Libertad de conciencia por Juana Manso

Hace días que una polémica religiosa entre católicos que gimen y protestantes que dogmatizan (según dicen), ha aparecido en los periódicos de Buenos Aires, haciendo sobre los espíritus ilustrados en la materia, el mismo efecto que haría un muerto que saliese de su  sepultura y pasease su desnudo esqueleto por entre los vivos.

Qué! después de veinte años de una dictadura de hierro; después de veinte años de una inquisición política, estaríamos condenados a ver la Iglesia Católica desarrollar su estandarte negro sembrado de huesos y de cráneos?

Qué es esto, marchamos de frente a los autos de fe y las torturas de la Inquisición, o estamos en un país libre donde la libertad de conciencia no es una palabra vana y sin sentido filosófico?

Cómo! señores católicos, pretendéis resucitar el fantasma pavoroso de la herejía! Creéis que todos los tiempos son unos?…

Ignoráis que hay en Buenos Aires plumas bastante valerosas y almas asaz firmes, que están prontas a pulverizar vuestros sofismas? Sabéis que una verdad latente y nunca dicha se estampará por la primera vez en esta desgraciada tierra que un destino fatal ha apartado hasta hoy de la senda del bien y de la verdadera luz de la moral y de la religión?….

Y sabéis cuál sea esa verdad, que ya no es un misterio en el mundo intelectual?

Que entre el catolicismo y el cristianismo hay un abismo!!!

No provoquéis la lucha, porque seréis vencidos! Sí, respetad la libertad de conciencia, dejad la herejía en la tumba de donde no hay poder humano que la saque para hacerla revivir; porque ya no hay más Santa Alianza de papas, cardenales y reyes, delincuentes todos! ya no hay Cruzada Albigense posible en este siglo. Hay santa alianza de los pueblos contra los tiranos vestidos de púrpura o de negro, de corona o de tiara; hay cruzadas de libertad o cruzadas de especuladores, que en vez de ir a derramar sangre inocente, van a explotar regiones auriferas y tierras desconocidas.

Para cerrar las hondas heridas de nuestras guerras fratricidas, predicad antes la caridad, fuente fecunda de toda virtud, cimiento eterno de toda moral, y religión verdadera de Cristo Los protestantes dogmatizan. Y qué mal hay en eso?

No es la palabra de Cristo la que predican? Entonces por qué los llamáis de herejes?……

Cuando este desgraciado país tiene tanta necesidad de la palabra de paz, venís vosotros a lanzar el grito de guerra y el anatema! Venís gritando quién vive, dando alarma al Gobierno, a la autoridad eclesiástica y a las familias! …

Es nuestra convicción íntima, que todo aquel que no sea consecuente con sus principios, hará siempre las cosas a medias.

La libertad una vez proclamada, no tiene otros límites que los mismos

que tan sabiamente le ha opuesto la propia naturaleza de las cosas!

Nunca ha sido el exceso de la libertad el que ha causado los males de los pueblos, por eso, un Gobierno que proclame entre otras libertades la libertad de conciencia, nunca debe declamar una religión del Estado para no cometer absurdo y no estar en contradicción consigo mismo!

Aquí no hay término medio. Es necesario optar entre una cosa o la otra! Creemos pues, que el Gobierno dejará los protestantes en paz, que la autoridad eclesiástica se contentará con llenar una misión de paz y de caridad, tan necesaria en el estado actual, y en una sociedad gangrenada, descreída como la nuestra, a la que tantos años de guerra y horrores, han disecado el corazón; que ya no sabe lo que es la caridad, porque hacia veinte años que oía gritar de día y de noche: «Mueran los Salvajes Unitarios.»

Y no hay caridad posible con anatemas perpetuos en los labios, de muerte y exterminio.

Responded a esta parábola SS. Católicos: «Lo que será más grato a los ojos de Dios; si «polémicas cuya única base es el interés vital de una corporación, o la difícil aunque santa misión de derramar en corazones endurecidos y en almas descreídas y ulceradas la suave luz de la doctrina evangélica de Cristo ?»

Pensadlo bien y no recurráis a vuestro habitual sistema-sofismas, declamaciones y por fin la Herejía!!! Vaya! dejad eso aparte, noventa años de guerras religiosas no podían ser infructíferos; en estos tiempos no hay más hereje que aquel que empuñando la daga de Caín hiere a su hermano, y no digáis que todos los hombres no son hermanos. El judío, como el católico, el cristiano como el mahometano todos son hijos de Dios, y los que perdonaren aquí en la tierra, perdonados serán en el cielo!

Juana Manso. Álbum de Señoritas. 1854, Número 7

 

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