Cartas de Juana Manso

Cartas de Juana Manso a Sarmiento

” Estoy sola, pero la palabra de Sarmiento viene de tiempo en tiempo como la exhortación piadosa del misionero a consolarme en mi aislamiento

Exmo. Sr. Dn. Domingo F. Sarmiento.

Distinguido Señor:

Se ausentó de Buenos Aires sin decirme adiós; y hasta la fha. no tengo noticia de que haya Ud. recordado mi nombre pa’nada. En el idioma de los hechos esto quiere decir que V. no es mi amigo pero yo lo soy de Ud. y lo pruebo escribiéndole, ahora que está tan lejos de Buenos Aires, aunque en un puesto tan elevado, pero no en relación con mi posición. Deseo hablarle un poco de todo, sin que en ese todo se comprenda la política, no es de mi genio. Como lo vaticinaba yo, se fue Ud. y el marasmo se apoderó de las escuelas! Hace año y medio que no sabemos lo que sea un “examen” y sin las aspiraciones de nuestro Poncio Aguirre (Pilatos), sin las planillas del movimiento, y los informes trimestrales nos creeríamos en plenas Batuecas. Decía Ud. en uno de sus poéticos artículos sobre la educación, que los maestros de Escuela éramos “los obscuros obreros del porvenir” y yo le aseguro que apenas somos unos autómatas relegados en los últimos círculos del purgatorio social! Los Anales de la Educación murieron de apoplejía fulminante al arrojar una fosfórica llamarada a la faz de un “grande hombre”! y todo eso fue el resultado de una indigestión general! En verdad, los Anales de la Educación, esa esperanza de los que poseemos sentido común, recibió en sus inmaculadas páginas, las tiernas elucubraciones del Sr. Alarcon y “Cadde come corpo morto cadde”.
Dejó Ud., hasta el N.° 4 de ambos sexos y se han creado el 5° y el 6.° ya debe saberlo; pero lo que ignora tal vez, es que removido por Lobos el Preceptor de la Municipalidad de la Catedral al Sud; dividieron el Magisterio, y la maestra que hoy la regentea escribe, así xexos!!; fue mi ayudante, se vestía de máscara en el Carnaval y paseaba de “tarde” por la “calle”. En el 5º dicen que está una Sra. que fue lavandera; y en el 6º hay una niña de veinte años con un sobrinito de tres años! Muy feo negocio, señor Sarmiento! Será acaso mucho exigir que no se confíen las escuelas a personas de conducta equívoca, o le parece a Ud. que la moral sea una condición indispensable en el que toma sobre sí la tarea de la “educación”? o no es necesario que la voz del maestro insinúe alguna vez los sentimientos del honor en el corazón del alumno? Estoy a obscuras sobre el particular.
Publiqué al fin mi Compendio (1); en el Departamento dejé un ejemplar para Ud. con estas palabras: Al Sr. Sarmiento: recuerdo de una amiga. Le remito otro ejemplar por que tal vez allí se hayan olvidado de enviárselo. La publicación del Compendio, me ha conquistado el odio del Sr. Inspector, y el departamento se halla en serios embarazos para dictaminar en el expediente de adopción; esto a pesar de la carta del General Mitre, y de haberse subscripto el gobierno por quinientos ejemplares. Es que en materias de literatura el departamento es algo difícil; no sabían que remontar un río es navegar contra la corriente; y a pesar de invocar yo en mi abono el Diccionario de la Academia, el Inspector dice que remontar es cosa de barriletes! En “foncée” la Academia! En favor del libro, opina Luis Domínguez y otras personas incapaces de defraudar el trabajo ajeno; lo que no obsta a que yo esté hoy entre “a crus e a caldeírinha” como dicen los portugueses: he prevenido al Sr. Jefe Interino que a otra visita de desagrado del Sr. Inspector, elevo mi renuncia; pero hoy un amigo me aconsejó que no haga tal y que eleve mi queja al Gobno. del insólito proceder de este Sr. que no quiere que nadie viva sino él.
Legon acaba de publicar creo un tratado de aritmética, debe ser bueno porque es un hombre de saber.
Me ponderan la actividad de Ud. en el progreso de esa generosa provincia; consuela el corazón, saber que Ud. al frente de los destinos de su pueblo será como un padre para curar tantas heridas mal cerradas y derramar un poco de bienestar, en esa sociedad tan hondamente conmovida; Dios le de muchos años de vida para la felicidad de nuestro país; con lo que no puedo conformarme es conque Ud. ya no esté al frente del Departamento, porque si Dios no lo remedia, el edificio se derrumba; todos se interesan por las escuelas, aman de veras la educación pero es necesario la energía de una alma como la suya, y una cabeza como la suya para llevar a cabo esta grande obra de colocar el edificio de la instrucción, sobre bases sólidas e inconmovibles. Ahora, si acaso me contesta, empiece con sus bromas de siempre, y si me da carpetazo lo sentiré pero al fin no le querré mal por eso, porque nosotras las basbleu, somos unos animales anfibios, cuyo único valor es la pollera; y desde la invención de los miriñaques, ni eso, porque ya no hay mujeres sino amazonas. Soy su affma. compatriota.
Juana P. de Noronha

(1) 1862.

Sr. Don. Domingo F. Sarmiento

Mi estimado amigo:

Los Anales de Abril le llevarán la vista de la Escuela Sarmiento, y los de este mes buscaré proporción que se los lleve; casi todo el número lo ocupan sus cartas una a mí y su última a Pazos, reservando la que me trajo el joven Arosemena. Ayer estuve en la Plaza; revistarían mil niños que cantaron bastante regular desfilando después por delante de la Municipalidad. Me contó el Inspector que la víspera el Sr. Peña había repartido medallas y diplomas a los mejores cantores. Como a mí no me convidan para ninguna de sus farsas nada puedo decir respecto a la Escuela de Música de la que me ponderan los progresos. Días pasados estuve en el Departamento en horas de oficina y no encontré alma viva, todos estaban en la Escuela Normal que es el sueño dorado de Peña; ahora salió Santa Olalla, que ha entrado a la Catedral al Norte en reemplazo de Larguía que, renunció, y en la Normal está Chanelet el que era maestro de San Isidro. Peña es Catedrático de Filosofía en la Universidad, Director de la Escuela Normal y Jefe del Depto. No puedo conseguir los movimientos, y en cuanto a los trabajos del Dpto., dan risa, rabia y lástima, de tales sonseras consisten. El día a que me refiero estaban de exámenes en la Normal y me lo habían llevado al pobre Pazos que se ríe conmigo a banderas desplegadas en los hocicos de estos pobres golpeados. Con motivo de los tales exámenes apareció un suelto en la Tribuna encareciendo los progresos de la Normal!!!
Tenemos a Alsina de Gobernador, Avellaneda y Varela Mariano, de Ministros, pero el Gobernador en su programa, ni palabra de la instrucción pública! Este año ni sabemos cuántos niños aprenden a leer en la república. Recordará Ud. una plantilla en blanco que le envíe y cuyo padrón di yo; pues bien; impresa como la llevaron de la Imprenta esta sobre la mesa del oficial mayor del ministerio; pregunto el otro día por más y me contestan que no la han mandado por la guerra! Pobre país! Desde que Ud. falta de Buenos Aires, hemos progresado en iniquidades y desmoralización. Chivilcoy se lanza en el camino de la Reforma; le adjunto el Reglamento de sus Escuelas Públicas. En mi contestación a Villarino, insisto porque renuncien á la subvención que le mandan de aquí, porque manden buscar tres maestras bostonianas y dividan su partido en distritos escolares. Brand estuvo la semana pasada y ya regresó a Chivilcoy, colgarán los Doctores de la Ley las doctrinas del Reglamento que van a presentar. La Comisión Municipal de la ciudad ha andado visitando las escuelas, y ha entrado en consejo con el Inspector y el Jefe, pero no dan en bola; nada de construir escuelas, nada de agitar la opinión, nada de estudiar los movimientos, creen que es todo punto inútil. El Colegio Nacional de Buenos Aires, gasta como 70 a 80 mil pesos mensuales en educar a todos los hijos de los Senadores y Diputados de la Nación, oh! como lo conoce Ud. Están proyectando gastar cien mil pesos en una nueva Convención para reformar la Constitución, y Dios sabe sino suprimen los ciento veinte pesos mensuales que el Gobierno me pasa para los Anales, no creo yo que haremos nada, o antes Ud. y yo moriremos en la demanda sin haber conseguido, ni vislumbrar el albor consolador del porvenir. De mi circular dirigida a las Municipalidades de Campaña buscando subscripciones a los Anales, solo han contestado Chivilcoy pr. 40 — Belgrano por 3, Lujan pr. 4 — Salto por 5 (antes impagos) — Merlo por 5 — Mercedes por 10 a puro pujar, el 25 de Mayo un NO redondo, el Tordillo por 2 y no hay escuela allí, estoy esperando a Mendiburo; el Baradero pr. 4 ejemplares, aquí estuvo el Municipal del Banco y el Preceptor, un excelente sujeto. La Campaña no esta contenta, con el departamento y cada día más descontenta con la Sociedad de Beneficencia. Lea y diviértase.
Dirigí un oficio a la Sociedad acompañado de un ejemplar de los Anales sabía que le iban a rechazar pero quería divertirme con las viejas. De allí a días lo devolvieron y que no se subscribían faltas de dinero. Les contesto con otra nota y les regalo 50 ejemplares mensuales para sus escuelas a nombre de Rivadavia que, extendió a la mujer los beneficios de la educación. Mi nota hizo el efecto de una bomba, casi les da un tabardillo de rabia, así es que devolvieron los 250 ejemplares eran cinco meses de los Anales! Hace pocos días, a un cura polaco que anda pidiendo limosna pa los católicos polacos, esa misma Sociedad le envió cincuenta libras esterlinas! Todo farsa! La claque católica de Buenos Aires ha dado una lectura pública con el mismo objeto, a mí no me han convidado, soy hereje, hacen bien.-No olvide a su firme amiga.

