Dedicatoria a las Señoritas Porteñas – Juana Manso

Vosotras sois, queridas compatriotas, el objeto a quien dedico  el débil ensayo de mis estudios; porque  fue cerca de vosotras que gusté de esta útil e inocente distracción de la imaginación que al paso que contribuía a formar nuestra razón nos inspira sentimientos tan nobles y generosos.
Nací como vosotras, en las riberas del Majestuoso Plata donde mamé con el sustento  el amor a la libertad, y como vosotras tengo un corazón que palpita el nombre de Buenos-Aires; aunque ausente del Sol Argentino no puedo olvidar la tierra querida donde nací, donde fui educada, donde la voz de un tierno Padre grabó las máximas de moral, el amor a la Patria! … perdonadme, me he extendido demasiado; pero los recuerdos de la infancia ejercen mucho imperio en nuestro corazón.
La pequeña obra literaria que os dedico es,  sin duda, bien escasa de mérito; pero me lisonjeo que la recibiréis con indulgencia; cuando sepáis que quien os la dedica, la tradujo a los ocho meses de estudio, y a los catorce años de su edad.
Vuestra compatriota
Juana Manso

Esta dedicatoria aparecida en El egoísmo o la amistad, o los efectos del orgullo, traducida por una joven argentina, impresa por su padre en Montevideo, en 1834, con sólo 14 años, contiene lo que luego iba a desarrollar Juana a lo largo de su vida. Su amor al conocimiento, a la nobleza de espíritu, a la libertad, a la Patria, la nostalgia de Buenos Aires, el Río de la Plata, la influencia y cariño a su padre, el valor de las primeras impresiones en el niño y fundamentalmente el reconocimiento de la mujer,  con la que dialoga íntimamente y ofrece  su voz.

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