Periodistas y viajeras en los años de la independencia argentina. Por Reina Roffé

 

Dos libros —La mujer y el espacio público1, compilación de Francine Masiello, y Mujeres en viaje2, selección de textos a cargo de Mónica Szurmuk— reúnen valiosos documentos que permiten seguir los distintos pronunciamientos de las voces femeninas durante la consolidación del estado argentino. Son escritos y testimonios de periodistas y viajeras, muchos de ellos recogidos en periódicos femeninos del siglo xix, que dan cuenta de la amplia participación de la mujer tanto en la vida cívica como cultural. Participación activa que dejó sus huellas en letras de molde y rompe con la creencia sobre el papel de la mujer como «madre republicana», dedicada a la casa y a la educación de los niños. Los escritos que recogen ambas antologías demuestran que hubo una cantidad considerable de mujeres volcadas a establecer sus puntos de miras acerca de la organización de una nación en ciernes, que estuvieron presentes en los debates sobre el estado y que, asimismo, ofrecieron una perspectiva de género en asuntos de relevante importancia para la patria y la modernización del país.

La Revolución de Mayo de 1810 en el Virreinato del Río de la Plata, que se produce principalmente para lograr que ese vasto territorio pudiera independizarse de España, fue la consecuencia de provechosas jornadas que tuvieron como centro neurálgico a Buenos Aires y en las que se establecieron cambios fundamentales relacionados con las creencias colectivas. El concepto de «bien común» fue sustituido, a partir de 1810, por el de «soberanía popular» que sostuvieron los teóricos de la Revolución, como Mariano Moreno y Juan José Castelli. Este concepto revolucionario tardó en arraigarse, pero estuvo ahí desde el principio indicando el espíritu que alentó la formación de una sociedad republicana y democrática. Otra noción que se implantó fue la de igualdad, tomando esta una proyección considerable que caló hondo y redundó en una serie de tomas de posiciones para la mujer, la gran sometida de la historia, otorgándole poco a poco voz y presencia. Otro aspecto revolucionario es la conformación de lo que se dio en llamar «opinión pública». Opiniones gestadas en pasillos y tertulias que, de pronto, fueron trasladadas a los periódicos a través de editoriales o artículos que ostentaban una valoración interpretativa de la realidad, donde se exponía el ideario revolucionario, abriendo, de este modo, un debate permanente sobre el devenir de un país en formación.

A lo largo del siglo xix la consolidación de la democracia incita a la reflexión constante en muy diversos temas. Una de esas reflexiones tiene como eje el acceso de la mujer a distintas áreas que antes le habían sido vedadas como el estudio y el ejercicio de disciplinas de carácter científico. Otro punto es la necesidad de ponerle límites a la represión instrumentada desde la Iglesia católica que recaía especialmente sobre la mujer. Otro, la libertad de expresión femenina como base indispensable para que el derecho de igualdad fuera realmente efectivo.

Las mujeres, puestas a criticar y a reivindicar sus derechos, lo hacen desde distintos frentes y sobre distintos asuntos. Se vuelven muy críticas con el discurso nacionalista y pujan por una alianza entre países latinoamericanos; no toleran la corrupción y la denuncian, hacen hincapié en la necesidad de una educación laica para todos poniendo el acento en lo que tenía de obtusa y represiva la educación religiosa de la época. Bregan para que los estudios sean de alto nivel y para que nadie tenga que irse a estudiar fuera. Piden libros de ediciones hechas en el país y de autores propios porque piensan que esto puede propiciar la creación de una literatura nacional innovadora.

Durante el rosismo3, muchas de nuestras periodistas y escritoras denuncian la inutilidad de las guerras internas y de la barbarie del gobierno federal, y se hacen eco de los avatares del exilio. Tanto Juana Manso, que pasa muchos años en Montevideo y luego en Brasil, como Juana Manuela Gorriti5, que se traslada a Bolivia y más tarde a Perú, tienen la oportunidad de ver, a la luz de otras realidades, la de su propio país y comparar la situación particular de la mujer en cada lugar, en cada sociedad.