Juana Manso

Carta  MISCELÁNEA

Buenos Aires, Febrero 20 de 1868.

Al Sr. D. Domingo Faustino Sarmiento.

Mi estimado amigo:

He leído el 2° número de Ambas Américas, porque alguien ha tenido la bondad de prestármelo, sin que sea un reproche para V.; siento no haberlo recibido directamente. Motiva esta carta su artículo Bibliotecas Populares.

Es la grande cuestión de la educación conquistar LECTORES; pero en esto como en lo demás, el mal está en la ESCUELA-CHUSMA: no hay sino V. para estos hallazgos, ha puesto V. el dedo en la llaga. Las escuelas como nosotros las usamos, vestidas de algodón, en educación no son DECENES, solo son propias para inspirar odio y aversión a la instrucción, porque V. lo sabe, las primeras impresiones de la infancia deciden a veces de la vida entera.

Recuerdo propósito lo que pasó conmigo:’ Aprendí a leer por mí misma, preguntando una letra y otra, combinando los sonidos, y empecé por leer “novelas a los seis años de edad; con todo, en la escuela donde me sujetaban al aprendizaje sistemado del alfabeto, no pasaba del Cristo, porque no podía comprender su valor alfabético; y como empacaba allí, no iba adelante.

Después de leer en mi casa Anastasia o la Recompensa de la hospitalidad, Alejo o la Casita en los bosques, Luisa o la Cabaña, el Quijote, El Solitario, Las Veladas de la Quinta, Tardes de la Granja, Eusebio o el Cestero de Filadelfia, y que sé yo cuantas más, acabé recién a duras penas la Cartilla en la Escuela, obteniendo el pase a Catón. No sabía yo lo que era, y cuando me pusieron en la mano aquel libro impreso en papel pambazo con tapas de pergamino, me eché a llorar amargamente, y declare que no lo quería. Mi buen padre, riendo a banderas desplegadas condescendió, y de acuerdo con la maestra, me dieron las Obligaciones del hombre. Aquí fue otra batalla, lo declaré tonto y estúpido. Nueva condescendencia de mi padre que no quería tiranizarme. Me dieron La Creación, un librito de la casa de Ackerman, era bien impreso, tenía lindas tapas. Declaré que no me divertía su lectura, y entonces  me dieron Isabel o los desterrados de Siberia. Lo devoré no sin regar sus páginas con frecuentes lágrimas.

Vea V., ya quería emociones! En adelante, los Consejos a mi Hija, Cuentos a mi Hija, Accidentes de la Infancia, Fabulas de Samaniego, decidieron de mi vocación literaria, que ha luchado contra la corriente de la opinión y de la costumbre por el espacio de 35 años, puesto que teniendo hoy 48 no cumplidos, hice mis primeras armas en la literatura con dos traducciones del francés, una o los 13 y otra a los 14 años. Mi padre las hizo imprimir a su costa—eran sus títulos: El Egoísmo y la Amistad, 1833- Mavrogenia o la Heroína de la Grecia, 1834. Esta novelita dedicada a la Sociedad de Beneficencia, llevaba al frente una carta original mía en felicitación del Colegio de Castas, establecido en San Miguel. Ya ve V. que debutaba por la Educación y me declaraba anti-esclavista y negrófila.  Ahora vea V. el reverso de la medalla.

El hijo de una amiga mía acaba de leer en la Escuela de San Nicolás la Selección, un librito del Sr Sastre; para llegar a ese resultado, ha ido día a día rompiendo las hojas, de manera que ha reducido el libro al estado de andrajo. Esperaba quedar libre de él y que le decretarían otro, porque aquel lo había leído un año entero. Pues no señor, no es así y recibe la orden fatal de traer otra Selección. En su casa, llora patea y maldice el libro. La madre, no obstante, se lo compra porque es el texto ordenado, la escuela es gratuita y no puede ella acceder a los deseos de su hijo.

El chiquillo se amotina ese día, llora, rabia, le ofrecen coscorrones y el chubasco concluye por agarrar el libro con toda furia y salir para la escuela jurando que cuando sea grande no ha de volver a tomar un libro en su mano!

Concibe V. una tortura intelectual igual a leer durante meses enteros, años, el mismo libro, roto, mugriento, insulso?

Pues ahí tiene V. la historia real de la aversión a las Bibliotecas. Nadie lee, no lo tienen por hábito, ni lo tendrán jamás, porque el primer libro de la escuela no es atractivo ni variada la lectura. Eso sería gastar mucho, proveer las escuelas de series variadas de lectura, ni las tenemos , en demanda de nuestras necesidades; porque es necesario que las primeras lecturas a la vez de deleitosas arrojen en el espíritu la simiente del deseo de saber. Es preciso que estén calculadas para revestir los conocimientos útiles de cierta gracia. Lecturas fofas, dejarán fofos los individuos toda la vida.

Toda lectura seria está proscripta; todo artículo largo pasa desapercibido porque es largo y quieren escritos chicos y farsa, por la farsa sola, se interesan en las cuestiones.

Ahora volviendo a los libros de lectura para la Escuela, el catálogo no es tan corto, como restricta la economía que los condena al destierro; porque no hay quien convenza si nuestros gobiernos que la educación es costosa, pero a la vez se gana con ella un mil por ciento en riqueza moral e intelectual, que son las creadoras de la riqueza nacional.

