Carta de José Mármol a Juana Manso. 1842

1842 – Montvo., 26 de Mayo. – Srta. J. P.Manso.

M i querida amiga:

 A mi regreso de la Bajada, donde me llevaron asuntos de la Revolución, he tenido el placer de recibir su carta de 7 de Marzo que conservaré siempre como el más bello testimonio de su feliz talento. En ella se percibe fácilmente el Espíritu contemplativo y melancólico que constituye el Carácter actual de la juventud argentina y que representa V. tan sentidamente como lo hacen todos aquellos que son capaces de ponerse al frente de los instintos de su época.

La Revolución en su tránsito ha templado el Carácter de los individuos con el Fuego lúgubre y profundo; como también ha impregnado los corazones jóvenes de noble orgullo, al enseñarles que sobre sus desgracias levantan ellos mismos el magnífico templo del porvenir argentino.

Alguna vez no ha observado V., amiga mía, que en medio de nuestra situación llena de miserias y vejaciones hay algo de grande que nos hace Superiores a cuanto quiere abatirnos?

La mitad de una generación de héroes de cuyos labios salió el grito de la libertad americana, y cuyos brazos completaron la primera parte en el campo de batalla: toda una generación joven y entusiasta, por completar la obra de sus padres, lejos la una y la otra de su patria, por no inclinar su frente a la reacción del despotismo, trayendo consigo las creencias, las ideas, los deseos, y la fe y los colores que proclamó su patria cuando proclamó su libertad; y pasar su vida compartiendo estos elementos de una revolución inmensa para ahogar con ellos el último aliento de un despotismo inveterado; no porque nada nos deslumbra ni humilla de cuanto vemos en el extranjero; por que existe en nosotros la conciencia de una misión sagrada que debemos cumplir para dejar sin rival la gloria de nuestra patria; como también los recuerdos de su pasado hermoso. Así no me sorprendo que se halle V. disgustada en el Brasil. Usted hallará en los brasileros un carácter superficial y degradado por su misma molicie; pues todavía no ha sentido las grandes necesidades que desenvuelven la inteligencia para satisfacerse. Dos pasos indispensables tiene que dar el Brasil para que el Espíritu de sus hijos sea más sólido y profundo. El primero emanciparse de la Corona, porque ella y él no pueden existir juntos en América. Segundo llenarse de las necesidades republicanas para dar una tendencia americana a su pensamiento y a sus habitantes. Hasta entonces vivirá como hasta aquí, sin ser un pueblo Americano ni Europeo , joven ni viejo, Aristócrata ni demócrata, adelantado ni ignorante. En una palabra, será un pueblo que tiene en su seno una aglomeración de ricos elementos para ser mucho y que no sabiendo aprovecharse de ellos, se entretiene con pobres niñerías. Y, sin embargo, quisiera hallarme en lugar de V., amiga mía, y conocer más a fondo ese Imperio de Papel con su Emperador de paja. Quisiera que me hubiera V. hablado menos del Brasil y más de Daniel. Es un joven, el único que había creído amigo mío, y que a pesar de haberse convertido en un ingrato, lo amo entrañablemente. He pasado junto a él los más bellos días de mi vida, y los más amargos también; creía que en nuestras almas había una afinidad de sentimientos que ni el tiempo ni la distancia extinguiría. Pero de repente se ha olvidado de mi, y hace seis meses que no contesta a mis cartas. Quizá lo ha convencido la sociedad que un amigo desgraciado es un peso del que es preciso deshacerse; y ha buscado otro más feliz. ¡Cómo ha de ser! Yo no le escribiré una palabra, pero sabré quererlo. Me pregunta V. por Marcelina, la flor del Plata, como la llama V. (sin duda por que el Plata no tiene flores). Sé que está buena y con la misma fragancia que ha tenido siempre.

Como va la poesía; trabaja V. mucho? Su linda improvisación a la Campana me la he apropiado en Cambio de la “despedida” que no quiere V. dejarme. Trabaje V., amiga mía, y mándeme, si es posible, todo lo que haga.

De Política nada le hablo a V . porque todo lo que podría decirle es harto malo. Aunque todos estamos convertidos en Soldados y todos los días hacemos ejercicios de cuatro horas. Esto sin duda será para que robustezcamos nuestro sistema muscular.

Novedades literarias ningunas. El 25 lo hemos pasado tristísimo. Gómez hizo una bella composición a la “libertad” de los venideros y tranquilos siglos. Y aquí viene perfectamente el dicho vulgar: “Para allá me las guardes”.

En fin, amiga mía, todo está poco más o menos como lo dejó V. Menos yo, que me dejó V. con deseos de volverla a ver, y estos deseos crecen por horas; pero espero visitarla esta primavera, cualquiera que sea el estado de nuestras cosas políticas. Hasta entonces es preciso que me escriba V. a menudo; V. no sabe cuánto vale para mí una carta de quien tanto aprecio me merece.

Adiós mi amiga. Mis respetos a su familia y para V., mi sincera amistad.

J. Mármol.

(Juana Manso. Vida y acción por María Veslaco y Arias, Bs.As., 1937, página 210)

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