EL DESTINO DE LOS ANALES. Juana Manso. Anales, 1867.

Hace tiempo que como el zumbido del mosquito, resuena en nuestros oidos—

NADIE LEE LOS ANALES.
Ni los gobiernos que los subvencionan.
Ni las Municipalidades que han suscripto.
Ni los propios suscritores de los Anales?
Ni los diaristas á quien se dirije un ejemplar cada mes.
Ni el Gefe del Departamento de Escuelas.
Ni los empleados subalternos.
Ni los maestros ni las maestras de escuela.
Ni los Jueces de Paz de la campaña.
Ni los oficinistas de ambos gobiernos.
Y por último, ni los mismos que tienen la bondad de cumplimentarme por el tino con que los dirijo—(frase sacramental.)
En el Correo, segun me informan, no se cansan en enviarlos á su destino, y creo propiamente que con escepcion de la redaccion que los edita, los cajistas, condenados fatalmente á componerlos, el corrector de pájina por oficio, el señor Sarmiento por amor á la educacion, la señora Maria, viuda de Horacio Mann, la redaccion del Periódico de los Maestros del Ohio y algun otro raro curioso, parece los pobres “Anales” están proscriptos de la circulacion regular de la vida!
Cómo debe estar contenta y satisfecha la redaccion que pasa largas horas en traducciones y hojeando libros y libros, para trazar la senda que se debe recorrer!
Si por gran casualidad preguntamos á un maestro de escuela conocido, ha visto Vd. los “Anales” ? Yo no leo esas cosas; mi ayudante creo que suele ir á buscarlos al Departamento.
Un Juez de Paz—Cree Vd. que alguien lee los “ Anales” ? , Yo; yo soy el único que de noche, antes de acostarme . . . . . Lo interrumpo—Ya, para conciliar el sueño. Por no decirle como narcótico!
Un señor que se interesaba por el retrato del señor Sarmiento, publicado en el último número, se dirije al Departamento á ver al Gefe.
—Creia que ya no se publicaban, contesta éste: Con que sigue esa publicacion?
—Asi parece.
En una oficina, me pregunta uno: —Salen siempre los “Anales”.
—Todos los meses.
—Creía que hubiesen cesado.
Cuánto interés por la educacion!
En los Estados Unidos, los maestros son obligados á leer no solo libros del arte que ejercen, sinó algun periódico educacionista: pero eso es por allá, donde para saber es necesario estudiar, por aqui somos mas hábiles, sabemos sin aprender, es nuevo; pero es mas cómodo que romperse la paciencia y quemarse las pestañas.
No obstante, los “Anales” han publicado escritos muy importantes, vertidos al castellano; escritos que leidos, habrían podido ser útiles; por ejemplo, los reglamentos de las escuelas de Boston. La naturaleza y valor de la educacion por Lalor, que terminamos en el presente número, y otros muchos articulos interesantes; pero todo se auna contra los “Anales;” la apatía, la indiferencia, la prevencion contra quien los edita, la presuncion de saberlo todo, la liviandad con que se tratan las cuestiones mas sérias . . . . que sé yo, la raza española que no se levantará jamas al nivel del progreso de siglo!
Pero no ha de abatirnos el abandono, ni roernos el hastio, hemos de combatir, y si caemos, ha de ser como caen los fuertes, con la aureola de la victoria ó del martirio.

Anales de la Educación Común. Vol. V., 1867.

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