El otro día fui comisionada por el Dr. Saravia para confeccionar una lista de libros y de útiles para dos Escuelas Normales y dos Escuelas Modelos en Córdoba, lo que efectué, encontrando en la librería de Mackern todas las publicaciones traducidas ya al español: con todo, si no lo ha olvidado en el cúmulo de sus atenciones, debe recordar que mía fue la idea de las Escuelas Poliglotas. Yo inicié y llevé a cabo por el espacio de seis años enseñar el inglés en mi Escuela de Ambos Sexos N°1 , y la clase de francés oral duró de 1859 hasta 1861—Después de su partida me encadenaron al Horacio Sastre, y en la hora de recreo enseñaba a leer el inglés y a veces algunas explicaciones de Historia Natural en aquella magnífica carta que nos dio V. para la escuela.

La falta de libros buenos en español urge que el idioma inglés sea declarado materia de enseñanza primaria; porque es más fácil y más barato enseñar el inglés a diez mil niños que traducir diez mil obras que nos hacen falta esencial y que representarían un enorme capital solo en traducciones. Debería exigirse que todos los maestros y maestras supiesen inglés para optar a una escuela. Tal idea sugerí para Córdoba y haré adoptar en la Escuela del Socorro si se realiza la parroquial para cuya construcción nos hallamos, (no lo diga Vd. a nadie) en plena conspiración. El inglés se enseña con mucha facilidad por el libro primario de Mendeville, última edición; Olivio sabía leer inglés y conocía muchas cosas cuando se embarcó para Estados Unidos. Con la pizarra grande y ese librito, es muy fácil enseñar a, los niños más pequeños.

Hay un otro librito cuya traducción podría Vd. sugerir, es una traducción de Miss Barbara O’ Sullivan,  que se usaba mucho en los Colegios ahora 20 años para la enseñanza de idiomas vivos; pertenecía a un autor alemán Dr. Suidenstueker; yo tenía un ejemplar y lo regalé en Río Janeiro al Dr. Goldsmithe, profesor de alemán del Colegio Pedro II para que lo acomodase al estudio del alemán y portugués.

Es ese un librito más apropiado que Ollendorf para la clase primaria y que podría servir para el primer año, es todo de ejercicios. A la enseñanza del inglés salvaría el inconveniente de la frivolidad por un lado, habituando la atención por lo grato de la tarea, para los niños todo es novedad, y luego la facilidad de obtener libros buenos y baratos como será imposible obtenerlos en un siglo en castellano.

Toda la dificultad es educar una generación, una sola, en la generalidad de estas ideas; y entonces, nos hemos de ir como lista de poncho, según dicen los paisanos.

Nuestras escuelas tal como existen, sería lo mismo que si no existiesen, porque lejos de enseñar alguna cosa, pervierten el alma, embrutecen el espíritu y debilitan el cuerpo: y esto no es paradoja, es la más dolorosa de las realidades.

Maestros ignorantes, libros inadecuados, enseñanza árida y sin propósito, locales que Vd. conoce, con cinco horas no interrumpidas de labor, son más que suficientes ingredientes para envenenar la desgraciada niñez que las frecuenta. Pues todos estos males, los conoce el Dr. Avellaneda, que tan bellas teorías ha vertido en su memoria del año pasado y que Vd. transcribe.

Por qué conociendo el mal no se remedia?  Por que?… Algún día se podrá explicar la causa de este abandono doblemente imperdonable, puesto que tan bien se comprende la importancia de la educación, en un puesto en que tanto bien habría podido hacerse. Por mi parte, le confieso una excentricidad, las palabras me hacen el mismo efecto de la lluvia, cuando las acciones no las confirman: y en este punto como en todos aquellos en que está empeñada la sinceridad, soy tenaz y no transijo con nadie, ni por cosa alguna; mi divisa es el consejo de Lincoln 1° “LA VERDAD, TODA LA VERDAD” Así este su 2° número de “Ambas Américas”, bello, como cuanto sale de su pluma, adolece para mí del defecto de los mirages del horizonte visible a la hora del poniente en nuestro clima.

Qué bellas montañas dibuja él en lontananza!..  pero son nubes… agua… vapor… ilusiones de óptica; nada más!

Sin buenas escuelas primarias, jamás crearemos los otros grados de la enseñanza, y sin que esta sea difundida con largueza e idoneidad, jamás haremos concurrencia a los billares con Bibliotecas populares. Si se realiza la Escuela Parroquial del Socorro, voy a hacer adoptar el plano de Tasker School que nos viene como de molde. Veremos si es posible hacer construir una buena escuela en esta parroquia, para los tres grados de enseñanza, primario, secundario y superior, en el sistema de Ambos Sexos, y habremos puesto una pica en Flandes.

Sin embargo, espero encontrar oposición, aunque el modo de realizar la escuela de Ambos Sexos en los tres grados es facilísima. Por ejemplo diremos. Salón N°1. Mixto—Infantil. Salón N° 2. Primario mixto—Salón N° 3. Secundario-Varones—Salón N° 4. Secundario-Mujeres- Salón N° 5. Superior Varones- Salón N° 6. Superior Mujeres—Medio millón de pesos papel es lo que necesito para realizar la idea; y yo me ingeniare en montar con los elementos a la mano, una Escuela-Bostoniana; sin perjuicio de enviar por algunos útiles a Norte-América. Le aseguro a Vd. que sería el más bello día de mi vida.

– Su afectísima.

                                               Juana Manso.

 

Señor D. Domingo F. Sarmiento

Mi estimado amigo:

