JUANA MANSO Y LOS TRES MAESTROS De Karina P. Belletti y Barry L. Velleman

Si fuera cierto que los dichos populares son las muestras gratis y condensadas de la sabiduría popular, entonces, para captar la esencia de Juana Paula Manso, las abuelas dirían: “Como muestra, basta un botón”. Tres botones o tres maestros sobrarían para delinear su esencia.

Juana Paula ha sido retratada, estudiada y mirada como el alter ego de Sarmiento, el Sancho Panza de la quijoteada de la educación popular en el siglo XIX. Compartimos el dibujo de nuestro amigo Carlos Iriarte como retrato de una visión conocida pero con algunos cambios.  En el dibujo, Juana y Domingo están en pie de igualdad y es ella quien sostiene el saber y pareciera ser, además, la que lleva la “batuta” o el hilo de conversación.

Si bien Sarmiento quería civilizar a los salvajes aborígenes, Juana creía que merecían y debían ser educados, pero que no eran salvajes. En su Álbum de Señoritas, pág. 39, Juana declaraba que “la experiencia nos ha demostrado que el indio tiene inteligencia”. “Esta patria es de ellos como nuestra. La conquista los esclavizó, los arrojó de sus lares, los despedazó y nosotros después de la independencia no hemos hecho más que continuar la obra que comenzó la conquista”.

Se podría decir, también, que ha sido tan o más mordaz en sus defensas que Sarmiento y, en lo que hace a castigos corporales en la escuela, fue tajante en su eliminación.

En las tres historias que vamos a dibujar, se perciben las pinceladas que delineaban su alma. La integridad intelectual y el convencimiento ético eran el manantial y la tormenta de fuerza que la llevaban a enfrentarse y cuestionar maestros, padres, autoridades y sociedad.

En dos de las tres historias, el retrato es de una idealista más clara y contundente que Sarmiento en la cuestión racial y el castigo corporal escolar. Con Juana, no había grises, ni atenuantes ni bajar el tono de voz.

En la anécdota del maestro y el ministro, es la Juana noble que decide salir en defensa de Estrada, a pesar de las diferencias que tiene con él respecto del laicismo en la educación pública. Hay normas, hay estatutos, hay cumplimientos y procesos.

No estamos ni cerca de abarcar el espíritu mansista pero sí sabemos que las llamadas historias mínimas, algunas veces, hacen zoom en los filtros del tiempo y nos permiten ver a nuestra primera feminista menos pixelada, más real, más tangible y muy humana.

 

 

EL MAESTRO MULATO, EL MAESTRO SANCIONADO Y EL PRECEPTOR GOLPEADOR

Fuentes: Anales de la Educación Común, diario The Standard y Biblioteca CLACSO.

CIPRIANO SALGUERO, EL EDUCADOR MULATO

                Si bien la defensa del educador de color no es de Juana Paula, sí fue suya la decisión editorial de publicar el informe del Sr. Espejo, el visitador de escuelas, al maestro que, por su raza, era desdeñado por la sociedad del pueblo rural donde el docente, con mucho esfuerzo, sostenía la escuelita.

 Anales, Volumen 10, pág. 199. Informe de Vicente Alcalde Espejo,  visitador de escuelas de la provincia de Córdoba – 10 de octubre de 1871:

“El 1º de Agosto visité la escuela provincial, situada en la Pedanía de Monsalvo, á cargo del profesor D. Cipriano Salguero. Había en clase 41 niños regularmente instruidos en lectura: escriben 35 y de estos, 9 con alguna perfeccion.

El profesor tiene aptitud y es celoso por la enseñanza de sus discípulos; pero se queja amargamente de las muchas inasistencias de aquellos; insistencias motivadas por el pretesto mas futil y ridículo del mundo.

Sabido es que en la Campaña, se encuentra sobradamente mezclada la sangre de las castas blanca y de color; pues bien Salguero es moreno, y en estas circunstancia se apoyan algunas gentes para no mandar á sus hijos a la escuela de aquel.

Por eso hemos dicho que es ridículo el pretesto: debiendo manifestar ahora en honor a la verdad, que el profesor Salguero es todo un caballero, honrado, de ejemplar conducta y de regular instrucción.

La Junta de escuelas no ha asomado nunca por este establecimiento”.

 

 EL PRECEPTOR ÁVALOS Y LOS CASTIGOS CORPORALES

Anales, Volumen 9, página 176

Bajo el  título Mesa del Editor y luego del balance del año 1870, nos enteramos que:

 “La sesión importante de la municipalidad que nos ha llamado la atención es una en que se trató de la pena que se infligiría á un preceptor que casi había vaciado un ojo a un niño de una trompada. La comisión parece que se excuso de ver al herido, y se trato de echar tierra al asunto en obsequio a que el preceptor Ávalos que fue el del suceso es pariente del Santo y único Dr. Luis de la Peña.”

Juana no sólo decidió denunciar el castigo corporal sino que tuvo el valor de enfrentarse al ocultamiento del hecho. En educación, parecía que el sistema de premios y castigos dependía de las relaciones y las influencias.

 

Nicómedes Antelo, EL MAESTRO SANCIONADO Y EL ESCÁNDALO EN LA PRENSA

The Standard, 25 de Febrero de 1870, Biblioteca CLACSO y diario Tribuna de 22 de febrero de 1870.

 http://biblioteca.clacso.edu.ar/Argentina/unipe/20171121054447/pdf_335.pdf

La Biblioteca Clacso publicó todos los detalles de este incidente en “Memorias sobre la educación común en la provincia de Buenos Aires. José Manuel Estrada” de Carlos Torrendel (en adelante CLACSO).

En palabras de Estrada, el preceptor Nicómedes Antelo se negaba a aceptar las observaciones que le dio sobre un nuevo método de enseñanza de lectoescritura y expuso su ira en el diario Tribuna.

“En prosecución de mis trabajos presidía una noche la Conferencia de Maestros. Don Nicomedes Antelo, estimulado por mí, presentaba a la reunión un método iconográfico para enseñar la lectura y la escritura simultáneamente. A fin de que precisara las razones fundamentales en que lo apoyaba, le hice varias observaciones, a las cuales respondió con acento airado y con la audacia más irrespetuosa. Levanté la sesión, y comprendiendo que al obrar de esa manera, cedía a impulsos extraños, envié al día siguiente a uno de los inspectores a amonestarlo severamente y exigirle una satisfacción tan pública como la ofensa que tenía la condescendencia de tolerar”. Clacso, pág.56.

El conflicto ya instalado hasta en la prensa, tuvo eco en el diario The Standard del 25 de febrero de 1870, página dos. El editor se lamentaba en informar que Don Manuel Estrada se vio obligado a presentar su renuncia el día anterior como Jefe del Departamento de Escuelas, luego de que el miércoles anterior, el Consejo de Instrucción Pública determinó que no dejaría cesante al docente Antelo.

Ahora y para terminar, escuchemos a  Juana Manso en Anales de la Educación Común, volumen 8, pág. 366:

“El maestro es una  empleado subalterno, á sueldo, su deber es tomar el reglamento que le den y el reglamento que le presenten. (…) La idea de la misión del consejo no es clara, precisa, completa. Falta el conocimiento de la historia de la educación. (…) Si yo me atrevo a hablar, luego me enrostran mi Yanquee mania. (…) Falta la ley de escuelas”.

“Yo individualmente cierro el quinto volumen de los Anales (…), sin apoyo en la prensa ni en la opinión”.

 

Comments

  • Guido

    Hete aquí el gran pueblo argentino salud. Luego, la necedad que venera el 1945, y el 58 de la isla.

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