Otro de los temas importantes del siglo xix fue el americanismo como posibilidad de unificación. De los debates y balances que se realizan sobre los distintos grados de progreso en cada nación surge la idea del panamericanismo. Temas que dieron origen a numerosos artículos de opinión por parte de las periodistas y escritoras de la época, muchas de las cuales, como las dos citadas anteriormente, preferían ser consideradas «maestras», dándole de esta manera gran relevancia a la pedagogía que debía ejercer la mujer instruida para preparar a los futuros ciudadanos. Estas «maestras» ensayan distintos registros para dialogar con la voz del estado y denunciar sus desajustes y abusos. Las mujeres tienen sus propios proyectos y sus preocupaciones que vuelcan sobre el papel y lo hacen desde dentro, en el propio país, pero también cuando viajan o se ven obligadas al exilio.

La selección de artículos que presenta Masiello procede de cinco publicaciones: La AljabaLa CameliaÁlbum de Señoritas, que dirigía Juana Manso, La Alborada del Plata, revista de Juana Manuela Gorriti, y su prolongación, La Alborada Literaria del Plata y el diario anarco-feminista La Voz de la Mujer. Artículos que, como señala la compiladora, reflejan muy bien las discusiones de una época convulsionada por los distintos procesos de la política nacional y dan muestra del ideario de cada momento.

Desde el lugar del margen, las periodistas que escriben en estas publicaciones tratan temas muy variados: se preocupan por encontrar las diferencias y los puntos concomitantes entre los sexos. Hablan de la instrucción, del destino e inserción de la población indígena y de la imperiosa necesidad de que la mujer logre su autonomía económica. También escriben de moda y de cocina, pero desde la perspectiva de una mujer moderna. Es decir, de una moda más sencilla y cómoda para ellas y de una comida más sana para todos. Se rebelan contra las restricciones impuestas a la mujer y denuncian las libertades, a veces sin límites, de las que disfrutan los hombres. Quieren definirse y tomar posición, pensar en su cuerpo, incluso en el propio goce, a contrapelo del discurso autoritario imperante.

La Aljaba fue una publicación de pocas páginas que se dio a conocer durante la primera época de Rosas, dirigida por la periodista uruguaya que vivía en Buenos Aires, Petrona Rosende6. Salía los martes y jueves de cada semana y su interés principal radicaba en educar a las mujeres oponiéndose a la muy extendida opinión de que la educación resulta peligrosa para el sexo femenino. En el número 2, del 19 de noviembre de 1830, la editora dice que las mujeres «son parte esencial del universo»7. Para demostrarlo, apela a la historia y dice que esta está llena de ejemplos «en los que se prueba hasta la evidencia la clase de influencia que pueden ejercer las virtudes de las mujeres, o sus vicios, en la suerte de los estados. Por las virtudes, penetración y agudeza de muchas, se han liberado naciones enteras de la tiranía de los déspotas que las oprimen». En el número 3, del 23 de noviembre de ese mismo año, leemos sobre la instrucción de las jóvenes:

Entre los infinitos daños graves que nos causaron nuestros tiranos opresores, debe contarse, sin duda alguna, como el mayor y de más trascendencia a toda la América, el gran sistema que habían adoptado sobre la educación de ambos sexos (…) decían con la elocuencia de sus más fuertes razones, que las mujeres que sabían leer y escribir, eran las que se perdían… ¿Puede un hombre manifestar de un mejor modo su estupidez?… ¡Casi parece imposible que un racional se exprese tan toscamente! Atribuir a los conocimientos la perdición de las jóvenes, es el delirio mayor de un cerebro descompuesto.

Este tema ocupa varias páginas de distintos números; en el 8, del 10 de diciembre, la articulista vuelve al ataque y recalca:

La educación de las mujeres es, por desgracia, en nuestro país mirada como lo menos necesario a su dicha: cuando es, por el contrario, la educación de ellas la base fundamental sobre la cual debe sostenerse el edificio social.

Tema que retoma La Camelia, publicación que comienza su periplo después de la batalla de Caseros8, con la derrota de Rosas. Se cree que fue dirigida por Rosa Guerra9. Revista que alcanzó solo 31 números, pero que defendió desde el primero hasta el último el derecho de la mujer a la educación laica, exigiendo, asimismo, igualdad para todos sin ningún tipo de discriminación. Ya, en el número 1, del 11 de abril de 1852, las redactoras claman:

Entramos en una era de Libertad y no hay derecho alguno que nos excluyan de ella. Libertad, no licencia es nuestro lema; pues bien, libertad para nuestro sexo, libertad únicamente limitada por la razón, por la equidad. Los hombres (…) quieren ser exclusivamente libres y empiezan por no saber ser justos; pues bien, sea, les arrojamos el guante, recójanlo si son osados que después de presenciar su derrota, les permitiremos asistir a nuestro triunfo, no como trofeos, somos sobrado generosas, sí como una segunda parte de nosotras mismas.