Ya que tan bien le ha parecido la idea de dirigirme a Ud. para ciertos asuntos en letras de molde voy a repetirlos hoy en las columnas del Nacional para que más pronto llegue a sus manos esta carta y por lo que estando impreso el número de los Anales correspondiente a Enero, tendría, a seguir aquel camino, que esperar el paquete de Marzo y yo deseo para el próximo 12 del corriente enviarle mis sinceras felicitaciones por las manifestaciones de la opinión a su favor. Cuan gratas deben ellas ser para su dolorido corazón! Cuán merecidas las tiene, y cuánto honor hacen a la juventud culta, independiente y sensata de la República Argentina!
Debiese su candidatura ser derrotada, por cábalas gubernativas, o por la reacción del elemento autocrático del caudillaje, esas manifestaciones espontáneas del patriotismo inteligente, nos salvará al menos el honor de este desgraciado país, ante los contemporáneos como ante la posteridad.
Es altamente glorioso para Ud. a la distancia, pobre de fortuna, sin partido organizado, atraer a sí como un reflector, magnético y concertar en su personalidad lejana todas las simpatías, como todas las esperanzas de un pueblo infeliz, pero palpitando de impaciencia por entrar a la vida de las naciones civilizadas, regenerándose en el bautismo santo de la educación. Qué triunfo para mí, que en el silencio de mi humilde hogar concebía la esperanza de que llegase este día! El día de oirlo aclamar por los buenos, como el piloto salvador de la nave que despedaza la borrasca! La primera vez que me atreví a insinuarle esta idea, me respondió Ud. hace dos años: “Sólo en una cabeza como la suya puede entrar la idea de que un hombre que se ocupa de escuelas llegue a ser presidente”.
No creía Ud. en su popularidad, ni en que las escuelas fuesen aun la íntima y santa aspiración de estos pueblos despedazándose ha tantos años en luchas estériles para alcanzar la libertad! Qué hermoso desengaño le reservaba el porvenir!
Algo muy original está pasando a este respecto: donde se lanza algún manifiesto proclamando su candidatura, recibo yo de los primeros un ejemplar o varios. De Chile escriben sus “rasgos biográficos”, y me mandan un paquete por el correo, con algunas líneas manuscritas para que los haga circular. La comisión nombrada por el pueblo de San Juan, me dirige con varios ejemplares del manifiesto, la circular que se ha pasado a las “entidades políticas” con cargo de corresponder cada quince días con la comisión.
Tucumán levanta el Club Sarmiento, y bajo sobreescrito se me envía el manifiesto honroso de ese pueblo. Ahí tiene Vd. pues, los pueblos de la República Argentina, provocando espontáneamente el advenimiento de los “derechos de la mujer” a la vida pública sin solicitarlo ella! Es también porque Ud. es hoy para estos pueblos, un propósito vivo, un programa nacional, más que un hombre, porque a Ud. a su nombre, a su advenimiento a la presidencia se vincula una esperanza ardiente: la de cerrar para siempre una época de horrores y borrascas, abriendo otra de reparaciones y de empresas útiles. Esa benevolencia en recordarme a mí en medio de una agitación febril electoral, es la aquiescencia a la propaganda de la educación del pueblo como base inconmovible de la República. Si su corazón hondamente herido por una pérdida irreparable, no puede alegrarse con aquel júbilo de otros días, consuélese al menos con la estruendosa justicia que le hacen sus paisanos.
Será Vd. presidente salvando al país de su total ruina; o no lo será consumándose la catástrofe, la historia registrando este hecho en sus anales hará cumplida justicia a las elevadas miras del partido liberal tratando de poner al frente de los destinos del país, el hombre guía, el solo HOMBRE capaz de arrojar en esta tierra empapada en lágrimas y en sangre, la “simiente verdadera” del gobierno popular, la educación por todos y para todos.
Voy ahora a su carta que me llega impresa. Desde la “ovación” de Chivilcoy, he bajado la voz como Ud. me lo aconseja, y tanto que rara vez hablo por la prensa diaria, si bien desde las columnas del Inválido Argentino he contestado al “liberalismo revolucionario”, con el “liberalismo ultramontano”, y para atenuar el hastío que suele visitarme en la inacción a que me reduce la costumbre, por pasatiempo reproduzco en folletín una novelita original de los tiempos en que yo escribía dramas y novelas en el Brasil por el año 52.
Su otra carta: “Lecturas” de Carlos Dickens me tuvo mohína un día entero. Así leo yo también; así oí leer una vez al Dr. Castello, portugués, hermano del poeta ciego del mismo nombre, Feliciano do Castello, el autor de los “Zelos del Cardo”, de la “Noite do Castello” y las “Reminiscencias históricas” de Portugal. No conozco otro modo de leer y cuando por desgracia mía soy obligada a oír estos discursos con olor a sermón tan en uso entre nosotros, digo suspirando en voz baja: Quién pudiera hacerles entender que necesitan aprender a leer!
Muy pequeña ejerciteme en ese arte, mi única y sola diversión de la infancia, puesto que las demás me aburrían; figúrese Ud. que yo creía leer primorosamente cuando al hacerlo una vez en Río de Janeiro, hace doce años delante de un maestro del conservatorio de París, aquél buen señor se puso a arremedarme (sic) probándome que todas mis inflexiones eran como él decía: estrambóticas! No hubo más; sujéteme a nuevo aprendizaje y a pesar de que mi maestro solía “rudoyer” un poco, acabó por quedar vencido por mi extrema docilidad y habilidad con que progresaba. La lectura es un arte precioso;tengo una hija que tiene para ello un talento especial que de nada le sirve aquí; en Chivilcoy leyó “Una hora de coquetería” por la Sra. Gorriti a la que quise asociar por su bello talento de novelista; pues creerá Vd. que mi pobre hija pasó por una “niña desenvuelta”? Nacida en Norte América, detesta las gazmoñerías, pero tiene el espíritu yankee y si me hubieran dejado quieta por allá como yo lo deseé, acaso esta hija sería hoy algo de muy distinguido, porque es artista en el alma y en la organización. Si aquí hubiese de poner su talento al servicio de la escasez de su fortuna, ay! qué disgustos no le esperarían! Para contenerla, en los inviernos, hacemos comedias de sociedad; el Sr. Higginson su recomendado (hoy rector del colegio del Uruguay) asistió a la última función y me dijo que era la primera hora agradable que pasaba, desde que había dejado su país y sus afecciones; calcule Ud. qué satisfacción experimenté con tal confesión! ¡Qué buenos ratos pasaríamos por aquí si fuesen posibles estas diversiones inocentes!
Y si yo fuese norteamericana en vez de argentina, de cuánto me servirían los recursos de mí inteligencia guiados por mí voluntad, como elemento para adquirir amplios recursos con qué proporcionar el bienestar de los míos! En vez de la penuria a que me condena nuestro modo de ser trabajaría con fruto y con gloria!
Grande será mi dicha en haber escandalizado toda una raza redimiendo la personalidad intelectual de la mujer de las torpes tradiciones orientales que nos legó la conquista; pero cuando una es madre a la vez y ve sus hijas sufrir, no es tan fácil conformarse con el martirio! Esperaremos que el porvenir cambie situación tan poco agradable; y que rompiendo los hábitos consuetudinarios fatales que nos petrifican en la adoración del pasado, nos incorporemos alguna vez al movimiento del siglo!
Las escuelas pasaron de moda, hoy es el cólera el que se lleva la palma. Treinta mil personas se calcula que han perecido desde marzo de 1867 hasta la fecha; ya no se trata pues, de vivir sino de morir. Y a propósito, el Consejo de Higiene ha tenido una “idea luminosa”: abrir lazaretos permanentes y enviar por “Sesenta Hermanas de Caridad” para enfermeras.
Quería Vd. maestras bostonianas? Para ellas no hubo dinero ni eco en el gobierno: para este otro cargamento, ya el Sr. Ministro de Gobierno de la Provincia se ha dirigido al Sr. Frías, que tiene aquí algo parecido a una Mensajería o Agencia de esos géneros o animalejos, -jesuítas, frailes, hermanas de caridad, (a sueldo, bien entendido, tanto por cabeza) y parece que la cosa se arreglará, vendrán esas santas mujeres con obligación de ir a la campaña porque es que por ahora las que tenemos aquí son de escaleras arriba, las que vienen serán de escaleras abajo.
Aquí en la ciudad, insolaciones, indigestiones, cualquier indisposición ha sido curada por cólera, dos terceras partes han muerto de los remedios: figúrese Ud. lo que habrá sido la peste en el campo, donde las madres han abandonado a sus hijos, y los hijos a las madres!… Ha sido preciso incendiar ranchos porque nadie quería enterrar los muertos: otros los han sacado a lazo arrojándolos a un pozo. Centenares de niños huérfanos y otros han perecido faltos de alimentos. Qué horrible es la barbarie! El flagelo ha servido para presentarla con toda su desnudez!…
El pánico ha sido tal que él también ha hecho centenares de víctimas. Chivilcoy fue invadido por el flagelo; de tres a cinco docenas diarias de muertos.
Perdimos a Villarino, el apoyo de la educación en Chivilcoy!
Acaba de morir Pacheco que era un honrado vecino y propicio a las Escuelas. Qué desgraciado país! Cuántos sufrimientos! En medio a la estación de las frutas y legumbres el miedo los tiene a carne nada más, y qué carne! Como Tántalo, con los dones del Creador a las manos, y todo les parece veneno. Ya no hay corazón para resistir las pérdidas; es una hecatombe sin fin! La debilidad del organismo por falta de la educación física, es incapaz de resistir el mal que en breves horas los lleva al sepulcro. No saben tampoco resistir al pánico, porque falta la fuerza moral, que solo da la educación moral. No saben definir lo que sienten porque nadie recuerda que las nociones de higiene y la fisiología son esenciales, no sólo a la preservación de la vida, sino a saber definir esos desacuerdos dinámicos del organismo que se llaman enfermedades; y nuestros médicos, sea dicho sin ofensa de su talento, parece que están a oscuras como la generalidad. Así es que toda enfermedad ha sido calificada de cólera y la prisa que se han dado en tomar antídotos o remedios contra coléricas ha ocasionado un sinnúmero de muertos.
La guerra exterior sin fin y sin solución, porque la paz con López es el deshonor del país; la montonera todavía convulsionando la sociedad y para colmo de desventuras la seca, la langosta, la pérdida de la cosecha de trigo, la peste, el hambre en perspectiva y la desmoralización que es consiguiente a estas épocas lúgubres…Volvamos la hoja!
Allá en el confín del horizonte brilla como una aurora boreal la esperanza de mejores días! Las manifestaciones de la opinión que llegan de todos los puntos de la República y lo aclaman candidato a la presidencia futura, descubren al espíritu observador un rasgo hermoso que consuela; quién lo diría mi estimado amigo! Eureka! la educación es el ideal de estos pueblos, el bello ideal en que se lanzan con un fervor que preludia el estremecimiento del entusiasmo a la obra de la regeneración! Su apostolado no ha sido inútil, su palabra no ha caído en tierra estéril, el vínculo de simpatía que existe entre Ud. y los pueblos, es la fecunda esperanza de que Ud. les dará “Escuelas”. El grito que se escapa estridente de todos los labios! gracias, Dios mío, que ha llegado este día!
La serenidad ha descendido a mi espíritu que nunca mi corazón ha latido tan suavemente por la patria. Oh!, cuánto amo a mis hermanos de San Juan, de Corrientes, de Córdoba, de La Rioja, de Salta, de Tucumán! Porque Buenos Aires ha necesitado un “meeting”, que se ha fraccionado en opiniones, que no ha escrito un manifiesto como el del Club de Sarmiento, en Tucumán! Qué bella página, mi amigo! El hombre que ha sabido, arrancarle al corazón de un pueblo, debe reconciliarse con todos los dolores que hayan podido acibarar una vida sembrada de borrascas. En el meeting del día 2 hubo un episodio interesante: alguien protestó contra la votación escrita porque la mayor parte de los ciudadanos de Buenos Aires no saben escribir! No quieren aprender, debió añadir! o algunos no quieren que aprendan!
Tiempo es ya de terminar esta larga carta, felicitándolo por el espléndido triunfo que alcanza su perseverancia de tantos años. No en lo que respecta su satisfacción personal, sino en la transfusión de su pensamiento en la mente de su pueblo, en haber conseguido al fin que el ideal de su alma, sea prohijado por una generación entera y ver elevarse su nombre entre las auras de una popularidad merecida, lanzado por millares de bocas como una plegaria o una invocación, haciendo de su nombre SARMIENTO, el sinónimo de un vasto programa de felicidad común con la educación por base. Estos triunfos pacíficos que a nadie cuestan una lágrima, estas glorias sin remordimientos y sin zozobras, qué hermosas son Dios mío! Qué grande revolución en las ideas significa este afán de los pueblos en llamar al frente de sus destinos “al humilde maestro de escuela” como le llaman los tucumanos. Si triunfamos de los últimos escollos que embarazan el camino, el pensamiento político de Mayo se cumplirá y la República Argentina verá al apóstol de esta nueva faz de nuestra inmortal revolución.
Con Ud. presidiendo los destinos del país arrastraremos la América en peso a la Confederación de las Repúblicas por Congresos educacionistas, plantará Ud. el grano de mostaza que cobijará a su sombra las generaciones del porvenir,

