Otras que tampoco llegaron a destino. Por Alice Houston Luiggi, de su libro «Sesenta y cinco valientes».

SERENA FRANCES WOOD, nació en Middleboro, Massachusetts, en 1835, murió en Buenos Aires, en 1871.

ISABEL DUDLEY, nació en Cambridge, Massachusetts, en 1844, murió en Cambridge, Massachusetts, en 1929.

ANNA DUDLEY, SRA. DE COOLIDGE ROBERT, nació en Cambridge, Massachusetts, en 1847, murió en Cambridge, Massachusetts, en 1938.

Cinco meses después de su contrariedad por la negativa de Mary Gorman a ir a San Juan, ya estaba el Presidente Sarmiento haciendo planes para la llegada de otras tres maestras que la Sra. de Mann había seleccionado. Fue a esperarlas al muelle cuando desembarcaron el martes de Semana Santa, en abril de 1870, y les explicó que después que descansaran unos días de su viaje de más de dos meses desde Boston, su sobrina las acompañaría a San Juan.

Sarmiento había respondido recientemente con mucha animación, a las preguntas que le formulara el Ministro de Relaciones Exteriores de Venezuela sobre el sistema de educación que había proyectado. “Conocí a la Srta. Gorman en la escuela primaria de Madison, Wisconsin. Habla español, es competente en todas las ramas de la enseñanza y para dirigir una escuela”. Después de lo que consideraba su “deserción”, no se ocupó más de ella, aunque escribió a la Sra. de Mann: “La conducta de la Srta. Gorman, por otra parte, ha sido intachable por su corrección y honorabilidad.”

“La Srta. Wood dirigirá la escuela secundaria para mujeres en San Juan. Para juzgar sus méritos, es suficiente saber que la Comisión de Educación de Boston hizo los mayores esfuerzos para disuadirla de emprender el viaje a Sudamérica, haciendo acudir lágrimas a sus ojos,—decía ella—, pero estaba firmemente resuelta a proseguir su apostolado. . . La Comisión le obsequió una colección de libros profesionales, y la escuela donde enseñaba, un anillo de oro como recuerdo.

“Cuando la Sra. de Mann fue a hablar con las Srtas. Anna e Isabel Dudley a su casa, en Cambridge y vió el lujo y la comodidad con que vivían, se asombró de que estuvieran dispuestas a partir, ellas le explicaron que lo hacían por su madre, para ganar más y levantar la hipoteca de su casa. La Srta. Isabel Dudley es una maestra experta en Jardines de Infantes. Enseña a hablar, a pensar, a leer, a escribir, a dibujar y a cantar a niños de tres a siete años, por el sistema de aprender jugando”  1.

Vivir en hotel no era propio de jóvenes solteras, aunque fueran norteamericanas*, Isabel y Anna Dudley fueron a vivir con el Reverendo Jackson, pastor de la Iglesia Metodista, y su familia; Fanny Wood con los Dexter Clapps, del Consulado 2.

Las tres atrayentes jóvenes aparecieron en la Iglesia Metodista el Domingo de Pascua por la mañana, luciendo sus lindos sombreritos nuevos; después de los servicios las presentaron, explicando que eran las maestras destinadas a San Juan. Nuevamente los caballeros de la colonia norteamericana protestaron enérgicamente, aconsejándoles abandonar esa idea. Cuando las tres perplejas muchachas se presentaron a la Casa Rosada para explicar al estupefacto Sr. Sarmiento que también a ellas Ies habían aconsejado desistir de la ida a San Juan, éste inmediatamente atribuyó la responsabilidad de lo ocurrido a Mary Gorman, y así se lo escribió a la Sra. de Mann.

Confundida por los informes contradictorios de las cartas de Sarmiento y de sus protegidas, la Sra. de Mann pidió a la Sra. Manso le explicara exactamente lo que había ocurrido, y ella lo expresó claramente 3 :

«Me dice Ud. que estaban comprometidas a ir a San Juan; ellas han dicho siempre que su contrato decía ‘República Argentina’ sin designar punto fijo.

«La Srta. Gorman llegó a Buenos Aires, pero yo no la visité y vine a conocerla cuando ella se presentó en mi casa ya decidida a no ir a San Juan y libre de su compromiso, si lo tuvo. Ella vino a solicitar una escuela pública y hacer que se le crease una especial para ella, con mi cariño por su noble carácter ha sido mi sola intervención.

