Carta de Juana Manso a un maestro rural de Tandil. 1867

Buenos Aires, 30 de Agosto de 1867.
Sr. D. Antonio Lambin.
Muy señor mio:
He recibido tres cartas de vd. efectivamente con la que tengo á la vista
fecha 26 del corriente.
Razon ha podido vd. tener de estar quejoso de mi silencio, pero cuando le
revele la causa, cesará su estrañeza.
La distancia de los objetos y de las personas, suele producir y produce
visiones de óptica de que es presa, el que de lejos los contempla; y yo he
profesado siempre una especie de veneracion por las ilusiones agenas,
convencida que las realidades de la vida nunca las reemplazan.
Veo en sus visiones educacionistas tanto candor y buena fé, que solo en
última instancia me decido á revelarle la triste verdad.
Me cree vd. fuerte porque me juzga por mi perseverancia, pero la realidad
es otra, señor.
He escrito mucho, he leido en público, me he batido contra los que me
han pretendido calumniar; pero todos esos escritos y discursos no pasan
de un largo monologo sin influencia alguna sobre el espíritu de los que
pueden. No ha leido vd. alguna vez la historia de un coloso amarrado á
una roca, cuyo nombre era Prometeo? Esa es mi historia.
No solo estoy condenada á la impotencia de hacer el bien, sino que estoy
sola, con escepcion de la palabra poderosa del Sr. Sarmiento, que viene de
tiempo en tiempo como la esortacion piadosa del misionero, á traer algun
consuelo á mi aislamiento. Dirá vd. que redacto los ANALES DE LA
EDUCACION: acaso esa posicion sea debida mas á una especie de
deferencia de mis relaciones que al interés que merece la educacion. Lo
que es en la ciudad, creo que pocos ó nadie lee los ANALES.
Pero la glacial indiferencia que existe por tales publicaciones, la tiene vd.
mismo en pasarse tantos meses sin recibir los que aquí se publican.

En la esfera pues, de las ideas ascendentes y que buscan á generalizarse
en la sociedad, de nada puedo servir á vd. Ahora como maestra de escuela
que fui y soy, aun cuando hasta esa competencia se me niegue, podremos
conversar y me complaceré en acompañarlo en sus modestas pero
sublimes tareas. Los maestros de escuela de la campaña son los
misioneros de la civilizacion, y en el albergue donde se reunen cada dia
con sus alumnos, estan trabajando para Dios y para la humanidad.
Hay un valioso escrito del Sr. Sarmiento. La dignidad del maestro léalo
vd., está en la primera série de los ANALES, 1858.
Desearia poder enviarle algun libro sobre el arte de enseñar, pero en
español no conozco ninguno, lo mejor que existe sobre la materia está en
aleman y en inglés. En este último idioma, hay cosas muy buenas. Yo me
consuelo siempre en leer, y recibo de los Estados Unidos, cosas muy
hermosas á este respecto. Predomina en aquel país una idea fundamental
en educacion, la enseñanza por objetos, sistema de Pestalozzi. Todo el
secreto de la escuela consiste en el desenvolvimiento gradual, simultáneo
y sistemático del niño. Con facultades desarrolladas todo se aprende,
miéntras que pretender enseñar sin desarrollarlas es no solo torturar el
niño sino esponerse á producir en él una parálisis de las altas facultades
mentales. Es preciso tener presente que en los primeros años de la vida,
los sentidos son los conductores de las impresiones que los objetos
esteriores producen en ellos, y que se reflejan en el alma como un gran
espejo, sin que la atencion, la comparacion y la reflexion se dén cuenta de
este fenómeno, el niño vé y percibe sin el conocimiento de la cosa, y sin
conciencia de lo que percibe. La mision pues, del educador es primero que
todo, dirigir la atencion del alumno, lo que poco le costará, porque un
impulso natural impele este á manosear y volver cuanto encuentra. La
distincion de las formas que es todo el tropiezo de la enseñanza, cede casi
siempre á la ejecución de las figuras geométricas, comenzando por la
distincion de las líneas; la música es otro poder educador del oido, y los
números del raciocinio y el dibujo ayuda á la escritura, y lo veo antecederá
esta en las escuelas americanas. Allí se cambian procesos de enseñanza
continuamente, porque de ensayar nada se pierde, mientras que la rutina
no solo fatiga al institutor, sino que dá muy pobres resultados.

Los modos de examinar varian mucho tambien y acompañan al progreso
de la instruccion.
El gobierno de la escuela es un tópico sobre el que se han escrito muchos
volúmenes, puesto que la disciplina debe coordinarse con la necesidad de
movimiento de los niños.
Conservar el órden por el solo respeto de la ley, es en la escuela el
problema social de la República.
Atraer por el atractivo de la escuela, es otra gran dificultad á resolver en
esa edad irreflexiva, voluble, tumultuosa, tornar agradables las tareas y
apetecible el estudio, es el gran secreto del maestro.
En Estados Unidos creerá vd. que se hacen grandes asambleas públicas de
maestros con este solo fin, discutir estas menudencias?
Algo mas, se han escrito centenares de obras, tres y cuatro y mas sobre un
solo punto.
Aquí se desprecia todo esto como superfluo.
No basta aprender á leer, un hombre aun sabiendo leer será estúpido
toda su vida, si de la literatura no hace un instrumento teorizador, y cómo
aprender donde no hay bibliotecas, y donde los libros regulares están en
idiomas estraños? Ahi tiene vd. mas un incentivo para inspirar desde
temprano la noble pasion del estudio. Creo que he sido demasiado
estensa, y reparado mi falta para con vd. Le acompaño los ANALES de
Marzo, Junio, Julio y Agosto. Cien ejemplares se depositan mensualmente
solo para la compaña en el Ministerio de Gobierno y cien en el
Departamento de Escuelas. Ignoro el destino que les dan.
Soy con toda estimacion de vd. affma.
Juana Manso.

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