Su affma. Juana Manso

Excmo. Sr. Dn. D. F. Sarmiento

Mi estimado amigo:

Anoche recibí su apreciable fha. de ayer y en cumplimiento de mi anterior promesa, vine en este momento a pedirle, almorzar con Ud. el último día del año para terminarlo juntos, y de viva voz darle mis felicitaciones por la terminación de la guerra del Paraguay y ofrecer mis votos para el nuevo año; pero el hombre propone y Dios dispone, me encuentro en taperas y me volveré en ayunas a almorzar donde pueda. Es un chasco que si cayese bajo el lápiz de Stein haría reír a mis costillas. -Sobre Benites, le daré la clave del enigma; es una coincidencia fatal que le haya ofrecido Ud. el Jugado de San Juan, el mismo que por intermedio de Dn. Nemesio Rojo, le hizo ofrecer el General Mitre como especie de transacción y a la vez destierro político hace un año; confiese Ud. que debe haberle producido muy dolorosa impresión. En su respuesta de falta de prestigio para ser juez, hay más sinceridad que alusión, porque ayer mañana me decía: “he hecho mal en adelantarme, me falta ilustración, literatura y un estudio más extenso de la historia, voy a serenar mi espíritu al Paraguay» -Dice Ud. que “soy madre” y de “cada desamparado que encuentro hago un hijo mimado”, acepto la calificación; no he olvidado aquella máxima que es base del cristianismo… “haz a tu prójimo lo que para ti desees”. – Comprendo que los cuidados de su administración han de absorber su preferente atención pero no eche mi amigo al olvido que se gobierna con los hombres; que por consecuencia, los intereses individuales y las pasiones de cada hombre suelen pesar en la balanza de las resoluciones íntimas más que el deber y la abnegación; así como que, las pequeñas causas producen grandes efectos. Bueno es tender la vista y dilatar el alma por los horizontes del infinito, pero en el poder es donde más debemos recordar a los que sufren y los amigos desgraciados. -Perdone el sermón, estoy inspirada en el ayuno. Ahora no se hasta cuando porque no puedo venir á menudo. Buen año y mucha felicidad.- Su invariable amiga.-

Juana Manso

Excmo. Señor Da. D. F. Sarmiento

Mi estimado amigo:

Incluyo a Vd. otras pruebas en galera, pues el Impresor me hace presente las dificultades de corregir en la página armada. He recurrido al testo y al Diccionario como Vd. ha marcado, sin motivo de arrepentirme de las veces usadas, aceptando empero sus indicaciones con salvedades como en la voz “preciso”, más castellanas que nosotros, puesto que somos argentinos. Además, cualquier escritor manejando medianamente el portuguez (sic), en la ocacíón (sic) presente habría dicho “ñao careco”, que es mucho más elegante y correcto, porque el “precizo” portugués aunque semejante en su fondo al español como lenguas que se confunden en su origen no tiene una acepción idéntica.
Los claros que notará en esta prueba son palabras griegas que así están en el original, pero nuestras imprentas no tienen grifo griego. El Sr. Regazzoli autor de una historia universal hoy en prensa, traducirá para mí esas palabras.
“Elemtheria”, así escrito en el texto inglés, debe ser voz griega en el tipo vulgar, acaso signifique Libertad como parece indicarlo el sentido de la frase. No conozco la lengua de Homero. No olvido que estos libros serán acaso criticados con acrimonia, pero creo a la vez que el gobierno como, dueño de imponer sus condiciones habría hecho bien en poner a su decreto de traducción la cláusula de censura previa antes de abonar el trabajo. Esto era lícito aun cuando acusase poca confianza en la elección de los traductores, los que por su parte hubieran tenido toda la libertad de aceptar o no las contriciones de su nombramiento, mientras que con el proceder actual no sólo gravita sobre ellos una responsabilidad sino que para algunos es mortificante, y una humillación gratuita que acusa en los “literatos” de este país la última de las miserias humanas: no saber su propia lengua.
Esperando sus órdenes me suscribo como siempre su affma.

