Carta de Sarmiento a Juana Manso Chicago.1866

Señora D Juana Manso.

Chicago, Illinois, Agosto 18 de 1866

Mi estimada amiga:

Le escribo desde la reina del Oeste a orillas del Lago  Michigan, en Chicago, la prodigiosa ciudad que hace quince años, viene saliendo del seno de un ciénago, con sus palacios de mármol, sus fábricas, sus templos, y lanzando a tres de sus frentes: quince ferro-carriles que le traen para alimentar su estupendo comercio, montañas de tablas y maderas de diez mil leguas cuadradas de bosques vírgenes; los cereales que bastan y sobran para asegurar contra el hambre a toda la tierra; las peleterías del polo, los ganados de sus praderas rivales de nuestras Pampas. Aquí Dios es más grande que en otras partes, y el hombre es más grande que toda la especie humana. He visto lo que pocos reyes de la tierra habrán contemplado: he visto trescientas leguas de país a lo largo, y de ancho cuanto alcanza la vista, plantado de maiz! Qué glorioso espectáculo! Cuánta existencia asegurada! Cuanto himno de gratitud entonado a Dios desde los log-houses (ranchos), que se alzan aquí y allí, esperando la cosecha para transformarse en lindas mansiones, en que reinará la abundancia arrullada por los ensueños de esperanzas que van a ser realidades! Y este maíz, que cosechado formará montañas, es la primera calidad existente en el mundo: (1) arada la tierra con el arado Gang, con que un solo hombre ara de cuatro a seis acres al día: sembrado con el sembrador con que un hombre y un niño, siembran en hileras equidistantes, veinte acres al día: desgranado con el auxiliador Sulky, y que es manejado por un hombre y un niño haciendo el trabajo de diez hombres. Qué máquinas son aquellas coloradas de que van cargados tantos carros de aquel tren? preguntaba yo esta mañana al ver desfilar una porción de barnizadas y complicadas construciones. Son, me dijeron, máquinas de cegar, que van a las cosechas de trigo. (2)

Lo que asombra aquí, lo que será siempre nuestra desesperación, es que a medida que uno se aleja de las costas, cuanto más recientes son las poblaciones mayores son los progresos, mayor el desarrollo de la civilización. Estoy en el Illinois, a un paso (de ferro-carril) del teatro de las primeras escenas de la vida de Lincoln, y Nueva York, me parece una vieja ciudad, atrasada y sin movimiento, en presencia de esta Chicago advenediza, que tiene doscientos mil habitantes y dobla cada cuatro años su población. Ahora veinte, la valija la llevaba el correo a caballo, como en nuestra Pampa; y hoy quince ferro-carriles no dan vasto al movimiento. Diez puentes giratorios atraviesan el río Chicago; pero como los buques que entran y salen no se cortan, resulta que los puentes son una veleta continua, abriéndose y cerrándose para darles paso, con lo que se hacen inútiles o en extremo embarazosos para su objeto.  Se trata, por tanto de hacer otros tantos túneles debajo del río, y quitar los puentes. Lo harán.

He dicho que la ciudad parece salir del seno de un ciénago. Como ha principiado a vivir y crecer, como un niño sin padres, encontróse después de construidas las más lujosas manzanas (blok) del comercio, que estaban las casas muy en bajo. Nada más sencillo! Fuertes empresas acometieron la obra de suspender las casas de piedra de seis pisos de alto con sus mercaderías, y habitantes una vara más arriba toda la ciudad ha sido alzada. Y por medio de mecanismos estupendos. Eso si! Calles de treinta y dos varas de ancho, veredas de siete, empedrados de laja de canto, labrada que resuelve al fin el problema del empedrado inamovible. Lo que me ha hecho saltar de gusto, es que las veredas de Chicago, son de laja blanca labrada en paralelogramos, cuan ancha es la vereda de aquella misma, mismísima laja blanca (mármol Tiburtino) de que hice construir en San Juan puentes y enlazados. Tiénenla allí, en enormes fragmentos, (que desperdician sin previsión;) pero Dios da bizcocho al que no tiene muelas! La piedra blanca es lo único que he encontrado de común entre el nuestro y este Far West! (lejano Oeste) la hablilla antes, donde reinaba la ley linch, vagaban millares de búfalos, y escalpaban los indios, y asiento hoy de las más estupendas creaciones de la inteligencia humana. La ópera de Chicago es la primera de los Estados Unidos, lo que muestra que no todo es fábricas, industria, agricultura y comercio. Ni un hombre que lleve barbas, ha nacido en Chicago, y si como en Buenos Aires, a más de cierta edad, hubiese de necesitarse ser nacido en la tierra para ser Gobernador, tendríase como los egipcios para renovarse  buey Apis, que instruir pesquizas para hallar al que nació elegible.

