Como se educa el pueblo para la República. Juana Manso. Solicitada en La Tribuna, Buenos Aires, Febrero 23 de 1867.

La redacción de la República, acaso muy recargada de ocupaciones, no tiene tiempo material ni para revisar lo que escribe.

Voy á contestar las líneas de hoy 21 de Febrero.

Si la educación de todos costeada por todos es un error de los mas fatales que ha sido patrocinado sin reflexión y sin el menor conocimiento de nuestra sociedad, deseo que el Sr. Redactor de la República, tenga la bondad de indicarme donde existe ese error, si en la doctrina en sí misma, ó si en querer aplicarla á nuestro país como parece indicarlo al decir: sin el menor conocimiento de nuestra sociedad.

El asunto merecería esclarecerse y discutirse, pudiendo conservarse en las altas regiones del lenguage y del pensamiento, de otro modo prescindiré de ella.

Si el articulo á que contesté no limitaba la educación á la que costea el erario, tocándola ligeramente, por lo menos parecía admitir el estatuquo de la instrucción creyendo realizar por la asociación el desiderátum de la República.                          .

Entiendo por erario, lo que define la economía política en su teoría de la renta pública; esto es, la acumulación  de las contribuciones directas o indirectas de los ciudadanos, que van á las cajas del tesoro común, para costear los gastos de la sociedad incorporada; entrando en las necesidades sociales la educación de las clases indigentes, la costea el erario.

 Ya ve el Sr. Redactor que no solo comprendo lo que forma el erario sino los motivos de la instrucción gratuita como deber del Estado, y por eso en otra ocasión he repudiado la idea de la beneficencia, por que en educacion que costea el erario, es decir la renta que todos formamos, no hay tal limosna, como se repite continuamente á los niños.

Creo que la prensa es un medio de educación, pero que cuando sus sacerdotes no son educados, es también un medio de envenenar los pueblos, porque el error es un veneno como la verdad es un alimento.

No he podido negar el poder de la prensa, yo soy escritor también, lo que no quiero es que se precinda de la escuela y se crea que aún cuando ésta sea pésima, el mal se remedia con escribir para los adultos bárbaros.

Tanto creo que las asociaciones civilizan, que las procuro formar, y creo que sin ellas, nunca pero nunca, habrá acción popular entre nosotros puesto que son las asociaciones, el gérmen de esa acción; lo que no concedo es que se pospongan las Escuelas, por que la asociación requiere equilibrio en los elementos destinados á formarle.              

No es estraño que el Sr. Redactor no pueda seguir el análisis de mi artículo, redactar dos diarios es carga que abrumaría á cualquiera, pero eso no le dá el derecho de desfigurar las ideas agenas y presentarme en estado de desorganización mental.

Contesté su artículo, por que me pareció mucha ligereza al tratar de las escuelas, y vi despuntar en el horizonte, una nueva ilusión de politica, y contesté porqué la censura de las ideas del escritor son un derecho de todo ser que piensa.         

Pero incurre vd. en nueva contradicción.

“La educación por la escuela, debe hacerse con fondos del erario, mientras el pais no las crie y sostenga de otro modo”

De qué otro modo Sr. Redactor? Por el sistema de escuelas comunes?

Y cómo? si este es (según vd.) un error de los mas lamentables, que ha sido patrocinado sin reflexión, y sin el menor conocimiento de nuestra sociedad? ¡Esplique vd. ese enigma.

Ahora tócame decirle. Apelación al buen sentido escribe vd. muy de prisa. Acelerar ese dia en que el pueblo sostenga sus escuelas, y se dediquen rentas especiales para ese objeto es mi afan. Hacer comprender á la generalidad que la personalidad de la infancia siempre renaciente requiere el concurso común de la Ley, del Estado y del ciudadano. Hacer comprender que en el niño, la educación es un derecho, y en el ciudadano un deber imprescindible ofrecerle la oportunidad de educárseles es el fin que me propongo, ó la manía como, vd., guste.

Mi doctrina es: la escuela preparación de la soberanía. El soberano no puede educarse de limosna, ni con mezquindad sino en palacios y sin limitación.

Escuelas comunes, como el aire y la luz lo son.

Esas citaciones que según vd. son mal traídas tienen al menos el mérito de presentar la opinión respetable de hombres muy caracterizados y esas citas como otras mas estensas, es lo que se conoce en el mundo educacionista americano por doctrina del Massachussetts, puesto que los maestros de ese Estado asi la preconizan.

Hace vd. bien en no considerarme mas que en mi carácter de propagadora de las ideas de educación, pero su articulo contiene una amenaza tácita que me arredraría de toda discusión con vd: eso de estampar verdades gordas (desgros verités) en castellano, quiere decir; casi la he puesto de oro y azul, ó como dice e el andalúz, de ropa de pascua; por otra casi le he plantado una docena de frescas.

De manera que he escapado por un tris, de verme en las calles de la amargura; mas vale asi, que se halla vd. detenido á tiempo. Digamos la verdad, siempre, toda la verdad porque las medias verdades no sirven, pero dejemos las verdades gordas para los verduleros y las pescadores (de la Halle) en ese terreno de las verdades gordas no puedo pisar yo, hiciéronme comprender muy temprano que la pureza en el decir es propio de una educación esmerada. Luego insultos, no son argumentos, y cuando de la educacion se trata parece que son su antítesis.            

Para discutir no es menester enfadarse ni ir á las del cabo como dicen los portugueses y que son las tales verdades gordas que casi he recibido sobre mi pobre cabeza. Linda será para los venideros la historia de nuestra prensa. Quedo agradecida Sr. Redactor.

Juana Manso,

LA TRIBUNA- BUENOS AIRES, FEBRERO 23 DE 1867 .LEER

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