Juana Manso

Cartas de Juana Manso a Mary Mann

Calle San Martin 299

Señora Da. María Mann

Mi querida señora:

Tengo dos cartas suyas pa. responder. La primera fha. 5 de Fbro. que recibí con bastante atraso y la que por mano de los S.S. Dr. Thayre y Higginson, ha tenido V. la bondad de dirigirme; haciéndome el honor de recomendarlos. Sus interesantes cartas son para mí un consuelo, como lo será la lectura del precioso libro “Pensamientos de Horacio Mann”, que con el retrato de aquel inmortal apóstol de la humanidad me ha entregado el Dr. Thayre en nombre de V. En adelante cada número de los Anales, mientras me sea dado escribirlos, llevarán alguno de esos sublimes pensamientos.
El mismo Dr. Thayre me ha favorecido regalándome el segundo tomo de las Lecturas y Reports de Mr. Mann, poniendo a mi disposición otros Reports muy interesantes. Esta clase de lecturas, me consolarán en el completo naufragio de mis ilusiones y de mis esperanzas, lo que no debo ocultar a V., puesto que en mi modo de ser y de pensar la sinceridad está arriba de toda otra consideración (sic), y este amor inalterable de la verdad y de la justicia, son los laureles de mi derrota, puesto que hay derrotas que son un triunfo. El Sr. Sarmiento creo que más bien trata de engañarse a sí mismo que no suponer cede a ilusiones cuando conoce tan bien el modo de ser de su país y mío. Yo he luchado con una osadía y un arrojo de que sólo mis numerosos artículos en los diarios podrían dar a V. una idea, y solo enmudeceré para combatir la injusticia, cuando deje de existir o la fuerza me lo vede. Nada he conseguido; ese movimiento de la prensa es un falso síntoma, es una apariencia del Jesuitismo para desnortearme (sic) a mí. Se ha hecho mucha bulla con la Ley de Escuelas, fui llamada por el gobno. de este Estado para trazar el proyecto, y cuando pedí tierras para constituir el Fondo permanente del Estado, no sólo me las han negado, sino que en una consulta de dos horas con el Ministro, pude apreciar que no hay intención seria de organizar la Educación como es debido. Quisieron que les hiciera un reglamento fofo que a nada conducía y decliné el honor que se me ofrecía, prefiriendo quedar con mis convicciones y mi sinceridad, antes que sacrificar mi conciencia. El estado del país, por otra parte, es horrible; es el desquicio universal, el desplome de la sociedad que falta de las bases de la moral y de la inteligencia cultivada, rueda en el vacío a precipitarse en el abismo. La guerra, como un vasto incendio, nos envuelve por todas partes, no hay “un hombre” que domine la situación, y yo no sé qué fin llevaremos todos.
Sus recomendados no han encontrado acogida en ninguno de los dos gobnos. y temo que se quieran volver a E. U. Todavía veré si de otro modo pudieran quedarse. Le remito por este paquete los Anales de Julio, y por buque de vela le enviaré desde Fbro. El próximo paquete volveré a escribirle.

Su ffma.
Juana Manso

Calle San Martín 299.
Mrs. Mary Mann.

My dear lady: I am grateful to you for your very Kind letter of the 27th. Augt and I vill do all in my power to meet your viens, not only as regard those upon Education, but also the benefit’s to myself in having such an acomplished and appreciated correspondant. I hope too, to translate many of your writings for my Anales, wich-will be enriched by your worthy thoughts.
And now my dear lady I beg your pardon and having thow to you my bad english I am gown to continue my letter in my lenguage, in regard to be more comprehensible to you.
Mis trabajos son a la verdad no tanto, (no diré como bondadosamente V. los juzga), “admirables”, sino arduos y difíciles, porque estoy “sola*’. No hay aquí la posibilidad de reunir amigos, o prosélitos, o asociación: no existe interés de especie alguna por la educación pública, y a eso se reúne que la muger no tiene entre nosotros personalidad intelectual sancionada por los códigos o las costumbres. La muger en esta América es un menor, su influencia, ninguna, son semillas coloniales. Necesario se torna explicar a V. las causas que se oponen entre nosotros al desarrollo de las ideas y de los progresos de la civilización moderna, encarnada hoi en el pueblo de los Estados Unidos.
Nuestro país salió de la vida salvage por intermedio de la conquista, y los maestros que la iniciaron a la civilización, fueron, el fanatismo, la rutina y la pereza.
Los Españoles no daban otra educación a sus hijos entonces, ni hoy. Dividíase la tierra en inmensos lotes, arrojando así los cimientos de la desigualdad de la riqueza, y cerrando la puerta del porvenir a centenares de generaciones, mientras se creaba así un feudalismo de dinero. Leyes especialmente inadecuadas al desarrollo moral e intelectual de la humanidad formaron temprano la trama de nuestra sociedad y su estructura física
La revolución que a principio de este siglo conmovió toda la América del Sud —dirigió sus primeros esfuerzos al rompimiento material con la madre patria que efectuó la Independencia, quedando en las fibras del cuerpo social las envenenadas raíces de la Colonia.
Esa fué la mente de Rivadavia que no comprendieron. Vino la reacción del despotismo primitivo, encarnada en Rosas que reinó veinte años.
La tentativa de la aplicación de instituciones democráticas y liberales sin pueblo que las comprenda y ejecute, hai ‘ ”
(Aquí se interrumpe el manuscrito)

Carta de Mary Mann a Juana Manso

Ortografía original

Maria  Mann

Esta ilustre escritora Norte-Americana, viuda del gran Apóstol de la Educacion Comun, el inmortal Horacio Mann, al que su pueblo ha levantado una estatua de bronce y pedestal de gra nito; esta señora que á una instruccion poco comun, reune el don sublime de la simplicidad del corazon, alma anjelicalcomo le llama Sarmiento, esta pensadora que por el espacio de veinte y un años ha enseñado en las Escuelas de la Nueva Inglaterra, nos ha dirijido un saludo de fraternidad, nos ha estendido una mano de amiga al traves del océano. Ella ha tenido lástima de 1a pobre mujer aislada en esta ribera del atlántico; ella tan grande en la esfera de la intelijencia, ha venido animada por el espíritu de caridad, hacia la humilde obrera del Rio de la Plata.

La señora Mann será de hoy en adelante corresponsal de los Anales de la Educacion, y acaso puédamos mas tarde contar con el apoyo de otras esclarecidas escritoras de aquel pais, que se encarguen de transmitimos todos los meses el asombroso movimiento del progreso de la educacion en la gran República.

Hoy damos á continuacion la carta que nos ha dirijido la señora Mann; al vertirla al castellano, dudamos conservarle aquel aroma que se desprende de un alma como la que la ha dictado. Confesaremos que nos ha hecho un gran bien, porque no hay martirio mas doloroso para un corazon tierno, que condenarlo á vejetar en el aislamiento y en la indiferencia.

Hé aquí la carta de la Señora Mann.

Señora Manso.

Mi querida Señora:

Hace tiempo que deseo escribir á V. por que me interesan mucho los pormenores que de su carácter tengo por nuestro comun amigo el señor Sarmiento, asi como sus admirables trabajos por la causa de la educacion en su pais. El señor Sarmiento, suele favorecerme prestándome los Diarios de sud América y en algunos números de los Anales de la Educacion Comun, he visto los escritos de V. y comprendido qué clase de espíritu es el suyo. Me interesan mucho los planes del señor Sarmiento, de llevar maestras de la nueva Inglaterra á su pais, que introduzcan algunos de nuestros métodos é inoculen en sus compatriotas nuestro celo por la educacion. Deseo inducir á algunos de nuestros pensadores y especiales institutores que vayan, y si yo misma fuese mas joven iria. He enseñado por el espacio de veinte y un años y no estaba cansada, siempre pienso en mi última escuela la mas interesante, me gustaba enseñar á los párvulos, y mis amigos me entregaban los suyos, para que los guiase como mios propios. Espero inducir una de mis amigas que tiene mi amor por el arte, y mas poder que el que yo he tenido para hacer bien las cosas; ella podria dirijir una Escuela-jardín. Cuando la señora Pearson vuelva á Buenos Aires, enviaré á V. un libro escrito por mi hermana y colaborado por mi, el que espero le hará á V. amar las escuelas-jardines de niños, y tal vez pudiera V. asociarse á Miss Carlies si por fin se decide á ir y hacer conocer estos paraísos de los párvulos. Le ayudaría V. mucho dándole nociones del idioma, uniéndose á ella, si tiene el espíritu recto que confio encontrará en V.; su habilidad se manifestaria luego. Todos pueden enseñar á leer, escribir, corregir, descifrar los mapas, &; pero no todos pueden educar. Estoy segura que ningun padre de familia, despues de seis meses de prueba, dejaría de confesar que Miss Carlies no habia hablado al alma de su niño.

