Historia de la Educación Pública en la Ciudad de Buenos Aires. Juana Manso

Sumario.—Departamento Municipal de Escuelas-El Dr. de la Peña nombrado Director-La Inspección de Escuelas municipales a cruz o caras-Rechazo de los Anales de la Educación.—lnutilidad de esta prohibición.—Reparto de útiles en la Tesorería Municipal-La Sta. Gorman, víctima de las trapacerías del Sr. Sanchez Boudo.— Indiferencia Legislativa.—Indiferencia del P. E.—Indiferencia del Consejo.—La incógnita despejada por Dombey and Son.-Paréntesis explicativo-Propio gobierno no es poder discrecional-Peligro de aceptar falsas teorías en esta materia-Todo delito lleva en si su expiación.

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Dijimos en nuestro número de Agosto, que la Municipalidad separaba Ias Escuelas sostenidas por las rentas del municipio, de la dirección de la Oficina creada desde 1823 para dirigir este ramo de la Administración, colectar estadísticas y presentar anualmente desde 1858 un Informe general de la marcha de la educación en toda la Provincia. Esta separación de Escuelas implica, no solo desconocimiento del derecho de supervisión que asiste al P. E. de la provincia, sino infracción completa de la ley que no faculta la municipalidad a crear un departamento especial malgastando los dineros del municipio en satisfacer aspiraciones individuales.

Viento en popa en sus descabellados planes, llegó por fin el suspirado nombramiento del Dr. Peña como triunfo del complot armado por él para desmoralizar y tumbar el Departamento de Escuelas, porque el Dr. Peña es de la escueta de Sardanápalo que hacía colocar sobre su tumba aquel célebre epitafio: « Comer, beber, gozar, todo lo demás es nada.» Si el Dr. Peña hubiese sido destituido de su puesto como lo merecía; o ya que la moral administrativa está decididamente enferma en nuestra tierra, se le hubiese concedido su sueldo íntegro como pensión agraciable, corriendo un velo espeso sobre el estado de la Oficina a su cargo, acaso nada habría ocurrido de tan trascendental como los pasteles municipales amasados entre el Dr. Peña y el Sr. Sanches Boado: pero se tomó el peor camino! que fue hacerlo renunciar por segunda mano, sin recordar que el despecho del Jesuita, es peor que la hidrofobia de los perros.

Pero había en el relleno de los pasteles municipales otros ingredientes que solo olfateábamos los que conocemos el mundo escolar; había otro empleillo de Inspector de Escuelas que por empate en la votación ha sido necesario jugarlo a cruz y caras. La inspección de Escuelas rebajada a un juego de azar! Oh ¡Atenienses de la decadencia!

No la idoneidad de la persona, no sus antecedentes y servicios, sino una moneda lanzada al aire ha decidido de la competencia del individuo para custodiar los sagrados intereses que se le confían!

El primer paso de la separación municipal, ha sido, prohibir la Comisión de Educación, es decir el Sr. Sanches Boado, que se reciban los Anales de la Educación que envía y costea el Gobierno de la Provincia por conducto del Departamento de Escuelas. Pero el Sr. Boado ordenaba que se me devolviesen a mí que no soy más que el Editor. Así lo ejecutaron dos maestras; las demás los han devuelto al Departamento y una más íntima del Dr. Peña, devolvió Anales desde 1858, toda la colección del periódico excolmulgado! Esta prohibición es en su mayor parte inútil, porque en lo que menos se han ocupado los maestros y maestras, siempre con honrosas excepciones, es en leer los Anales. Unos porque ellos saben mucho, lo saben todo. Otros porque lo creen gage del Ayudante. Otras porque no entienden lo que leen, &.&.

La segunda medida ha sido repartir útiles no obstante haberse provisto las escuelas de ellos en abundancia, aun las escuelas subvencionadas especie de animales anfibios que desearía poseer la ciencia de Burmeister para poder clasificar.