En el número 7, del 25 de abril de 1852, las redactoras hacen notar hasta qué punto las mujeres se involucraron en los asuntos del estado, y dicen:

Nosotras como los hombres, hemos participado de las persecuciones de la fe política, en esa época funesta de luto y de sangre: nosotras al lado de nuestros padres, de nuestros esposos, de nuestros hermanos, de nuestros hijos; hemos corrido a mendigar la hospitalidad del suelo extranjero: a nosotras también, la mano criminal del asesino, se ha dirigido muchas veces, acometiendo nuestras existencia, violando nuestro honor, y vejando nuestra delicadeza; nosotras en fin, hemos contribuido a la alta empresa de libertad, y de derrocar ese poder absoluto y bárbaro, que por veinte años, ha hecho gemir a los pueblos Argentinos.

En el número 8, del 27 de abril de 1852, vuelven sobre esa cuestión que les parece fundamental para las mujeres, la educación:

No sabemos por qué a nuestro sexo, siendo más perspicaz y persuasivo, así como más dispuesto a los grandes progresos que los hombres ambicionan, les esté prohibido los conocimientos de varias ciencias, y circunscrito a una enseñanza mezquina.

En el número 13, de mayo de 1852, hablan de la falsa teoría sobre la debilidad de la mujer. En otros, se refieren al progreso y relacionan la política con la moda. Con tono jocoso, en el n.º 6 del 22 de abril, se quejan de la imposición «perniciosa» y a la vez «ridícula», de tener que usar «multitud de enaguas con la ayuda de costa de un armador», que nada favorece a las jóvenes «pues las más presentan un desmentido, ya en la cara, ya en el escote, ya en la cintura; este singular modo de vestir, trae la incomodidad en nuestras veredas estrechas, de ir azotando los postes, y borrando los frisos de los edificios».

Álbum de Señoritas, periódico dirigido por Juana Manso cuando regresa a Buenos Aires después de un exilio de veinte años, es una publicación más ambiciosa que las reseñadas anteriormente, con un temario rico y diverso y la mirada centrada en la mujer, en su progreso personal y social, en las ciencias y las tecnologías, en la escritura femenina y donde se habla con especial énfasis del proyecto reformista que comienza en el país después de Rosas. En el número 1, del 1 de enero de 1854, su directora escribe sobre la emancipación de la mujer desde una perspectiva de género con un viso muy actual interpelando la injusta supremacía del hombre que condena la inteligencia de la mujer «a la noche densa y perpetua de la ignorancia». Y dice:

¿Por qué se ahoga en su corazón desde los mas tiernos años, la conciencia de su individualismo, de su dignidad como ser, que piensa, y siente? Repitiéndole: no te perteneces a ti misma, eres cosa y no mujer. ¿Por qué reducirla al estado de hembra cuya única misión es perpetuar la raza? ¿Por qué cerrarles, las veredas de la ciencia, de las artes, de la industria, y así hasta la del trabajo, no dejándole otro pan que el de la miseria, o el otro mil veces horrible de la infamia?

En sus páginas, también se aborda la cuestión de la educación, preocupación casi obsesiva de las escritoras durante todo el siglo xix. A ella se refiere la directora de Álbum de Señoritas en el número 2, del 8 de enero, a través de un artículo donde dice que después del caos de la guerra y la Anarquía, la República debe ser otra cosa y tener como objetivo principal instruir al pueblo. En el número 4, del 22 de enero, advierte:

Que se levante un pueblo a la mayor altura de civilización aparente, de lujo y comodidades, si su educación no es sólida, vendrá un Luis Napoleón y pondrá el pie en la garganta de ese pueblo; que derrocará las garantías del derecho, que encadenará la libertad de imprenta, que proscribirá la virtud y la inteligencia como crímenes de esa nación, y veréis en ese día el cáncer descubierto que velaba el oropel. Haya un presidente en la Unión Americana que diga: La ley soy yo. Elsoberano soy yo. ¡El pueblo lo despedazará!

