Doctrina de la Responsabilidad Administrativa por Juana Manso

Felicitamos cordialmente al Dr. Avellaneda por el precedente que acaba de sentar; la responsabilidad administrativa y la responsabilidad de los vecindarios en proveer a la educación de sus hijos; esta doctrina es la base del derecho civil y político, base sin la que la libertad no puede existir tampoco.

El hombre nace libre, y responsable de sus actos; puede engrandecerse por ellos partiendo de la cabaña más humilde, o puede, habiendo nacido en un palacio, venir descendiendo escalón por escalón a caer en el lodo de la degradación, su voluntad lo habrá llevado por uno u otro sendero, pero no por eso será menos responsable de sus resoluciones.

Esta responsabilidad individual, es colectiva cuando se trata de pueblos que han asumido su soberanía y entienden gobernarse a sí propios. En este caso el primer deber del ciudadano es su progreso, moral e intelectual, que es la habilitación del ejercicio de sus derechos, habilitación que solo la educación puede garantirle.

El Dr. Avellaneda sentando pues la responsabilidad de los vecindarios como base y como doctrina del derecho civil y político, ha dado un gran paso en teoría y que va a conducirlo a crear la Ley de Escuelas Comunes, que es en sus detalles el medio práctico de ejecutar la responsabilidad, tornándola efectiva por cierta y determinadas prescripciones.

En el mismo caso está la responsabilidad administrativa; son los reglamentos interiores que demarcan las atribuciones de cada empleo y las obligaciones prescriptas a cada empleado. Por ejemplo, en el Departamento de Escuelas nadie sabe qué deberes le están impuestos; el jefe se ha hecho cargo de una oficina que según palabras del general Mitre, fue creada para utilizar los conocimientos de Sarmiento que no tuvo tiempo suficiente para montarla, lo que equivale a una máquina cuyas ruedas y cilindros están a penas colocados, pero cuyo motor necesita una cierta táctica para que la máquina camine.

La Inspección de Escuelas, no está organizada, ni el Inspector tiene deberes demarcados: con fecha 4 de Febrero de 1860 el Sr. Sarmiento pasó una nota al Sr. D. Raoul Legout, Principal en aquel tiempo de la Escuela Superior de la Catedral al Sud, en lo que se leían las siguientes palabras. “Deseando fijar reglas para la Inspección de las Escuelas, y  constando por los diplomas y despachos que ha presentado a  este Departamento, haber ejercido V. el empleo de Inspector de Escuelas en varios departamentos de Francia, y por una larga  serie de años, sírvase V. informarme detalladamente de la manera como se desempeña esta función en la práctica y de los  objetos a que se extiende.”

El Sr. Legout pasó el informe requerido, pero la Inspección quedó hasta la fecha desorganizada, lo que es un grave perjuicio para la disciplina de los maestros y para las Escuelas.

Hay Escuelas lejanas de la Campaña, como Bahía Blanca, Patagones, San Nicolás de los Arroyos, Baradero, San Pedro, Veinte y Cinco de Mayo, Tandil, Monte, Rojas, Ranchos, &, que no las visita nadie, hacen por lo menos tres años.

El año pasado en el solo deseo de ver mejorar la administración del Departamento de Escuelas, escribí al Sr. Dr. Peña, rogándole encarecidamente  que pusiese  en vigencia una disposición de Sarmiento que imponía a las Municipalidades de Campaña, pasar al Jefe del Departamento de Escuelas una Memoria del Estado de la instrucción, necesidades de la misma, monto de lo niños educables y de los inscriptos en la Escuela, asistencia.

No era mi designio imponer al Dr. Peña ni mis opiniones ni los acertados precedentes de Sarmiento, sino establecer el contacto del Departamento con las Municipalidades de Campaña, cuya totalidad está hoy retraída, porque sienten el vacío que hace en torno de la instrucción, la frivolidad de las medidas tomadas hasta hoy y aun el silencio de los Anales respecto a la regular administración de aquella oficina; la determinación del Gobierno de la Provincia, sentando la responsabilidad administrativa, viene hoy a darme razón y a probarle al Dr. Peña, que yo soy una amiga desinteresada de la educación.