El tal reparto ha sido hecho a manera de raciones de tropa en víspera de batalla. La lista estaba en francés debe ser obra del Sr. Chanalet íntimo del Dr. Peña. Las maestras sobre todo han sido las favorecidas, llevando cargamentos de todo sin que nadie tomase cuenta ni razón. Cuesta barato, Juan zonzo es el que paga. Pobre pueblo! Oh! divorcio de poderes te pareces a la anarquía como dos gotas de agua l

Pero de todos los extravíos, actos discrecionales e iniquidades cometidas por la municipalidad, ninguna es más reprochable y bochornosa para esta ciudad que la conducta observada con la señorita Gorman. Vamos a consignar aquí lo que ha sucedido.

La Sta. María E. Gorman, noble joven, llena de entusiasmo por la causa de la educación pública llegó a Buenos Aires a fines de 1869, recomendada por la Sra. viuda de Horacio Mann y por el Ministro Argentino en Estados Unidos. Ella venía como la primera misionera de este Evangelio de la República, la escuela, a ofrecer sus servicios al nuevo apostolado. Especialidad en los ramos Superiores de la Enseñanza, al llegar entre nosotros rehusó ofertas para escuelas particulares creyendo que aquí eran lo que en su país las escuelas públicas. La Sta. Gorman posee como todos los de su nación la pasión del bien público y aquel alto sentido humanitario que torna el pueblo Americano de los Estados el gran centro de la fundición de las tribus en una gran nación. En virtud de esta resolución, el Presidente de la República la recomendó al Dr. D. José Roque Perez presidente en aquella época de la Corporación Municipal, el que la recomendó por su turno al ex Jefe del Departamento de Escuelas D. José M. Estrada.

La Escuela Municipal núm. 12 iba a quedar vacante por renuncia de la Sra. Victorina Braga, directora de dicha escuela. No soy adversa a esta señora pero necesito revelar ciertos secretos administrativos para que se mida el abismo que un día u otro debe devorarnos; si, porque la corrupción devora.

La Sra. Braga, preceptora del núm. 12, es cuñada de un Sr. Blanco que en su juventud, durante la época de Rosas, se llamaba Mr. White, no sé por qué; este señor muy bien quisto con toda la municipalidad en diversas épocas, había conseguido para su hermana política, buena casa, sueldo, subpreceptora de la misma familia, rentada,- lo que no impedía que la Sra. Braga tuviese un internato de doce o quince pupilas.

Corrían boatos de cierta carbonera donde encerraban los chiquillos con un espantajo vestido de negro conocido por «la viuda»; y como estos medios represivos, parece que son rechazados por los filántropos, bastó una alusión de Estrada para determinar la renuncia de la Sra. Braga. No afirmamos hasta qué punto hayan sido verídicos aquellos rumores, sino que en efecto de su renuncia se nombró a la Sta. Gorman en 21 de Enero de este año.

Sin embargo, la Sra. Braga no presentó su renuncia hasta el 31 del mismo mes.

Al abrirse las Escuelas el 3 de Febrero, la Sra. Braga participó que buscasen casa porque ella se quedaba con la que había ocupado la escuela municipal, despidiendo los niños gratis, y conservando su internato, y los pagos.

Como no hay edificios propios, y andan las pobres escuelas ambulantes en casas alquiladas, fue menester entrar a buscar una que al fin se encontró en otro barrio distante adonde fue establecido el núm. 12.

Entre tanto la municipalidad merced a su excelente sistema financiero y otras yerbas, se encontraba exhausta, y la joven extranjera que venía atraída por sus sentimientos de simpatía para con South América, tenía que sufrir como primer contratiempo, la  escases de numerario. Pero, el Gobierno prestó fondos a la Municipalidad y cuando comenzó a pagar sus escuelas y la Sta. Gorman se presentó a cobrar su sueldo, el Tesorero respondió que había orden del Sr. Sanchez Boado para no pagarle.

