Utopías educacionistas y estragos del deletreo. Por Juana Manso

Estamos esperando nuestra sentencia de muerte, bajo los cargos mas graves que jamás se hayan formulado contra mortal alguno. Sin embargo, el aspecto del tremendo proceso, poco asusta nuestra ecuanimidad. Parece que la idea del ejercicio muscular de la lengua, por medio del deletréo, tentativa eficaz de desterrar los vicios de la mala pronunciacion, y modo sencillo de adquirir una ortografía regular, tiene sobre-excitados los ánimos susceptibles, contra la Conferencia de Maestras. Quién diria que el deletréo hubiese poseido tan estimulantes propiedades. Estamos acusados ante la Municipalidad, acusados del crimen inaudito de hacer deletréar á ciertas maestras que pronuncian ayí por allí, caye por calle; odjeto por objeto; agnegacion por abnegacion ;  empeso por empiezo, aller por ayer, llo por yo, llerba por yerba, y etc., etc.

Nuestra incapacidad está probada además, por no haber enseñado en quince lecciones lo que necesita dos ó tres años de estudio.

Somos estravagantes, cuando pedimos ventilacion, y recesos de media en media hora á lo menos de diez minutos.

Somos utopistas porque no aceptamos la escuela rutinera de los métodos empíricos y repentinos, ni la mente humana como una especie de buche de avestruz donde ván revolviéndose á guisa de piscina probática, el Catecismo, la Gramática y la Aritmética en su parte abstracta. Es utopía, principiar por el punto, para que el niño comprenda que una succesion de puntos forma la línea; y sentar toda la enseñanza sobre esa base matemática, que el sonido es al oido, y la nota á la música, y la letra á la sílaba, lo que el punto á la línea.

Es utopía, comprender con la escuela moderna, la escuela Pestalozziana y la doctrina de Froebel, que recibiendo el alma sus impresiones por intermedio de los sentidos, la escuela es el invernáculo donde se educan los sentidos por medio de procesos científicos, con lecciones sobre las cosas comunes primero, y sobre los objetos des pues, para perfeccionar adiestrando esos conductores destinados por la naturaleza á ponernos en contacto con el mundo externo y visible. Pero esto que clasifican de utopia los inocentes en la materia, son hechos tangibles hoy en todas partes del mundo donde se cultiva la educacion.

Pestalozzi, Froebel, Kalkins, Sheldon, Holbrooks, Miss Peabody, Horacio Mann, Barnard, Boutwell, Page, Northenden, Jewell y mil otros, no son invenciones nuestras, ni personajes del Orlando de Ariosto, sino seres reales, que han existido, y existen, cuyas obras corren impresas aunque sea en Inglés.

Al fin y al cabo, ni podemos recabar los honores de la invencion, por que apenas somos discípulos y muy humildes. El espositor de una doctrina cualquiera, peca apenas por la docilídad de la mente que no se resiste á las nuevas ideas porque Dios le ha dado elasticidad de comprension.

Nuestros adversarios dicen que somos utopistas estravagantes, unas veces; otras afirman con seriedad cómica que no somos hechos del mismo limon que el resto de la humanidad; ó que todavia es temprano para civilizarnos; sobre todo la raza!

Esta última razon es perentoria; convendrá pues cruzar la raza, ó inocularnos por la escuela la savia de vida intelectual que nos falta. Los utopistas son incorregibles; Rivadavia nos trajo á Bell y Lancaster pretendiendo que si éramos realmente defectuosos de construccion intelectual, nos enderezásemos, y sin mas ni menos nos dió patentes de Ingleses, quitándonos la cartilla del Cristos, letra de diabólica invencion frailuna, que no se cansa de blasfemar contra el Salvador.

Otros utopistas, hemos iniciado despues, los métodos Norte Ameri canos como mas perfectos que Bell y Lancaster que hicieron su época y pasarón. Pero, gritan los sábios que esto es Yankeemanía, proclamando la Anagnosia sobre todos los libros conocidos!

Quede pues constatado, que no tenemos necesidad de educar los sentidos por carecer de ellos en virtud de no sé que defecto de la raza Argentina!

Atrás utopistas educacionistas !

Atrás!  deletreo ultrajante, lo mismo tiene hablar mal que bien, ó trocar la y con la ll, ó pronunciar así ó asado. Diremos con el montañés del infortunado Larra:

                         Hable él la lengua Castellana

                         Que yo hablaré la que me dé la gana.

 Entre tanto esperamos á pié firme muestra condenacion municipal.

Juana Manso.

Ortografía original. Anales de la Educación Común. Volumen VIII, 1869.

There are no comments

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Start typing and press Enter to search

Shopping Cart