La trenza de sus cabellos. Juana Manso

La resurrección del Teatro Dramático ha sido uno de los acontecimientos notables de esta semana; la cazuela y el patio, tuvieron las honras de la concurrencia, los palcos estaban desiertos…
Lo que podríamos decir sobre esa diminuta y pobre compañía dramática, sin recursos, sin estudios, sin luz en fin que los guíe por la senda del arte, del buen gusto y de la verdad?… Nada! hoy no tiene lugar la crítica, sino la protección y el elogio para alentar y apoyar esos esfuerzos tan loables, de hacer revivir el arte dramático, medio el más breve y seguro de llegar al corazón de las masas, palanca poderosa de civilización y de progreso, que pule el lenguaje y las maneras, y despierta sentimientos nobles, tiernos o heroicos, en ese pueblo de buena fe que escucha con religioso silencio, y que va a buscar en el drama emociones y goces enteramente morales e intelectuales.
Somos partidistas acérrimos del drama, y tendríamos un grande gozo si pudiéremos restaurar el arte dramático en Buenos Aires, y ver instalarse una compañía regular, bien dirigida, bien aconsejada, y muñida de un
archivo teatral selecto.
Razón tenía Larra, cuando llamaba a su querida España el país de las Batuccas, donde decía él que el patriotismo inducía a muchos a pensar que el vino español era el mejor, en lo cual podían tener mucha razón, y
a juzgar que la educación española era la mejor, en lo cual podrían notener tanta razón: esta reflexión nos ocurre con respecto al teatro español, con sus comedias en bellísimos versos pero pobrísimas de
argumento, sin novedad, sin grandeza, sin drama en fin!
El amor es ya un resorte gastado que no puede dar impulso a esa máquina gigante que se llama el drama, y que como todas las grandes cosas, es sencillo, porque en fin, qué viene a ser el drama? La vida en acción, pero no ficticia, convención arreglada a compás. En el fondo de todo arte, no hay sino la naturaleza que sea sublime… El pintor, el poeta, el músico, es necesario que la imiten o la traduzcan, si se apartan de ella no habrán creado cosa alguna que merezca la pena de llamarse a sí mismo artista.

Cuando se conoce el teatro francés moderno, Bourgeois sobre todos, no es posible conformarse con dramas como la Trenza de sus Cabellos, y si fuésemos tan felices que reviviere el teatro dramático, y se conociese el marinero de San Tropez, la vivandera, Magdalena, y otros muchos, la comedia española caería entre nosotros,
forzosamente.
La Puerta era un actor inteligente y que habría elevado a grande altura el teatro dramático, el mismo González empresario el año 29 en Montevideo, inició ya los misterios del drama moderno, y fue bien sucedido
en sus ensayos.
Desde esa época, hasta la presente, nadie ha pensado sino en la guerra y la política! Veremos ahora que el horizonte se presenta más sereno, si se piensa en algo mejor!

Respecto a la ejecución de la pieza del señor Rubí, hemos dicho ya que no hay lugar a la crítica, porque no se le
puede tachar a un ciego, el que no vea. Con todo, diremos que los actores habían estudiado sus papeles, con el manifiesto deseo de agradar, y con todo el cuidado que pone el que juega una primera carta peligrosa, en que tiene por parte contraria nada menos que al señor público !. . . . y todos los públicos, prudentes, e imprudentes, civilizados e inciviles, locos y con juicio, etc, etc., de que se compone ese gigante de mil cabezas que se llama el respetable público! y va sin contar los borradores de papel que no son menos temibles! que el público.

Juana Manso. Álbum de Señoritas. 1854.N°7.

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