La confusión, el bochorno de la pobre niña es preciso haberlo visto para valorarlo.—¿ Qué he hecho yo? decía ella.— Tendrán que decirme por qué no me quieren pagar. A lo que yo le respondía: el despotismo no tiene razones. Y ella que conoce la historia y tiene una inteligencia clara de las cosas, no podía sin embargo comprender nuestras cosas.

Desde Enero hasta el 31 de Junio que renunció su empleo de maestra municipal, está impaga por mas notas que haya pasado el Jefe del Departamento de Escuelas y por más que se -haya enviado original la nota del Dr. Perez recomendándola al Departamento, para que fuese nombrada en reemplazo de la Sra. Braga. Nada ha podido convencer ni ablandar al Sr. Sanches Boado nuestro gratuito antagonista! Me dijeron que las razones que aducía para no pagar a la Sta. Gorman eran: 1° que no le pagaba por ser gringa; 2°, porque esa gringa son los ojos de D. Juana Manso, esa mujer que para oprobio del país está en el Consejo de lnstrucción Pública.

Pero, yo, menos sanguínea que el Sr. Sanches Boado no he querido dar crédito a estos rumores, porque a ser ciertos, el Sr. Sanches Boado estaría mejor bajo la presidencia del Dr. Uriarte que bajo la del Sr. Cabral.

Entretanto, la municipalidad no quiere abonar los sueldos a la Sta. Gorman, porque no quiere; habiendo abonado los de la Sta. Olivera que ha sido su Ayudante.

Muchas veces hemos visto a la pobre Sta. Gorman, pálida y abatida a pesar de su resignación angelical, traicionando ese mudo pesar la tristeza de su corazón, al verse maltratada y desconocida, sin darse cuenta a si misma de este vergonzoso proceder de la corporación municipal de la Ciudad de Buenos Aires!

Ante todos los hechos incalificables de la municipalidad nadie se ha conmovido. El Consejo no ve sino unas cuantas escuelas menos sobre sus hombros. La legislatura no hace alto: el P. E espera que se consume el atentado, que se siente el precedente; mañana cada municipalidad de Campaña dirá también, vengan mis escuelas; y el Departamento contestará, «bueno tómelas, por eso no hemos de reñir.» –

La prensa, tampoco se ha ocupado de dilucidar si el proceder de la municipalidad es o no arbitrario; como el asunto es sobre escuelas…

No tengo otro remedio sino aceptar la teoría de Mr. Dombey and Son. Él decía a la nodriza de su hijo «Voy a poner su hijo mayor en una escuela de beneficencia de que yo soy socio. (Haré notar de paso que en lnglaterra la beneficencia se entiende así; nosotros la entendemos a costa del pueblo.)

“No soy de esos filántropos (continua Dombey) que sueñan con a elevar las gentes pobres a las altas esferas sociales; yo quiero escuelas que conserven al pueblo en su feliz ignorancia, y enseñen temprano a la gentuza la distancia a que está colocada de la gente « decente. »

Nuestras Escuelas son chusma, y son para conservar a la chusma en su feliz ignorancia, y perpetuar el juego electoral ya conocido. Esta es la razón porque el día que un complot escandaloso quiso triunfar de los buenos principios de una administración moral, se amparó de una corporación mitad indiferente, mitad indolente, mitad idiota, consumando el atentado de violar la ley y desquiciarlo todo.

Debo a mis lectores una explicación, por presentarles exabrupto en las páginas de los Anales á Mr. Dombey and Son, personaje protagonista de una de las novelas del inimitable Dickens, sobre cuyas lecturas escribió años pasados una interesante carta el Sr. Sarmiento cuando corresponsal gratuito de los Anales en los Estados Unidos. Yo deseaba desde aquella época, conocer las obras de Dickens, pero dedicada exclusivamente a la lectura de libros educacionistas, no había podido realizar mi intento.