La Alborada del Plata (1877) y su prolongación La Alborada Literaria del Plata(1880), dirigida por Juana Manuela Gorriti en algunos de sus primeros números y, luego, por Josefina Pelliza de Sagasta10, entra en el perfil de las publicaciones ligadas a las ideologías del progreso de la generación de 188011. Se abre a otras naciones en un diálogo nutrido especialmente con las bellas almas de la sociedad limeña, con periodistas españoles e intelectuales argentinos. Su intención, plasmada en el número 1, del 18 de noviembre de 1877, es que los primeros escritores de todos los Estados del continente colaboren en La Alborada del Plata, «que será el núcleo donde se concentre el pensamiento de esa gallarda falange de pensadores, honra y prez de las letras en el Nuevo Mundo». En el mismo texto, sientan las bases de lo que será la publicación: «verdadero repertorio de ciencia, literatura y poesía de América». También señalan que la novela, «género de literatura apenas ensayado en estas sociedades, donde, no obstante su poca difusión, cuenta con distinguidos autores, recibirá un decidido impulso».

Destacan que La Alborada «será un periódico internacional destinado a enlazar nuestra literatura a la de las otras repúblicas americanas, y a propagar sus rápidos progresos». En sus páginas, los lectores podrán encontrar distintas secciones: «una de poesía, otra de literatura en prosa; otra de biografías americanas; y además, de artes, teatros, modas, viajes, educación, historia, crítica literaria y una especial, consagrada al estudio de las modificaciones geográficas y los vínculos morales que ligan a las naciones del nuevo continente». En el número 1, de la segunda época de La Alborada, fechado el primero de enero de 1880, vuelven sobre un tema que las inquieta constantemente: la condición femenina. Y dicen:

De la felicidad de la mujer, depende la de todo el género humano, nosotros que conocemos la importancia del rol social que está llamada a desempeñar en las sociedades presentes y en las generaciones futuras, nos proponemos, a la vez que enlazar nuestra literatura nacional a la de otras repúblicas sud-americanas, trabajar por el enaltecimiento social de la mujer.

Otro asunto que ocupó la atención de La Alborada fue el americanismo en la cultura. En el número 6, del 23 de diciembre de 1877, doña Juana Manuela incita a los escritores y escritoras del Nuevo Mundo a escribir más sobre sus países:

Así conoceremos la América mejor, y por nosotros mismos. Los impostores, los charlatanes literarios del Viejo Mundo, cuando no se alimentan del botín suplantando títulos y nombres, describen nuestras costumbres y nuestro suelo con grave ofensa del sentido común.

Y añade:

Conozco al Perú, he recorrido la República Argentina; sé cómo se piensa en Chile, lo que desea Bolivia y cuáles son las aspiraciones de Colombia, y me congratulo de que tan simpático pensamiento será recogido y cimentado en provecho de todos si queremos, decididamente, conquistar en un día no lejano el equilibrio literario entre el Viejo y el Nuevo Mundo.

La más combativa de las publicaciones seleccionadas por Masiello, sobre todo por su ferocidad autoproclamada en lengua y pluma, es La Voz de la mujer, dirigida anónimamente, un periódico anarco-comunista bilingüe, escrito en español e italiano, que comienza su andadura en 1896 y es severamente crítico con los burgueses y el sometimiento que sufre la mujer obrera; rechazan los valores del matrimonio y, asimismo, a aquellos hombres, anarquistas incluidos, que no admiten la igualdad de sexos; cuestionan la idea del hogar porque emana de un estado que pretende seguir confinando a la mujer en el reducto doméstico para sojuzgarla. Así, en el número 2, del 31 de enero de 1896, se dirigen a los que llaman con bufa «escarabajos de la idea» y dicen:

Cuando nosotras (despreciables e ignorantes mujeres) tomamos la iniciativa de publicar La voz de la Mujer ya lo sospechábamos ¡oh modernos cangrejos! que vosotros recibirías con vuestra macanística y acostumbrada filosofía nuestra iniciativa porque habéis de saber que nosotras las torpes mujeres también tenemos iniciativa y esta es producto del pensamiento (…) Pero es preciso señores cangrejos, y no anarquistas, como mal os llamáis, pues de tales tenéis tanto como nosotras de frailes, es preciso que sepáis de una vez, que esta máquina de vuestros placeres, este lindo molde que vosotros corrompéis, ésta sufre dolores de humanidad, está ya hastiada de ser un cero a vuestro lado, es preciso (…) que comprendáis de una vez por todas que nuestra misión, no se reduce a criar vuestros hijos y lavaros la roña, que nosotras también tenemos derecho a emanciparnos y ser libres de toda clase de tutelaje ya sea social, económico o marital (…) Si vosotros queréis ser libres, con mucha más razón nosotras, doblemente esclavas de la sociedad y del hombre, ya se acabó aquello de: Anarquía y libertad y las mujeres a fregar. ¡Salud!