“Vamos ahora a las otras señoritas. Yo fui a visitarlas con Miss Gorman, completadas para no abrir la boca respecto a San Juan. Ellas me preguntaron qué tal era San Juan. No sé, les contesté, porque no he tenido oportunidad de visitarlo. Pero, en los días de la llegada de estas niñas, fue bárbaramente asesinado el General Urquiza, Gobernador de la Provincia de Entre Ríos, en su estancia, entre los brazos de sus hijas! Se suponía alguna otra montonera en el interior y el mismo Presidente suspendió mandarlas. Como las niñas no hablaban castellano me ofrecí a enseñarlas y venían a darme lección todos los días.

“Un día llegaron afligidas, ya estaban en contacto con los Americanos y de todos lados clasificaban de locura su viaje a San Juan. Me dijo Miss Wood —‘amigos habían puesto las manos en sus bolsillos y ofrecídoles dinero para volverse a los Estados’. Yo escuchaba respondiendo sólo que con peligro, el Presidente no las mandaría; que había estado tentado por mandar maestras a San Juan pero qué hubiera sucedido si estando ellas allí hubiese entrado una montonera; que al ver robar y degollar esas maestras se habrían vuelto a los Estados Unidos y escrito tal vez un libro cuyo título podría ser ‘La América del Sud vista por dentro’!

“El Presidente me mandó llamar para interceder con estas niñas. Yo cumplí en dar el recado y creo que a pesar de sus terrores ellas se disponían a ir.  Un día recibieron un aviso para prepararse a partir y habían contestado que estarían prontas dentro de una semana por no haber concluido su ropa de viaje a lo que se Ies contestó con una orden del Presidente para partir al día siguiente.

“Miss Wood me dijo que no iba así, con ese despotismo y le escribió al Presidente, El Sr. Presidente, conforme recibió la carta de Miss Wood diciéndole que no iban a San Juan, las mandó llamar y les dijo lo que un caballero no debe decirle jamás a una señora. Despropósitos, ciego de cólera, mitad en inglés y mitad en castellano.

“Unos días después vinieron a despedirse de mí. Los Americanos habían hecho una subscripción para que pagasen el hotel y se costeasen la vuelta a Boston por el mismo buque que las trajo. ¿Qué debía yo hacer en este caso? Tratar de que no se volviesen, siquiera por honor al país. Me oyó el Gobierno de esta provincia y fueron contratadas por los mismos sueldos que llevaban a San Juan.

“Creo que el Presidente tendrá mejor éxito haciendo venir matrimonios antes que niñas solteras porque nuestro país no está, mi querida señora, en las condiciones del suyo. Nuestras provincias del interior se parecen un poco a las aldeas del Cairo; es el desierto, la barbarie. Cada capital es una pequeña aldea perdida en un desierto. Tienen calles sin nombre y las casas sin números. Otras no tienen ni calles. Yo ni iría ni mandaría a mis hijas.

“¿Y  por qué no se mueve el Sr. Sarmiento después de haber sido el mayor atleta de la cuestión, la Capital en el interior? ¿Por qué ha dicho delante de mí que sólo irá con una guardia pretoriana de seis mil soldados de línea?

“Consolídese primero la paz. Si se consigue en dos años cambiar el curso de las aspiraciones tornándolas agrícolas y mercantiles en lugar de guerreras y políticas, que venga entonces un ejército de niñas como las Dudley sin peligro.”

En consecuencia, Fanny Wood fundó la primera escuela, que existe aún en Buenos Aires, la Escuela Primaria N» 1, que ahora se llama Escuela French y Berutti  4.

Era ella, precisamente, el tipo de maestra que la Argentina necesitaba. De cepa puritana —biznieta del Dr. Francois Le Barón, el misterioso “noble innominado” de Plymouth— había dejado su agradable escuela cercana a Fall River, Massachusetts, en 1866, para abrir una escuela para esclavos libertos en Warrenton, Virginia  5.  El primer maestro que tuvo la escuela, había sido arrojado de la ciudad, pero Fanny no se intimidó. En dos años levantó la escuela, que de un puñado de “sonrientes caras de ébano… sin más ideas ni modales que monos… en los altos de una cabaña” —llegó a poseer un edificio y un terreno, con 238 alumnos, divididos en tres secciones, funcionando desde las nueve de la mañana hasta las nueve de la noche. En sus ratos libres daba lecciones de costura a las libertas. Sin acobardarse, había desafiado amenazas y verdaderos asaltos de miserables blancos timoratos y celosos y tenía en la sien una larga cicatriz, de una pedrada que le arrojaron.