Efectivamente, de cuánta utilidad no le habrían sido esos Informes!…….Pero a qué instar inútilmente‘? No han habido ya dos Municipalidades de Campaña que se han dirigido al Sr. Jefe del Departamento sobre objetos de la instrucción, en pura pérdida, y sin obtener cooperación de ningún género. . . No se ha derribado la Estadística sin escrúpulo alguno?! – Y qué dirá este año en su Informe el Sr. Jefe? Como constatará el progreso de asistencia, si hacen nueve meses que no se forma?  Y ya que incidentalmente hemos tocado el Informe, diremos que es un error muy grave dejarlo al arbitrio del jefe del Departamento de Escuelas; la ley de escuelas comunes señala los límites dentro de los cuales se encierra el Informe para evitar el desperdicio del dinero que se derrocha en publicaciones frívolas, y para que redactado también sobre ciertas bases, la administración y el público saquen de su lectura, la luz que requieren las mejoras de que sea susceptible, aquel ramo.

En el Estado de New York, como en los demás estados, el Informe anual del estado de la educación es redactado por et Secretario de la Comisión o Consejo de la Educación del Estado, (si ese Secretario se llama Horacio Mann o Henry Barnard) y consta de lo siguiente:

1 ° Número total de escuelas dentro de su jurisdicción, con designación especial de la clase de escuela, por ejemplo, varones, mujeres, mixtas, públicas, particulares.

2°. De los Informes de Sociedades, Municipalidades que elevan sus respectivas memorias al consejo de Educación.

3°. Duración del tiempo que ha funcionado cada Escuela.

4°. Dinero gastado en el sostén general de Escuelas y lo que cuesta cada alumno, los útiles comprendidos.

5°. Número total de todos los niños del Estado y cuántos se educan.

6°. Monto total del dinero recibido y su procedencia.

7° Modo como se ha expandido ese dinero, cuánto quede y por qué.

8°. Estudio de la asistencia diaria a la escuela, pesquisa de las causas de inasistencia, necesidades, &,&.

El Informe del año pasado es una tácita revelación de que no hay en el Departamento una conciencia clara de lo que debe hacerse, pero cuando la hubiera ningún empleado puede ser responsable, si al recibirse el empleo no encuentra una regla que lo guíe en el cumplimiento de sus tareas.

El año entero ha trascurrido sin que los Anales hayan vuelto a publicar ni el movimiento mensual de las Escuelas, ni los trabajos de la oficina, ni el envío de útiles. Los estados que reciba este año el Gobierno de la Provincia, serán incompletos porque son hechos a última hora, para salir del paso. El Gobierno de la Provincia subvenciona hoy los Anales, y una de dos, o lo hace para sostener un periódico donde vengan a la par de las doctrinas, consignándose los datos de la administración de Escuelas, o lo hace por con descendencia con el Editor, cosa increíble en Administración tan honrada.

Así pues, el Gobierno debe imponer al Departamento la obligación  de pasar mensualmente el movimiento de Escuelas, y demás datos estadísticos, porque no es en abono del periódico, sino en bien de la comunidad; de este modo, sabría por ejemplo el Gobierno, que a pesar de la disposición que previno se repartiesen útiles a las Escuelas, hacen cuatro meses, no se manda un solo cuaderno; y sobre todo, siempre que se quisiese constatar un dato, buscar una disposición útil, no habría más que recurrir a el tomo de los Anales correspondientes a tal año.

Tenemos mucha esperanza en el Dr. Avellaneda, como hombre de inteligencia y de corazón, y creemos que ha de traer adelantos de trascendencia en administración.

A consecuencia de la doctrina de la responsabilidad, que acaba de sentar como base, para ayudar a los vecindarios que deseen construir Escuelas, tenemos el honor de dedicarle nuestra traducción del Código de Escuelas Comunes en el Estado de Pensilvania, que irá en el próximo número; reconociendo en el Dr. Avellaneda un correligionario Educacionista, congratulámonos sinceramente de ello.

Juana Manso (Anales de Educación Común. 1866)

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