Reflexiones – Juana Manso

Quien lea lo que antecede, y sepa que las tareas de nuestras escuelas son de cinco horas diarias sin interrupción, que los salones carecen de ventilación, que se exige a los niños estudio fuera de las horas de clase, en sus casas; que los párvulos están sujetos al mismo horario y reglamento de los niños grandes, no podrá menos que condolerse de la desgraciada suerte de nuestros niños. Quien recuerde en la exposición de labores de la Sociedad de Beneficencia esos labores que dicen: La hizo N. N. edad de 7 años! No podrá sabiendo lo que es la niñez dejar de estremecerse en silencio, al contemplar las atroces torturas que le habrá costado aquel ángel, esa tarea y esa labor superior a sus fuerzas!

Cuánto he luchado porque se conceda recreo a las escuelas de varones y a las de ambos sexos! Todo ha sido inútil; ese Horario que merecería ser quemado por la mano del Verdugo, porque es el suplicio de la niñez, esta clavado en las paredes de las Escuelas por la obcecación más lamentable que puede darse.

Acaso entra por mucho decir no hemos de ceder a lo que pide la Juana Manso.

Pobres ciegos: son las generaciones las que sacrificáis al capricho, al odio que inspira una mujer que sabe lo que dice a los corazones raquíticos, incapaces de valorarla.

Qué cuenta estrecha daréis al porvenir! Porque el día de la justicia llegará, y antes, Dios habrá fallado entre la que pugna y sufre por los intereses generales de la juventud, y los que sacrifican esa juventud sin dolor de las torturas que le imponen.

Es una asamblea de Doctores de la ciencia, la que viene a sancionar lo que yo estoy repitiendo hacen cinco años.

Dios santo! Cuando yo usaba en mi Escuela N. ° 1 esas interrupciones de canto y de marcha, decía la vulgaridad que los niños bailaban y gritaban todo el día! que intrepidez de alma he necesitado para despreciar todas las calumnias, y todas las injusticias de mis enemigos!

Cuanta paciencia, para que las perfidias de mis amigos, no me hayan traspasado el corazón mortalmente!

Y todo por qué? y Por un poco de bien intentado, y por saber un poco más que la generalidad de las mujeres en este país!

Oh! España, España! Somos tus dignos descendientes! Tu engrillabas a Colon en cambio de un mundo, y anulabas a Cortés por el Imperio que te conquistaba!

Estas máximas higiénicas de la Asamblea Médica de Maddlesex, se han impreso en hoja suelta y han sido distribuidas en toda la Unión, reproduciéndolas los principales periódicos de la Educacion.

Juana Manso ( Reflexiones sobre el artículo Las Escuelas Públicas consideradas por la Medicina según el informe de la Sociedad de Doctores de Middlesex. Anales de Educación Común. 1866)

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