La Sra. Manso continuó informando entusiastamente en Los Anales6 sobre el progreso de las escuelas con docentes norteamericanos: “La Escuela Nº 2 bajo la dirección de las señoritas Gorman y Dudley ha sido la que dió exhibición a pesar de estar funcionando hacen sólo seis semanas.

“Comenzamos por la escuela Jardín. En esta escuela oímos cantar en inglés haciendo lo que dicen los versos a chiquillos desde 4 a 7 años… Conocen a primera vista los objetos que les muestran diciendo sus nombres en ingles y castellano; y todo cuanto se les enseña es en ambos idiomas.

“…Aquí la maestra somete primero la materia, el cuerpo; después, no diré que somete el espíritu, pero le imprime el hábito de obediencia: la ley de la escuela.

“Esa conquista se efectúa por los Calisténicos, acompañados de la música que plega sin violencia; por medio de las marchas y de las evoluciones, en que se ejecutan porción de figuras geométricas.

 “Parecíame un sueño que aquellos niños que yo había visto ingresar a la escuela como pedazos de madera, hoy se; moviesen a compás, cantasen en inglés, entendiesen lo que se les decía en ese idioma como en el suyo propio…

“Vino enseguida la clase de la Srta. Gorman y allí se repitieron los mismos prodigios: niños que han entrado sin nociones de muchas cosas importantes, han respondido con claridad y precisión, con sólo seis semanas de clase !”

“La novedad de los aparatos de estas escuelas es la más propia para despertar en el niño el amor por el estudio; para sus ojos deleitados es un paraíso, un Edén encantado que de novedad en novedad debe conducirlo por una senda de flores a un mundo desconocido pero lleno de promesas seductoras.

“Y si en medio de ese Jardín del espíritu, o en las puertas di ese edén, se pone una niña amable, separada de los alumnos por pocos años como la hermana mayor de la joven familia, no cabe dluda que las jóvenes abejas acudirán al colmenar.

“¡Qué notable diferencia, Dios Santo, entre estas escuelas y esas penitenciarias repulsivas que se han considerado hasta hoy tomo escuelas!”

Las cuatro norteamericanas estaban preparadas para reabrir sus escuelas después de las vacaciones, en febrero de 1871, cuando la fiebre amarilla se abatió sobre Buenos Aires y las obligó a huir hacia la seguridad del clima seco de las pampas. De  enero a mayo la peste hizo estragos. Cerraron los bancos, los tribunales y las aduanas. Las casas de comercio abrían sólo unas pocas y la población sufría hambre, porque los granjeros se negaban a llevar sus productos a la ciudad. Durante una semana continuas  lluvias azotaron las calles, casi al mismo nivel del río, inundaron la ciudad y  aumentaron el horror. Los muertos eran transportados en carros, sin la asistencia de sacerdotes ni plegarias. En las iglesias no se realizaban funerales ni servicios religiosos. Los cadáveres se arrojaban a  las zanjas, en la desesperación por mantener las cisternas incontaminadas.

Hasta el agradable refugio campestre de Fanny, llegó la noticia de que todos los miembros de la familia de Dennis Clapp, con quienes había vivido, yacían enfermos, sin nadie que cuidara de ellos.

 Dejemos a Los Anales contar su historia:

«Entre las víctimas de la epidemia tenemos que lamentar la de la señorita Fanny  Wood, preceptora de la Escuela Graduada número 1.

“Era precisamente este año que ella contaba poner en práctica un curso regular graduado con los medios puestos a su alcance que no eran sin duda los más a propósito. Pero otro debía ser su fin en estas regiones, y joven y llena de vida, ha desaparecido de entre nosotros, falleciendo lejos de su país y de sus  amigos en esta misma tierra, a cuyo progreso ella quería contribuir siguiendo con el contingente de sus servicios harto necesarios en la causa de la educación.

“Al año justo de su arribo al Río de la Plata ha  caído víctima de la fiebre y de su buen corazón, porque ella pudo ponerse en salvo, huyendo a la campaña para donde tenía excelentes proporciones; pero las personas con las cuales residía se enfermaron de la epidemia y ella vino a asistirlas, encontrando la muerte en el cumplimiento de su deber de cristiana. Ella espiró en Ios  brazos de su compañera la Srta. Gorman, salvada del flagelo, y no sin haber tenido el consuelo de verse atendida por sus amigos y coterráneos.

¡Pobre Miss Wood! ¡Paz en tu tumba! ¡Que la tierra te sea leve!”

