Melancolía- Juana Manso-Alejandro Magariños y Cervantes

Alejandro Magariños y Cervantes, vino un día a visitarme a San Domingos, parte de la población de Playa Grande, ambos estábamos expatriados. Él seguía para España; yo debía casarme en esos días.

Quién puede descifrar el corazón?… En uno de esos días inexplicables, en que no se sabe ni siquiera explicar lo que sentimos, me había sentado yo al pie de una mesa. Desde la ventana entre abierta veía a lo lejos la costa de Santa Cruz, la cordillera de los Órganos, el mar  azulado, por donde de hora en hora cruzaba el vapor de la carrera de Nietheroi, con su monótono ruido, veía bogar las descuidadas canoas, y las velas de las falúas…

La atmósfera era pura, el aire fresco y embalsamado con el aroma de las flores de la Manguera (árbol copudo que da la fruta llamada en la otra América, palta) el murmullo de las olas que jugueteaban en la playa, ese ruido de que yo gusto tanto, llegaba a veces con los cantos de los pajaritos que tenían sus nidos en los árboles que daban sombra a las ventanas de mi casa. Era uno de esos días que yo gusto ser callada, oyendo no sé el qué, y mirando los dombos del cielo…ocupación poco industrial si se quiere, pero cada cual es como es y no como debería ser.

Ese día yo trazaba, así sin querer, algunas líneas, estaba triste, he ahí lo que yo escribía (en ese tiempo aun tenía la pretensión de hacer versos)

MELANCOLÍA

El aire es puro y transparente el cielo,

Mas cae ante mis ojos negro velo,

Que nubla la hermosura de este día,

Y el aire empaña, con su niebla fría!

Semejante a la lámpara que oscila,

Al viento que la agita, y ya vacila,

O arde con más vigor y más brillante

Así relucía el corazón amante,

Entre la negra duda y la esperanza…

 

Magariños había entrado de puntillas, estaba detrás de mí, había

seguido los trozos distraídos de mi pluma, y al llegar a la esperanza…

me sacó la pluma de la mano y sentándose al otro extremo de la mesa,

escribió rápidamente lo que sigue:

 

El corazón amante busca en vano

Un término a su fúlgida esperanza,

Siempre insaciable, indómito se lanza

En pos de una mentida realidad.

La dicha que soñó, grande y eterna

Le parece fugaz y transitoria

Y en el bien poseído, solo escoria

Encuentra su orgullosa vanidad.

MAGARIÑOS

 

Cuando concluyó, me alargó en silencio, yo lo leí y contesté:

Momentos hay de duda y de dolor,

En que sin una causa se suspira,

Y más allá del mundo del amor,

Un algo divinal, tal vez se aspira.

Pero esa llama que osciló un instante,

Revive más ardiente y más intensa,

E inflama el corazón puro y amante

Escaso a contener su dicha inmensa.

JUANA

 

Leyó mi respuesta y volvió a escribir:

Pero todo se acaba! Todo pasa!

El tiempo en su carrera majestuosa,

Donde estampa su pie, abre una fosa,

Que traga cuanto existe en derredor.

Ilusiones queridas, blandos sueños,

Que acaricia la mente delirante

Se desvanece cual de luz errante

El monótono pálido fulgor!…

Sin embargo hay mujeres que son ángeles,

Hay mujeres celestes en el suelo,

Que encierran en su pecho, bello un cielo

De esperanzas, delirios y pasión.

Y si tú eres Paulina de esos seres,

Que el Señor para el bien ha destinado,

Dichoso será el hombre que ha jurado

Eterno consagrarte un noble amor!

MAGARIÑOS

 

Yo escribí aún:

Yo sé que todo acaba y todo pasa!

Y sé que la estación de los amores,

Es más fugaz que esas pintadas flores

Que deshojan los vientos sin piedad.

Si ese duro decreto de la suerte

Algún día disipa este delirio,

Yo prometo sufrir de mi martirio

En silencio la acerba intensidad!

JUANA

Después de estos versos, dejé correr mis lágrimas en libertad…Todavía  no nos habíamos hablado una palabra. Conversamos entonces largamente. Como hacen ya 9 años de esta escena tragi-cómica filósofa- poética, mis lectoras no llevarán a mal que pase en silencio el diálogo en prosa y finalice aquí. Los impresores me mandaron decir hoy viernes a la noche se necesitan originales. Si fuesen en carne y hueso iría yo aunque no podría conmigo ni el mismo Times, pero eran de papel y garabatos los originales que pedían, me acordé de Magariños, y dije: a ello, no somos Benjamín Constant y Mme. Staël, pero él es Magariños y yo… soy la humilde redactora del Álbum de Señoritas.

Álbum de Señoritas-Nº3- 1854

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