mitad del siglo XIX, un hecho que marcaría el comienzo de otra etapa. Juana Manuela Gorriti, una emigrada argentina que allí vivía, se lanzó a la arena literaria publicando un cuento, “La quena”, en la revista limeña El Comercio. Transcurría 1845 y el suceso significó no sólo la participación de una escritora en un medio periodístico sino, además, a partir de allí, tendría el impulso que supieron darle otras escritoras de nuestro país dedicadas a este género. La Gorriti, además, sería una activa periodista, colaboradora de publicaciones argentinas y fundadora y directora de prestigiosas revistas porteñas y peruanas.7

                                                                 Una nueva era. La Camelia y otros periódicos

A partir de Caseros comenzó una etapa promisoria en lo que se refiere al periodismo de mujeres. Muy poco después de la caída de Rosas, el 11 de abril de 1852, una docente y escritora, Rosa Guerra, se atrevió a lanzar su revista La Camelia, cuando regresaban los proscriptos y Buenos Aires se agitaba en medio de problemas políticos y proyectos de toda clase. Sin ninguna experiencia, Rosa Guerra y sus colaboradoras, que firmaban con seudónimos, llenas de buenas intenciones, adoptaron un tonito beligerante que se traslucía en el lema elegido: “¡Libertad! No licencia. Igualdad entre ambos secsos” [sic]. Saludaban a los colegas periodistas ofreciéndoles “un ósculo de paz”,8 pero pronto comprenderían que sus propósitos sólo provocarían burlas malignas por haber osado invadir el terreno de los hombres. Se entabló entonces un duelo de notas firmadas entre La Camelia y El Padre Castañeta, con seudónimos. Navarro Viola, director del segundo, tuvo el mal gusto de publicar una poesía en la que, con pésima intención, le decía entre otras cosas: “Mas no es la desgracia peor / de meteros a escritoras / hallar pocos suscriptores / y lo mismo suscriptoras / sino que si alguna vez / escribís con ciencia suma / no faltará quien exclame / leyéndoos: ¡hábil pluma! / y hasta habrá tal vez alguno / que porque sois periodistas / os llame mujeres públicas / por llamaros publicistas”.9

Las Redactoras –así firmaban– retrucaron en el número 4, del 18 de abril de 1852, que “sin ser mujeres públicas ni publicistas, hemos creído en estos momentos de libertad poder alzar nuestra voz para reclamar los derechos de igualdad entre ambos secsos [sic]: S. R. no nos negará que somos iguales ante Dios y ante la naturaleza; que la divina voluntad del Ser Supremo no instituyó leyes de desigualdad y menos tiránicas…”.

El 11 de mayo de 1852, con el número 14, finalizó la publicación de La Camelia, cuya directora, en el número 12, había negado tener participación en la revista, en nota publicada también en el diario Los Debates. Las redactoras daban fe de ello y ofrecían revelar sus nombres y apellidos “para tranquilizar a la señorita Guerra”. Lo cierto es que la revista desapareció, pero Rosa Guerra volvió a la palestra con otra hoja, La Educación, el 24 de julio. Salieron seis números, hasta el 11 de setiembre pero la periodista continuó colaborando en los diarios La Tribuna, El Nacional y La Nación Argentina. Publicó, además, Lucía Miranda, novela histórica en verso, 1860; el drama Clemencia, primera obra teatral escrita aquí por una mujer, 1862; Julia o La educación, lecturas para niñas, y Desahogos del corazón, poemas, en 1864, año en que falleció.10

                                                                                       Juana Manso y su labor periodística

Después de La Camelia, hasta 1854 no surgió otro periódico que levantase las banderas del feminismo. Fue entonces cuando Juana Manso, que volvía del exilio y quería reeditar su trabajo de Río de Janeiro, donde había publicado Jornal das Senhoras, creó Álbum de Señoritas. Periódico de Literatura, Modas, Bellas Artes y Teatros. Regresaba con experiencia profesional como docente y escritora, tras haber vivido duras instancias en su desgraciada relación marital, que culminó con el abandono del cónyuge, el violinista Francisco de Saa Noronha. En Buenos Aires, Juana se dedicó a la enseñanza y lanzó su revista el 1° de enero de 1854, con ella como única redactora. Anunció que volvía después de veinte años, para “buscar una patria donde la inteligencia de la mujer no sea considerada un delito, donde su pensamiento no se considere un crimen”.

Mujer de muchas lecturas, escribió sobre filosofía, educación, leyes, teatro, modas y actualidades. La revista contenía, además, notas sobre homeopatía, entonces de gran boga, viajes y pasajes de su novela La familia del comendador, publicada ya en Brasil.

Juana Manso se había presentado como “redactora y propietaria”, y el periódico, como todos entonces, se vendía por suscripción y en la imprenta.

El apremio económico no se hizo esperar y debía hacer equilibrios para pagar el papel y la impresión. La tarea de maestra particular no bastaba para cubrir los gastos, por lo cual le sumó la de profesora de francés, inglés e italiano “en casas particulares”. La Manso adhería a la fe protestante y no escatimaba críticas a los católicos, que propugnaban la persecución de aquellos a quienes llamaban “herejes”, como ella. El problema económico y su artículo “Libertad de conciencia”, del número 7, precipitaron la desaparición de la humilde hoja, cuyo último número, el 8, salió el 17 de febrero. “…vivió y murió desconocido desde que nació en el desamparo –escribió ella– y en el páramo de la indiferencia”.

Pero semejante luchadora no se rendiría sin dar pelea. Gran amiga de Sarmiento, ardorosa promotora de la educación, tuvo, gracias a él, otra oportunidad cuando el gran maestro le confió, en 1865, la dirección de los Anales de la Educación Común, que volvía en su segunda época.

Juana Manso publicó también Los misterios del Plata, novela histórica, un Compendio de la Historia de las Provincias Unidas del Río de la Plata y notas en diversos diarios y periódicos de entonces. Su múltiple actividad cesó cuando la venció la enfermedad, en 1875.11

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En  Historia de las mujeres en la Argentina, Bajo la dirección de Fernanda Gil Lozano, Valeria Silvina Pita y María Gabriela Ini. Coordinación editorial: Mercedes Sacchi, Tomo I Colonia y siglo XIX, Ed. Taurus, Bs.As., 2000