Los niños de las Escuelas según leo en los diarios, son la mayor parte extranjeros. Qué escuelas! Voy a visitarlas luego, con el superintendente que en New-York y en Indianópolis me ha prodigado toda clase de atenciones. Chicago es célebre por sus libros de educación, rivalizando con los de Boston. Es una verdadera capital de las artes, de las ciencias y del comercio. En Chicago está después del Lord Ross, el más célebre telescopio del mundo, y sus astrónomos han añadido algunas asteroides, y algunos descubrimientos a la ciencia humana.

Creerá V. que solo el deseo de ver por mis ojos estas maravillas me trae por aquí? Si por mi fuera, como el andaluz a quien se le había ido la silla a las orejas de la mula, decía al arriero: “Cebe V. mula, que ya esta se acaba; yo le diría a Dios a fuerza de viajar, y mediante los ferro-carriles, cebe su señoría mundo, que lo que es este, ya se me acaba. He necesitado contenerme a dos manos para no tomar un ticket para Kansas-City, doscientas leguas más al Oeste, adonde llega ya el ferro-carril al Pacífico.

Vine a Indianopolis, tras las mulas de Labegoya, no me tuerzan mis propósitos. A mis carneros! Habíanme dado cita en Indianopolis la Asociación, de Superintendente de Escuelas, de todos los Estados para tener en esta ciudad habitada por Indios ahora treinta años, como su nombre lo dice, para promover la formación de un Departamento Nacional de Educación Común.

La Asociación de Escuelas Normales para difundirlas en todos los Estados debía reunirse en seguida, y la Asociación Nacional de maestros debía tener tres días de sesiones en seguida; y yo estaba invitado a todas ellas como lo había sido el año anterior, no pudiendo asistir a la Asociación Americana de instrucción que se reunió en Burlington New Hampshire por falta de tiempo. Fue la que concluyó ayer, una semana magna, consagrada al progreso de la educación y sería de quedar postrado, después de seis días de sesiones, de a tres de dos y tres horas al día, si la exaltación de las facultades mentales, y la nobleza de los propósitos no dieran fuerzas iguales a las del soldado en una cruda campaña aun sin el estímulo de la gloria y al aguijón del peligro. En el informe pasado al gobierno el año pasado, hablé mucho de estas asociaciones con entusiasmo que debiera estar ya agotado siéndome tan familiares sus trabajos. Pero por lo que por mi pasa, juzgo y me explico lo que debe suceder a estos animosos trabajadores, que persiguen la gloriosa obra llevando la antorcha de un extremo a otro del Estado. El Presidente de la Asociación Americana de instrucción, después de tres días de sesiones en Burlington, hacía cuarenta  cincuenta horas de ex-pres-tren día y noche para presidir en Indianopolis la Asociacíón de superintendentes. Veinte de estos estaban reunidos al abrirse la sesión, y a más diez Presidentes de universidades célebres, algunos Profesores, los Directores de las Escuelas Normales y Maestros y Maestras de los vecinos Estados suficientes para llenar el Templo de los Baptistas. La de superintendentes fue tenida en el Capitolio, presidida en su apertura por el Gobernador Morton. Lo que ha pasado en estas sesiones, las elocuentes palabras que han resonado en las bóvedas de estos augustos monumentos requerirían gruesos volúmenes para recopilarlas. Veré de mandarle los programas, a fin de que se vaya iniciando en la estrategia de estos procedimientos.