Otro de los temas que trata la publicación es el amor libre. En un artículo del número 2, del 31 de enero de 1896, se explica por qué prefieren este al matrimonio: el matrimonio, dicen, encadena especialmente a la mujer trabajadora, que debe soportar muchas cargas sin ayuda alguna, como la de los hijos y la de un marido que se considera dueño y señor, y las maltrata. En el número 3, del 20 de febrero, insisten:

¡Jóvenes, niñas, mujeres en general, de la presente sociedad! Si no queréis convertiros en prostitutas, en esclavas sin voluntad de pensar ni sentir, no os caséis.

En el número 5, del 15 de mayo, publican un artículo intitulado ¡Madres, educad bien a vuestros hijos!En él, hablan de enseñar en la igualdad de clases, del repudio que despierta en ellas la moral burguesa, falsa y corrompida; incitan a despreciar el dinero, la ambición y la codicia como males que afligen a la sociedad; del capital como esclavitud; de la religión como atrofia de las mentes e instan a rebelarse de manera enérgica contra aquellos que consideran a las mujeres débiles o incapaces, relegándolas a un segundo lugar.

La idea del matrimonio como amenaza y tiranía también la encontramos en las cartas que Mariquita Sánchez12(1786-1868) envió a su hija Florencia desde Montevideo. Algo que, por lo visto, desvelaba a las mujeres de todas las clases sociales, incluida la más adinerada, como la de Mariquita, quien, en una misiva de julio de 1847, escribe:

La sociedad es cruel en lo que exige de nosotras, amasadas con sensaciones y necesidades (…) ¿Que ese ser precioso a quien adorabas se convierta en tu verdugo implacable? ¿Te viene a sacar de tus tormentos la corona y el vulgo? No. Te deja con tu condena y tus dolores. ¿Puedes emanciparte de esta carga? No. Serías una bandolera. Aquí tienes la más horrenda tiranía, en virtud y contra la cual nadie pelea.

Por eso, fueron ellas quienes tomaron la palabra y lucharon contra viento y marea para despertar en otras mujeres una conciencia de género que permitió ir conquistando terrenos insospechados, como el que alcanzó, por ejemplo, Cecilia Grierson (1859-1934), la primera médica argentina, una extraordinaria representante feminista que buscó en todo momento la dignificación de la mujer y su capacitación para desempeñar labores que pudieran ser provechosas a toda la sociedad. De su largo viaje por distintas ciudades europeas, donde visitó establecimientos educativos y hospitalarios, volvió a Buenos Aires portando proyectos que fueron fundamentales para el bien común y, sobre todo, para el progreso de la población femenina. Su libro Educación técnica de la mujer es el resultado del informe que presentó al gobierno a su regreso en 1899.

Ella y muchas otras, como Ada María Elflein (1880-1919), periodista del diario La prensa, que fue, como señala Szurmuk, «la primera argentina que practicó el turismo de aventura» dejando constancia minuciosa de sus viajes por el extenso territorio argentino en cada una de sus crónicas, componen un mosaico curiosísimo de escritoras y viajeras que nos revelan las iniciativas emprendidas en procura de conquistar sus derechos esgrimiendo como arma el conocimiento. Fomentaron la unión de las mujeres a través de organismos y publicaciones que crearon con el fin de mejorar su situación y de exigir reivindicaciones tales como el sufragio universal, la igualdad de los sexos, el derecho al divorcio, la igualdad legal de los niños legítimos e ilegítimos. La trascendencia que alcanzaron las colocó en la vanguardia del feminismo latinoamericano.

Ambas antologías, aquí descriptas, nos permiten reconstruir una genealogía de omisión al tiempo que las voces convocadas de las periodistas y viajeras del siglo nos indican la decidida coparticipación de la mujer en la fundación de la patria. Los procesos de independencia de los estados americanos generaron un caldo de cultivo en el que rebeldía y libertad se impusieron sobre valores como tradición y continuismo. En este contexto en el que los marginados de la historia centralista se hacen oír, las mujeres llevan a cabo su propio proceso de emancipación. Ganan el espacio de lo público con sus revistas y ediciones animando a otras mujeres a seguirlas. De este modo, el ámbito de lo privado se va abriendo hacia la calle. Son las portavoces de la lucha contra el colonialismo y las dependencias pero, especialmente, las protagonistas de una batalla, todavía inconclusa, contra la herencia patriarcal.