Se admirará V. cuando le confiese que soy tan presuntuosa, que he emprendido escribir la biografia de nuestro noble amigo el señor Sarmiento. He estado leyendo sus viages, su libro Civilizacion y Barbarie, sus nobles pensamientos en el Monitor, los Anales, su grande obra la Educacion Popular y estoy abismada, como sus compatriotas no le han dicho ya. “Tómenos de la mano, y haga con nosotros lo que V. cree que somos capaces de hacer”; por que su admirable vida, intelectual, sus glorias, y los actos distinguidos de su vida lo habilitan con el poder de guiar la Iegislacion tanto como la educacion del pueblo. He leido sus viajes como si leyese un romance. El castiga las naciones con tal conocimiento de los secretos de su vida material y poder, ó muerte nacional y localidad, que el lector encuentra su descanso leyendo. El me ha dicho que el libro es poco conocido en su pais. Recuerdo que ninguno es profeta en su tierra con honra y con gloria; que hay pocas comunidades que tengan un hombre tan grande y tan bueno como él; pero sus triunfos han sido de tal naturaleza, que me admiro como sus libros no sean leídos con ardor. Desearía conocer los pensamientos de un tal hombre sobre todas las materias, porque es un historiador tan profundo, que sus menos cultivados compatriotas deberían aprender de él todo cuanto necesitan saber. Tengo ya esbozada su hermosa vida y puedo contemplar sus obras y trabajos que he coleccionado, y puliendo todos los rasgos de su biografia, no me decido á terminar, tan absorta me encuentro en mi deliciosa tarea. Mil cosas le pregunto sobre si mismo, y sobre su pais que espero no las tomará por una impertinente curiosidad, y catequiso todos aquellos que algo puedan decirme á su respecto. Deseo que algo tambien me diga V. He traducido mil preciosos trozos de sus escritos, pero mi pequeña biografia debe aparecer en el periódico de Educacion de Barnard, entre las biografias de los Educacionistas notables y no puedo tomar todo el espacio que deseo. Si el Sr. Sarmiento hablase un poco mas el ingles, se haría conocer á sí mismo aquí mejor que de modo alguno, máxime teniendo ya amigos, admiradores y que nuestro pueblo es muy entusiasta por los compatriotas de V. y su espléndido pais. Yo espero que el credo de Vds. triunfará pronto y que cultivarán Vds. las artes de la paz, gozando de la independencia que conquistaron. Entre nosotros los débiles procuran cuestiones, pero los hombres leales de la nacion son fuertes en demasía para batírlos. La inteligencia esta muy difundida y nuestra historia nacional muy bien comprendida en nuestros distritos rurales donde los libros llegan para cada hombre, muger, muchacho y muchacha, que los malos consejos poco pueden prevalecer. En punto á cultura intelectual, nunca he visto un caso tan maravilloso como el del Sr. Sarmiento que en  edad tan temprana, por si mismo se ha trasportado con la imaginacion á cada polo de la tierra, y comprendido la política de las naciones y la exacta razon de su cultura y prosperidad. Qué lástima que un tal hombre envegezca, necesitaríamos que viviese algunas generaciones para difundir la sabiduría que posee. Mi amado marido, decía á menudo que le gustaría vivir cien años, para pensar, escribir y enseñar. Le parecía á él que era poco la labor de sesenta y tres años! –

Espero que lea V. mi ingles, y que será V. desde ahora mi corresponsal. Dice el Sr. Sarmiento, que si es posible vendrá V. á este país; si se realiza esto, esté segura que tiene aqui una amiga. Tengo su fotografia en mi album, y á menudo la contemplo con estimacion.

Maria Mann.

Otras cartas

Ortografía original

Buenos Aires, Calle San Martín 299, Noviembre 28 de 1866.

Sr. D. Manuel Villarino.

Muy distinguido señor:

He tenido el placer de recibir la copia del acta de la primer reunion de la sociedad para la Biblioteca popular de Chivilcoy, lo que me demuestra que es esta ya un hecho realizado en la vida intelectual de ese pueblo, por lo que me congratulo íntimamente en la mínima parto que me haya podido caber, cual ha sido la de realizar el pensamiento del gran apóstol de la educacion comun Sr. Sarmiento.  Suya es la gloria de la iniciacion en mi, y mia ha sido la realizacion de su idea con pequeño sacrificio.

Acepto sin embargo gustosa, el honor que Vds. me hacen colocando mi retrato en esa Biblioteca bien que me permitirán lo considere mas como un recuerdo que mis amigos desean conservar de mi, que como el tributo de gratitud que los pueblos disciernen á sus bienhechores, ó á los genios que como Rivadavia y Mann se inmortalizan por sus obras, honrando el suelo que los vio nacer y legando su ejemplo á las generaciones del porvenir.

La obra, sin embargo, está solo en los comienzos, y yo vuelvo á recurrir al patriotismo y á la generosidad de los Chivilcoyanos, para que su realizacion práctica tenga para el porvenir la magestad y el provecho de las conquistas pacíficas de la inteligencia, cuyo desarrollo se efectúa con la duracion limitada del tiempo y el sucederse de las generaciones.

Nunca las ideas íntimamente relacionadas con el desenvolvimiento moral é intelectual de los pueblos, deben abandonarse á las caprichosas desigualdades del acaso y de los sucesos.

El progreso es á la vez que una ciencia que engrandece las naciones, una religion que ennoblece el espíritu de los que profesan su culto; pero que necesita para fortificar su doctrina y realizar sus prodigios, simbolizarse á la mente de las mazas por la forma visible: los templos del progreso son las Escuelas y las Bibliotecas en su arquitectura especial.

El Banquero Americano Mr. George Peabody acaba de dotar á la ciudad de Jorgetawn, con una Biblioteca popular, destinando al efecto 12 mil pesos fuertes de su bolsillo.

Pero yo que atravieso la vida como el mendigo de la Escritura, sola y desnuda: en falta de los millones que no poseo, haré de mi labor intelectual, la alquimia que nos dé los medios pecuniarios que necesita la construccion del Edificio para la Biblioteca. Me propongo dar Lecturas periódicas, cuyo producto se consagre á ese solo objeto. En esta virtud suplico á Vd. que active una reunion de la Sociedad para pedir á la Municipalidad un terreno de los reservados para edificios públicos y cuya superficie sea de 12 varas de frente por 25 á treinta de fondo, donde poder construir un salon de 7 varas de ancho por 14 de largo y 5 ½ á 6 de luz con ventanas laterales y espacios al frente, y fondo donde cultivar flores, árboles, y tener un pozo.

Podré salir de la ciudad el 21, hacer la lectura el 22, y el 23 ante-víspera de la Natividad, colocaremos la piedra inaugural con asistencia de los niños de las Escuelas, puesto que son ellos los que cosecharán nuestra sementera.

Es mi deseo que esta Lectura sea dada solo por Señoras, á fin de que cumpliendo su mision maternal, prepare la mujer la vida de la luz á la generacion naciente. Al efecto una de mis hijas me acompañará y Vds. pueden invitar á las amables señoritas que ya me acompañaron una vez, escogiendo Vds. mismos los trozos que han de leer y calculando que con intermedios de música, sea su duracion de dos horas ó tres lo sumo. No  olviden invitar al Sr. Parasuelas, que prepare el himno nacional por señoritas; otra hija mia cantará tambien, y los niños pueden ensayar para el acto de la inauguracion.