Una asociación argentina de amigos de la educación, había de reunirse en el Rosario para que concurrieran de Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe, Entre Ríos! Necesitamos formar la opinión pública, levantar la barra insuperable que nos mantiene en el atraso y la barbarie. Pasarla ó morir de inanición. No hay medio…

Si pudiera extractar siquiera el discurso de un representante de la Legislatura de Tenesse [estado antes rebelde] ¡Vds., decía, los del Norte no se imaginan como es el espíritu de la sociedad del Sur! No hay escuelas públicas, no hay educación común porque nadie la quiere, son dos sociedades, una de caballeros y otra de pobres del pueblo; los caballeros fundan universidades y colegios, para los suyos, para sus hijos, con las rentas que pagan los pobres y ricos; de manera que los pobres les ayudan a costear de balde la educación de sus propios hijos, y los blancos pobres, como han nacido en la ignorancia y en la pobreza, no se afligen por educar a sus hijos, etc. etc. Yo exclamé desde mi asiento, yo sí que comprendo perfectamente. En mi país hay becas costeadas por las rentas públicas que ocupan hijos de personas que tienen doscientos mil pesos! Se gasta sin tasa en la educación superior. Nunca hay rentas sobrantes para la educación común, que todos profesan desear para cuando llueva plata. En el Perú han llovido millones durante años en forma de huano. Hay muchas Universidades y pocas escuelas. Yo soy ciudadano del Tenesse. La Asociación Nacional se reunirá el año próximo en la capital del Tenesse, después de haber este penetrado en el Far West, que es ahora el centro de la Union. Las materias tratadas en estas tres asambleas, como lo verá por los programas que le envío, son todas de un inmediato y vital interés para nosotros, escuelas normales, relaciones entre la Nación y el Estado con respecto a la educación, serán la materia de mi segundo informe, si el gobierno no halla, a causa de la guerra, hoy y mañana a causa de las otras guerras que están en el fondo de nuestro cántaro, que es plata economizable, los pobres dos mil pesos que cuesta la impresión. Los ingleses dicen, cuidad de los peniques que las guineas ellas se cuidarán. Nosotros decimos cuando de millones se trata, abrid la bolsa; y de cientos de pesos, escatimadlos. El precepto se cumple. Estos informes, que se suprimieron en Buenos Aires, esos Anales que nadie lee, han creado aquí a Chicago, Indianopolis, y van invadiendo al Oeste con ferro-carriles, fábricas, arados, todo fruto de la inteligencia. Una sola cosa le anticiparé para satisfacción. Como le he dicho antes de ahora, cada condado, cada Estado tiene sus asociaciones de Maestros. La asociación de instrucción ha sido el pionner de la nueva Inglaterra durante treinta años. La Nacional generalizó el movimiento. La de superintendentes trata ahora de darle formas estables y constitucionales. Sus trabajos se publican en volúmenes para difundir las ideas, pero nada es comparable a los efectos que produce en cada sección del país la reunión de estos colegios apostólicos, en presencia de millares de maestros, que oyen durante tres días discutir las más altas cuestiones, y sugerir las mejoras más racionales, como que son hijas de la experiencia, y de una ilustrada práctica. Estas asociaciones, pues, han removido todos los ángulos del estas asociaciones, pues, han removido todos los ángulos del terreno. El sud rebelde hasta hoy a la cultura intelectual de las masas, desde que no tiene esclavos, abre sus puertas a los propagadores del sistema de educar al pueblo, para que los pobres no destruyan la riqueza de los ricos, o no paralicen el desarrollo; para que los que saben apreciar la libertad, no se vean despojados de ella por las masas ignorantes que siguen a los que las engañan. La tendencia es cada vez más pronunciada de hacer de la Escuela, un noviciado para el ciudadano de la gran República. El Discurso inaugural del Presidente de la Asociación Nacional, Mr. Wichersham, de Filadelfia, con quien he venido a Chicago, es la más elocuente expresión de este pensamiento, bajo el título Educación americana para el pueblo americano. (*) Y bien, qué falta hoy para completar la obra? Los Norte-americanos han creado por su propio esfuerzo, un sistema de educación pública, que ha producido los más famosos resultados. Es perfecto, sin embargo? Se ha dicho ya la última palabra, en educación? No convendrá oír otros hombres, y aprovechar de la experiencia de la humanidad entera?