Durante esta época de presentaciones de maestras en mi daño, de excomuniones municipales, de enjuiciamientos  a manera de pugilato en la prensa, por Cantimplas de carácter independiente cuando el adversario es inerme; injurias en público y en privado, lloviendo sobre mis espaldas a manera de granizo, entendí que nada podía hacer más acertado que encerrarme en el recinto de mi hogar, dejando a mis gratuitos y poco galantes adversarios batallar contra los Molinos de viento, y entablar yo estrecha relación con el alma profunda y el genio fecundo, de aquel, cuyos restos inanimados duermen hoy el sueño sin mañana, bajo las bóvedas graníticas de Westminster. Compré las obras de Dickens, y comencé a leer con aquel candor de los primeros años de la vida, llena de fe en el médico del alma, al que confiaba la serenidad de mi espíritu y la guarda de la sensibilidad de mi corazón, que deseo baje a la tumba exento de la hiel amarga de las malas pasiones. Este es el origen de mi conocimiento con Mr. Dombey, y pidiendo disculpa por el paréntesis explicativo a que alude el Sumario de esta verídica y triste historia, continúo mis digresiones.

El propio-gobierno o self government, es indudable que tiene sus raíces en el gobierno local que es el ejercicio de ciertos derechos harto minuciosos para dejarlos al gobierno general, sistema opuesto a nuestra centralización provincial.

Pero a la vez, ese gobierno local está reglamentado, y su reglamentación demarca los límites de su esfera de acción. No tiene por divisa, quiero porque quiero, ni hago lo que me da la gana, porque todos los derechos son buenos y por eso debe ser igual la garantía para todos.

Propio gobierno, no es poder discrecional habilitado a derogar leyes vigentes, dictar disposiciones de carácter prohibitivo ni retroactivo; en este caso de la creación de un Departamento Municipal, todo principio de propio gobierno ha sido consultado; la municipalidad se ha atribuido a sí misma un poder que ni la constitución ni leyes posteriores asimilativas le designan; y equivocar la teoría del gobierno propio con un poder irrestringido, discrecional, es exponerse a caer bajo la tiranía irresponsable de las masas.

No se cree peligroso el proceder dictatorial de la municipalidad porque el asunto es con las Escuelas, pero a donde quiera o por cualquier motivo que se infrinja la ley, la pendiente es fatal, y ella puede precipitar la sociedad en el caos, aun cuando los efectos sean remotos, en las causas presentes.

¿Quién nos dice que la falta de continuidad política de la Francia, no viene de  la San Bartélemy, de las Dragonadas, y de la Revocación del Edicto de Nantes?

¿Y nosotros los Argentinos, con una Ciudad Estado por toda representación nacional, Ciudad que es en su mayor parte un agregado de colonias Europeas, asimilándonos todos los días las leyes Españolas, y con escuelas buenas solo para perpetuar la ignorancia, adonde vamos‘? ¿A la continuidad de la raza y de la República? Yo creo que no.

Creo que cuando no se respetan las leyes de un país, su sociedad camina a la disolución, y creo que esa indiferencia glacial por el destino de las generaciones menesterosas lo pagará el país algún día. Como hasta hoy soporta todavía los efectos de la anarquía, cuyo foco no han podido apagar 60 años de historia sangrienta.

Pero donde no hay respeto a las leyes, tampoco hay amor al país, y en tal caso la degeneración es materia de tiempo. Después viene Palmira y los Volney que declaman sobre las ruinas, inspirados por el genio de la desolación y del escepticismo siempre infecundo.

Y después viene la expiación, porque en el pecado está la penitencia, y los hijos de los hijos y hasta la quinta generación muchas veces llega el castigo de las faltas de los padres. Así 1840 fue el corolario de 1820, como 1890 aquí, lo será de 1870.

Probamos a Rosas, todavía nos falta probar el reinado de las masas.

 

Juana Manso

 

 

 

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