Sin otro motivo y agradeciendo á V. personalmente la inciativa del obsequio que se me tributa, me susbcribo de V.

S. S. S.

Juana Manso

Querido Olivio:

Me escribe el Sr. Sarmiento que tus profesores están contentos contigo, y puedes hacer idea que esta noticia ha sido para mí de verdadero placer, puesto que todo mi anhelo es que lleguen todos Vds. a ser unos hombres dignos del nombre de su padre. Como de Saturnino, los informes no son tan buenos mandé proponer al Sr. Alvarez que cambiase enviando a Ramón y trajesen a Nino a la Escuela de Palermo; pero tú sabes que yo no tengo el dinero de vosotros y sólo puedo dar una opinión. He instado bastante para que vaya Ramón pero he comprendido que no quiere Dn. Pedro mandarlo, y yo no estoy contenta con los Colegios aquí, no me gustan. Ramón ha comenzado este año el inglés. Escríbeme todos los meses máxime ahora que dicen, se viene el Sr. Sarmiento. Sigue tu buena conducta que no te ha de pesar, algún día valorarás el bien que hoy recibes. — Recuerdos a Nino y a ambas de las muchachas. Ramón está a pupilo en lo de Hempel, viene a comer los domingos, siempre pelele.
-Un abrazo y un beso.

Juana Manso

Buenos Aires,12 de febrero de 1867

Secretaria de la Sociedad Fraternal.

Buenos Aires, Diciembre 5 de 1866.

 Sra. Da. Juana Manso

Estimada señora:

Al salir Vd. de la puerta del Colegio, la Comision creyó un deber de rigorosa justicia, manifestar á Vd. de algun modo, su eterna, gratitud por el importante servicio que acababa de prestarle.

Para este fin, creyó conveniente ofertar á V. el diploma de Sócia honoraria como un testimonio de nuestro agradecimiento, y al mismo tiempo, hacerle presente, que si algun dia ha tenido feliz en doce años de lucha constante, y en medio de todas las tempestades y borrascas políticas por que ha pasado nuestro pais, ha sido aquel en que ha visto en su seno y con tanta familiaridad, á una de las primeras notabilidades del pais.

Su notable y democrático discurso nos ha revelado que tiene V. una alma y un corazon bien templado, para ponerlo siempre al servicio de la humanidad.

La Comision cree, que no será la última vez que tendrá el honor de tenerla en su seno, si es que asi lo tiene V. á bien; para recordar de nuevo aquel dia feliz, que no se borrará jamas de su memoria. Saludo á V. respetuosamente.

 Jose C. Gutierrez.

Manuel Posadas,

Secretario en Comision


 

Buenos Aires, calle San Martin 299.

11 de Diciembre de 1866

 Sr. D. José C. Guiierrez

Señor de mi aprecio:

Causas agenas á mi voluntad, han retardado contestar la sentida nota, en que á nombre de la Sociedad Fraternal, me ofrece V. el título de Socia honoraria, en prueba de la gratitud de esa corporacion a mi visita a su escuela, exámenes y cariño manifestado á sus niñas, como la simpatía que me inspiran los largos sufrimientos que pesan sobre los hombres de color.

Nada mas he hecho que cumplir con el deber que me imponen mis convicciones, y si esa ternura derramada sobre corazones hondamente ulcerados por renitentes injusticias, ha causado á esa Sociedad el placer que me manifiesta su nota, crea V. que esa manifestacion sencilla y espontánea no me ha conmovido menos.

Acepto, pues, con suma gratitud el honor que Vds. quieren dispensarme, y espero que mi presencia en el seno de esa Sociedad, no será inútil ni á los propósitos de la Asociacion, ni á la revindicacion de los derechos, cuya garantia es una bien dirijida educación.

Dios guarde á V. muchos años.

Juana Manso

Buenos Aires, enero 25 de 1868.

Sr. D. Alejo Aveleyra, Presidente de la Sociedad
“Estímulo Literario”.
Distinguido señor
He tenido el honor de recibir la carta de fecha 19 del corriente, que me dirige V., a nombre de la Sociedad “Estímulo Literario que acaba de fundarse por algunos jóvenes amantes del progreso, participándome que ha tenido á bien nombrarme como Socia honoraria y aun invitándome á asistir á sus reuniones.
El objeto que Vds. se proponen no es solo noble, Sr. Presidente; es vital para nuestro país. ¿Qué son los pueblos sin literatura ante la historia? Polvo disperso sobre la superficie de la tierra, nada más. ¿Qué otra huella del pasaje puede dejarse en pos de la vida material, que las conquistas de la inteligencia, los libros y los monumentos?
…Hoy son Vds. un núcleo de jóvenes, ardorosos en el estudio; pero mañana serias responsabilidades pesarán sobre sus estudios juveniles aun cuando llegue ese día no olviden que el verdadero estímulo literario es combatir la ignorancia: enseñar á leer al pueblo para que haya escritores y la carrera de las letras ofrezca no solo gloria sino medios de subsistencia al operario de la intelijencia.
La generación que emprenda con fé la difusión de la enseñanza entre nuestras bárbaras masas, será una generación bendita y su obra el cumplimiento del testimonio de Mayo.
Agradeciendo a Vds. la honrosa distinción, les confieso que ella es para mi tan valiosa, cuanto que la considero una especie de justicia póstuma.
Rodéame la indiferencia y persisto; brisas glaciales se ciernen sobre mi cabeza y persisto — acaso la perseverancia de un apostolado que se desecha por inútil, será la sola memoria que dejaré a mi patria.
Con los votos que hago por la gloria y porvenir de esa Sociedad saludo al Sr. Presidente, á quien Dios guarde.

Juana Manso

Carta enderezada a D. Luis Telmo Pintos, director de “La Ondina del Plata”. — Conf. el número 2, de febrero 14 de 1875

Belgrano, 7 de febrero de 1875.-

Muy distinguidos señores:

Con tres días de retardo y el hallarme en el campo ha obstado el que contestase antes la atenta y la honrosa carta que han tenido V. V. la bondad de dirigirme, depositario en mi humilde criterio un grado de confianza que acaso existe más en la bondad de V. V. para conmigo que no en mi propio merecimiento. Antes de ahora había leído el programa del semanario que V. V. se proponen publicar, simpatizando tanto o más con el noble intento de V. V. cuanto más de una vez he lamentado hondamente en el fondo de mi alma, el extravío de la libertad de la palabra escrita, convertida por la irreflexión de los que la manejaban en la horrible picota adonde se clavaba sin piedad el honor de la doncella, como el de la madre de familia. Esa falta de respeto a la mujer ha hecho un gran mal a esta sociedad, degradando la más bella porción del linaje humano, por el sarcasmo y por el ultraje llevado hasta la calumnia. Es tiempo, sí, que los espíritus elevados y los corazones generosos alcen con brazo robusto el lábaro de la redención de la más hermosa de las conquistas civiles, la libertad de la prensa. Qué juicio podía formarse seis años atrás de nuestra cultura el extranjero que leyese aquellos papeluchos, donde bajo el epígrafe “marítima” se lanzaba en pedazos palpitantes el corazón de las niñas sin recordar que Dios ha hecho invulnerable la conciencia individual, y que es una triste cobardía el llevar su mano sacrílega al seno de una desgraciada mujer para exponer a la risa el pensamiento escondido en el santuario del alma. Tiempo es también de cultivar por una lectura sana las facultades de una mujer; porque con madres estúpidas e ignorantes es un sueño pretender formar la familia. Pueden V. V. contar con mi póbre contingente para “La Ondina del Plata”, siempre que mis numerosas ocupaciones no me lo estorben. Con este motivo soy de V. V.

Affina. S. S. Juana Manso.

Casa de Vds. Chile 312.

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