Se hizo moción para que se nombrase una Comisión, a fin de convocar a una Asamblea Universal de Educacionistas de todo el mundo, en Nueva York, en la época que juzgare oportuna, dando los pasos necesarios para su ejecución. Acaso los autores del proyecto, no han medido toda la magnitud de sus consecuencias. Los nortes-americanos tienen con razón la más alta idea de la sagacidad y elevación de los maestros escoceses. La Escocia es a la Inglaterra, lo que la Nueva Inglaterra es a los Estados Unidos, el centro del movimiento intelectual. La misma idea en cuanto a la profundidad de la enseñanza, tienen de los maestros alemanes, y sobre todo de los prusianos. Quisieran pues, oírlos en estas grandes asambleas, conocer sus métodos, y aprovechar de su experiencia. Mucho presumen de sus propios adelantos, y con sobrada razón, pero no se imaginan el efecto que producirá en los maestros Europeos, el espectáculo de los sistemas norte-americanos: la magnificiencia monumental, la abundancia, la variedad de sus libros, mapas &. Cuando se inauguró la Escuela Modelo de Buenos Aires, pobre remedo de las de los Estados Unidos, Mr. Bravard el malogrado geólogo, que se hallaba presente, me dijo, que él había estado encargado en Francia en su Departamento, de la construcción de ciento veinte escuelas, y que jamas se había imaginado, que pudiese consagrarse tanto ornato y comodidad a las Escuelas públicas.

Las Repúblicas sudamericanas, como más directamente interesadas en el desarrollo de sus sistemas de educación; acaso como más necesitadas de modelos y ejemplos, serian especialmente invitadas a mandar delegados a la Asamblea Universal, de entre las personas que se consagran a la difusión de la educación. Qué espectáculo ver reunidos de las principales naciones del mundo, estos agentes pacíficos de una nueva era que ya se ve venir, en que la igualdad de inteligencia será el vínculo de unión entre unas y otras naciones, prestándose mutuamente sus luces y comunicándose el resultado de su experiencia. Discutida y aceptada con calor la grande idea, nombróse una Comisión de cinco presidida por el Dr. Lambers de Peckhill N. York, y compuesta de E. E. White, superintendente de Escuelas del Estado del Ohio: Presidente de la Asociación, de Superintendentes, de D. F. Sarmiento de la República Argentina y de dos más cuyos nombres no tengo presentes. Ud. comprenderá cuanto interés tomaré en el desempeño de mis funciones y como espero que nuestro gobierno por un lado, y nuestros ciudadanos ricos por otro, ayudando a costear el viaje a algunos delegados de ciudades que ofrezcan garantías de aprovechar de la brillante lección, harán esfuerzos para que la República Argentina esté dignamente representada, como espero que lo esté toda la América si no quiere que agotada la paciencia de aguardar le vuelvan por la última vez la espalda. Cuánto ganaría V. en venir, si la idea se realiza. Veria V. con sus ojos, y entonces armada de todas armas, rodeada del prestigio que sus talentos le dan aquí, entre algunos amigos escogidos, volvería V. con paciencia y con amor, a la ímproba, y noble tarea de derrocar las barreras que se oponen a su obra. No tengo tiempo para escribir a otros, quedando de V. amigo afimo.

(*) Por una singular coincidencia a la edad de 20 años escribí yo un folleto que conservo inédito- cuyo tema es- La Necesidad de una base Común para la juventud Americana.

(1) Este maíz cultívase ya en Chivilcoy.

(2) Estas máquinas están hoy introducidas en el partido de Chivilcoy por los señores Villarino y Krause.

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