No tenemos donde caernos muertos. El Mosquito. 1875.

Este artículo del periódico dominical El Mosquito, alude satíricamente sin nombrar, las circunstancias amargas que rondaron el entierro de los restos de Juana Manso. Se le había sugerido retractarse de su fe protestante para ser enterrada en cementerio local, por supuesto no aceptó. Luego de dos días fue enterrada en el cementerio inglés de disidentes.

En su entierro el pastor W. D. Junor cita una de sus últimas palabras:

«Viendo los progresos que hace el jesuitismo en mi patria, no puedo menos que temer, que tendré antes de mucho, que buscar lugar en otra tierra donde dar descanso a mis huesos. Si hasta ahora tantas persecuciones y aflicciones he experimentado, ¿qué suerte será la que me reserva el porvenir? Los hombres son indiferentes y las señoras fanatizadas y regimentadas por los jesuitas» . Juana Manso

NO TENEMOS DONDE CAERNOS MUERTOS

Una reciente defuncion nos ha probado que si bien podemos morir sin autorizacion del arzobispo no tenemos derechos de ser enterrados sin permiso de algun miembro del gremio gangomonigotal.

Seria bueno que la Municipalidad comprara un campo cualquiera y lo destinara á cubrir los huesos de los que marchan al otro mundo sin que algun hombre negro les haya firmado el pasaporte.

El Nacional pide la unidad del impuesto, pero es indispensable sin embargo fundar otra contribucion para la fundacion y conservacion de un cementerio.

Los católicos tienen el suyo; digo, los católicos que practican; que rezan, en latín, segun la ordenanza y hablando con las narices, modo desde mucho tiempo adoptado por los que quieren agradar á Dios, lo que prueba que Dios como ciertos hombres tiene gustos muy raros, los católicos que se confiesan y que comulgan.

Los protestantes también tienen el suyo, que les pertenece en propio y en el cual, hagámosle esa justicia, ejercen una gran hospitalidad, recibiendo á los que los católicos menos tolerantes no han querido admitir en el suyo.

Los Indios deben también tener uno, en algun rincon, por ahí.

Solo el pueblo, es que no tiene.

El pueblo que no está obligado por ninguna ley á ser judío, ni católico, ni mahometano, ni protestante.

Pagaremos lo necesario, pero tengamos un cementerio nuestro.

Si el nombre del impuesto de la muerte parece impropio, puede disfrazarse bajo otro título el pensamiento amargo que encierra, podria por ejemplo llamarse impuesto del espichage ó contribucion del gran viage, pero lo útil es que no haya que arrojar un cadáver al agua ó á la calle cuando un cura haya decidido que no puede entrar en el cementerio que por lo visto pertenece al clero.

Si no funda un cementerio del pueblo muchos nos veremos obligados, para no dañar despues de muertos á la salud de nuestros conciudadanos, el ir á morirnos á otra parte, como hacen los inmigrantes, que en otros tiempos venian en gran número y que hoy se van, –los ingratos–, so pretexto que no se puede ya vivir aqui en donde ha llegado el reino del Hisopo y del Semidei.

(El Mosquito10, Año XII, nº 643, 2 de mayo de 1875 -). VER

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