  • (1)Masiello, Francine (compiladora). La mujer y el espacio público. El periodismo femenino en la Argentina del siglo xix. Buenos Aires: Feminaria Editora, 1994. 
  • (2) Mujeres en viaje. Selección y prólogo de Mónica Szurmuk. Buenos Aires: Alfaguara, 2000.
  • (3) Período gobernado por Juan Manuel de Rosas. Durante más de dos décadas lideró, desde dentro y desde fuera del gobierno, la provincia de Buenos Aires. Fue gobernador durante dos períodos, 1829-1832 y 1835-1852. Aliado a la corriente federalista, adversa a las iniciativas de corte liberal preconizadas por la tendencia unitaria, es uno de los personajes más controvertido de la historia argentina. Querido por unos y odiado por otros, se dedicó a perseguir y hostigar a sus opositores hasta expulsarlos del país. Sus adversarios lo consideraron un tirano que se presentó como el restaurador de la patria e impuso la «divisa punzó» para distinguir a sus seguidores de sus contrarios. 
  • (4) Vivió entre 1819 y 1875. Escritora prolífica considerada una de las primeras feministas argentinas. Fue autora de novelas, poesías, obras teatrales, artículos y del primer manual de Historia que tuvo el país. En 1939, ella y su familia marcharon al exilio por las persecuciones de Rosas. Primero permanecieron en Montevideo y luego huyeron a Brasil. Después de la caída del caudillo, Juana Manso regresó a Buenos Aires y desarrolló una intensa actividad. Durante el gobierno de Domingo Faustino Sarmiento fundó 34 escuelas. volver
  • (5) Vivió entre 1818 y 1896. Maestra, escritora y feminista, tuvo una vida llena de vicisitudes. Ella y su familia se vieron obligados a emigrar durante el gobierno de Rosas, exiliándose en Bolivia. Luego, Juana Manuela vivió en Perú varios años, donde su marido fue expatriado. En 1874 se estableció en Buenos Aires, donde ejerció el periodismo y escribió varias obras. Entre ellas, un libro de cocina que es una referencia obligada de la gastronomía latinoamericana: Cocina ecléctica. 
  • (6) Maestra y poeta, fue considerada la primera periodista argentina, aunque nació en Montevideo en 1787. 
  • (7) Para una lectura más eficaz, he actualizado la ortografía de la época de los artículos citados en esta ponencia, pero sin alterar su contenido y las modalidades expresivas. 
  • (8) Batalla que libró Justo José de Urquiza en 1852 para derrocar a Juan Manuel de Rosas. 
  • (9) Maestra y periodista, fue la primera autora teatral argentina. Entre otros libros, escribió Desahogos del corazón (1864).
  • (10) Maestra, poeta y periodista argentina. Entre otras obras, escribió Lirios silvestres (1877) y los cuentos y poesías de Pasionarias (1887).
  • (11) «Se conoce con este nombre a la generación literaria a la que pertenecieron, entre otros, Lucio V. Mansilla, Miguel Cané (h), Eduardo Wilde, Lucio V. López. Esta generación se caracterizó por compartir un momento muy singular de la historia de la Argentina (…) encuadra en la Argentina en un momento de estabilidad política, lograda después de las luchas civiles y la Conquista del Desierto, y que tiene al presidente Julio A. Roca como indiscutible conductor. Otro síntoma de cambio lo da la llegada de los inmigrantes, su incorporación a la vida económica que, por aquel entonces, se muestra con perspectivas favorables para el agro, el comercio y la naciente industria. La colonización, los ferrocarriles, las buenas cosechas, son las metáforas optimistas de aquel tiempo en el que actúan los hombres del 80». Enciclopedia de la literatura argentina dirigida por Pedro Orgambide y Roberto Yahni, editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1970.
  • (12) Como señala Mónica Szurmuk en su libro Mujeres en Viaje, Mariquita Sánchez pasó «a la historia oficial argentina como un icono de la nacionalidad, una figura emblemática (…) la mujer que mayor trascendencia tuvo en la vida política y cultural de la joven nación (…) A modo de una madame de Stäel criolla, abrió su casa a los intelectuales de la época y mantuvo fluida correspondencia con las figuras públicas más importantes de ese tiempo, como Juan Bautista Alberdi, Esteban Echeverría y Domingo F. Sarmiento»          (Tomado  del Centro Virtual Cervantes)

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