Juana Manso: a los 143 años de su muerte

Un 24 de abril de 1875 a las cuatro de la tarde, fallecía Juana Manso, dos días tardaron en sepultar sus restos, no podía ser recibida en cementerio católico, ya que se había convertido al protestantismo.

Pocos amigos acompañaron la despedida, el pastor W.D. Junor declaró  a modo de epitafio: “Aquí yace una argentina que en medio de la noche de la indiferencia que envolvía a la patria, prefirió ser enterrada entre extranjeros, antes que profanar el santuario de su conciencia”, le habían ofrecido en su agonía, renegar de su Fe, propuesta que  rechazó.

Juana Manuela Gorriti, la escritora argentina que despidió sus restos dijo en su discurso: “Juana Manso gloria de la educación. Sin ella, nosotras seríamos sumisas, analfabetas, postergadas, desairadas. Ella es el ejemplo, la virtud y el honor que ensalza la valentía de la mujer. Ella es, sin duda, una mujer”.

En la soledad y pobreza, que como una sombra la acompañaron a lo largo de su vida, moría una mujer lúcida y valiente, que había alzado las banderas de la educación y la emancipación de la mujer, único camino para el desarrollo de una sociedad justa.

Su vida es un ejemplo de perseverancia y autenticidad. “Mis títulos son haber leído mucho, haber pensado mucho, haber visto mucho y haber sufrido mucho; el sufrimiento es un buen maestro”, escribe. Sin provenir de una familia distinguida, ni recursos económicos (afrontó sola la crianza de sus dos hijas),  sin poseer una educación académica, luchó por sus ideas y se enfrentó a los poderes que la atacaban con una firmeza de espíritu admirable.

Juana Manso estuvo años en el exilio, viajó, escribió poemas – el gran poeta norteamericano Longfellow traduce al inglés uno  de ellos- y novelas, fundó periódicos,  escuelas y cuando pudo regresar a su patria para ofrecer sus servicios y contribuir a la formación de la nación, no fue bien acogida.

Su misión era liberar a la mujer de la sumisión y opresión que sufría, bregar por su educación y el rol social y público que debía asumir. A través de la prensa, la tribuna, la escuela y el libro, expone sus ideas generando virulentos ataques.

Conoce a Sarmiento y se hace partidaria de la educación popular, herramienta indispensable para formar la conciencia moral del ciudadano, destinado a realizar los ideales de libertad y justicia.

Con su apoyo se dedica de lleno a innovar métodos y prácticas escolares: combate la enseñanza verbalista y dogmática, el maestro debe sugerir y guiar la labor del alumno, en un ambiente alegre y confortable. Lucha por la eliminación de los castigos físicos, dirige una escuela mixta,  fomenta la implementación de recreos, la enseñanza de gimnasia y música, la jerarquización de la labor del maestro, la creación de jardines de infantes, las cooperadoras, el amor a la lectura, la creación de bibliotecas populares, en síntesis la promoción de la educación igualitaria, obligatoria, laica, bases con las que en 1884 se aprobaría la ley 1420. Desde 1865 hasta su muerte, es directora de los Anales de Educación Común, donde traduce y expone los fundamentos de su renovación pedagógica.

Juana Manso irrita, cuestiona a los gobernantes, a las instituciones; reclama libertad religiosa, el matrimonio civil, la defensa del indio, del esclavo, de la masa pobre y explotada, del niño indigente,  cuestiona la hipocresía religiosa, las malas prácticas médicas, las copias de modas europeas, la urbanización, el falso oropel de la cultura…hasta en sus críticas de teatro alienta una actuación sincera y despojada,  en contra de la actuación artificial y exagerada de los actores de la época.

Hace 143 años moría Juana Manso, prócer argentina aún hoy, poco reconocida. En 1915 sus restos fueron  trasladados al panteón de Maestros de la Chacarita, lugar casi olvidado y siempre cerrado, que no recibe homenajes ni visitas. Las  terribles palabras con que Sarmiento la sentencia y elogia merecerían ser su epitafio :

¡Una mujer pensadora es un escándalo. Ay, pues, de aquel por quien el escándalo venga. Y usted ha escandalizado a toda la raza! Sufra usted, por tanto, con la pena, tanta dicha!

 

María De Giorgio

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