Sarmiento escribió a la Sra. de Mana7: “La Srta. Wood más tarde me escribió solicitando saber cómo podría devolver el dinero que el Gobierno Nacional le había dado, a lo que contesté dándole seguridades de no ser molestada; ¡más tarde supe que había muerto!” Murió después de sólo cuatro días de enfermedad —informó a Washington el Cónsul americano.

¿Por qué una persona tan atractiva y llena de vida como Fanny Wood —según la muestra su retrato— llegó a los treinta y seis años sin haberse casado? Tal vez pueda explicarlo una carta escrita diecisiete años antes. Viajó con ella a Sudamérica, y volvió a su familia junto con el anillo de oro, obsequio de la Rice School, y con sus otros pequeños tesoros. A través de altisonantes frases victorianas, se siente en ella latir el corazón de un Syl vanus Barrows, también natural de Middleboro, Massachusetts, a quien según parece, ella había rechazado después de un noviazgo de dos años. En los archivos de Middleboro figura un Capitán Sylvanus Barrows, del Regimiento de Infantería Ligera de Middleboro, muerto en acción de guerra en 1863.

Después que Anna Dudley se recobró de un leve ataque de fiebre amarilla, las dos jóvenes hermanas sacaron pasaje para Boston en el buque Sarmiento, en el que hicieron una borrascosa travesía. Cayó un mástil, y abrió una larga herida en la cabeza, bajo los rubios cabellos de Anna. Poco tiempo después el dinámico Coolidge Roberts, un joven emprendedor que residía en Buenos Aires, negociante en cueros y en madera, la siguió y se casaron en la Iglesia de Oíd Trinity en Boston, en 1874. Durante los cinco meses que duró la epidemia, el joven había contribuido a sanear la castigada ciudad, cavando fosas y sepultando a amigos y extraños. Su vida de matrimonio fue muy feliz: realizaron continuos viajes entre sus residencias de Brattle Street, en Cambridge, y Buenos Aires.

Isabel, perteneciente a la generación de las que quedaron solteras a causa de la guerra de Secesión, llevó la característica vi da de una solterona de Boston; fechas  de conciertos sinfónicos y de conferencias, señalan los principales acontecimientos de su camino, que se extendió hasta los cincuenta años.

* * *

Ya había dejado de ser Presidente, cuando Sarmiento escribió  a su sobrina, la Sra. Victorina Lenoir  de Navarro: “Nunca me perdonaré el que las americanas no fuesen a San Juan. Era mi objeto hacer allí una pepinera de maestras para toda la República. 8.

Hasta la llegada de Mary Obstine Graham, de St. Louis, en 1877, no se hizo realidad la visión de Sarmiento; pero —dijo éste , valía la pena esperar por ella.

1. Standard de Buenos Aires, 20 de abril de 1870, 22 de junio de 1870; 10 de agosto de 1870.

* En español en el original

2. The Hispanic American Histórical Review, agosto de 1952, pág. 363, carta de Sarmiento a la señora de Mann, 12 de julio de 1871.

La señora de Mann, un poco ingenua, hizo una desgraciada elección; Reina de Zaba, educada en Londres, y contratada para enseñar pintura y música en San Juan. Su supuesto padre, el conde Zaba, un exilado polaco de sesenta y cinco años, iba también, con el propósito de introducir mapas para la enseñanza de la historia, ideados por otro exilado polaco, el general Bem. Al conde y a su “hija” de quien sus compañeros de travesía estaban seguros mantenía otra clase de relaciones con él, Sarmiento los hizo embarcar de regreso de inmediato en un balín que Iba al Brasil, dándoles una indemnización de 1.000 pesos fuertes.

3.  Cartas de Juana Manso a la señora de.Mann, 8 de agosto de 1870, 5 de noviembre de 1870.

4. Manuscrito inédito de la Biblioteca del Consejo Nacional de Educación, Buenos Aires, sobre la historia de la Escuela French y Berutti.

5. Archivos Nacionales de Washington. D. C. Documentos del Departamento de Guerra, Asesoría Freedman, Warrenton. Virginia.

6. Los Anales, 29 de enero de 1870, 5 y 12 de febrero, septiembre de 1870, enero de 1871.

7.  Biblioteca del Congreso. Documentos de Mary Mann, Sarmiento a la señora de Mann, 12 de julio de 1870.

8. Sarmiento a través de un Epistolario, Julia Ottolenghi, pág. 116.

Capítulo del libro Sesenta y cinco valientes. Sarmiento y las maestras norteamericanas de Alice Houston Luiggi, Ed. Ágora, Bs.As., 1959.

There are no comments

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Start typing and press Enter to search

Shopping Cart