BIBLIOTECA DE SAN JUAN. Cartas en Anales de la Educación Común. 1867.

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Biblioteca Franklin de San Juan

Buenos Aires, Diciembre 19 de 1866.

Sra. Da. Juana Manso.
Por encargo del Sr. Presidente de la Sociedad Auxiliar de la Biblioteca Pública de San Juan, me dirijo á usted, comunicándole haber sido nombrada, en sesion del 16 del presente, para que, de acuerdo con los señores Dr. D. Juan Maria Gutierrez y D. Luis José de la Peña, haga la eleccion de aquellas obras que considere mas útiles para una Biblioteca Popular.
El Sr. Presidente no duda que usted aceptar el nombramiento y contribuya de este modo á la realizacion de un pensamiento que será útiles para una Biblioteca Popular.
El Sr. Presidente no duda que usted aceptar el nombramiento y contribuya de este modo á la realizacion de un pensamiento que será fecundo en bienes para la República entera. Al cumplir las órdenes del Sr. Presidente, tengo el honor de saludar á usted muy atento S.S.
Juan C. Albarracin.
Secretario Interino-

Buenos Aires, 14 de Abril de 1867.

Sr. Dr. D. Damian Hudson,
Presidente de la Sociedad Auxiliar de la Biblioteca Franklin, de San Juan.
He tenido el placer de recibir una nota del Secretario de esa Asociación, comunicándome haber sido nombrada, juntamente con los Sres. Dres. D. Juan M. Gutierrez y D. Luis José de la Peña, para elegir las obras impresas más idóneas a formar “Las Bibliotecas populares”.
No había contestado hasta hoy porque supuse que la deliberación pedida a la Comisión nombrada seria tomada en común, y todos los días esperaba un aviso del Sr. Rector para apersonarme a la Secretaria de la Universidad: no ha sucedido así, y cada uno de nosotros tendrá que exponer su opinión aislada a la consideración de la Sociedad, porque ha faltado la unidad de pensamiento y de acción necesarias a uniformar la opinión pedida a la Comisión nombrada al efecto.
Impuesta del contenido de la nota del Sr. Rector de la Universidad; asintiendo en algunos punto con las ideas en ella emitidas (libros bien impresos y encuadernados) hay principios fundamentales con los cuales no estoy de acuerdo, como paso a manifestarlo.
Nuestra sociedad tiene por objeto la planteación y fomento de bibliotecas populares, puesto que de ellas carece absolutamente la República Argentina como toda la América del Sud. Este y no otro es su cometido.
Bibliotecas populares, no se entienden por bibliotecas para los pobres o los que saben menos: esa distinción importaría admitir que el pueblo es una dualidad compuesta de pueblo decente o que sabe, y pueblo plebe que no sabe; una biblioteca popular es para todos, costeada y debe
componerse de toda clase de libros, sin restricciones, para que todos y cada uno use libremente de su propio criterio en la elección de su lectura.
Nosotros no pretendemos tampoco ejercer una tutela que nadie nos ha confiado sobre la mente de nuestros compatriotas menos felices, ni las bibliotecas populares tendrán otros concurrentes que la juventud estudiosa que viene formándose, porque las instituciones nuevas actúan siempre sobre el porvenir y nunca sobre los malos hábitos arraigados del pasado.
La elección de los libros debe abarcar todo: Derecho, filosofía, historia, ciencias naturales, ciencias exactas, novelas, política, comercio, economía política etc. etc.
Nuestras bibliotecas tienen por base el óbolo del pueblo mismo en libros y dinero; cuanto conste de los primeros, tenemos que recibir lo que nos den; cuando seamos nosotros los que compremos con los fondos recolectados, lo más a propósito es estar a la mira de quemazones que siempre se presentan de libros selectos y baratos, como hacen los pobres que quieren adornar su casa con lujo y a poco costo.
Nosotros no hacemos más que llenar un deber de los más favorecidos para con los menos favorecidos de nuestros compatriotas.
Nuestras bibliotecas deben componerse igualmente de libros en todos los idiomas; primero, porque es un incentivo a la curiosidad; segundo, porque nuestra población es casi cosmopolita; y tercero, porque la lectura menos en relación con nuestras necesidades intelectuales, es la literatura española y nuestra no existe aun.

No se trata de una instrucción deficiente y mediocre que habilite al paisano a levantar su rancho más en armonía con las leyes de construcción. Yo creo Sr. Presidente, que se trata por el contrario de desterrar el rancho suplantándolo por la fábrica menos deleznable, y convertir esa masa ciega que se llama gaucho entre nosotros, en ciudadano útil, en hombre apto a pensar por sí mismo, desideratum que solo alcanzará la escuela y la biblioteca, capaces ambas de operar esa grande transformación social que mudará algún día el destino de los pueblos de este continente.
Existe, Sr. Presidente, una opinión más valiosa que la mía á este respecto, y me permitirá llamar seriamente la atención de esta Sociedad sobre el estudio: Bibliotecas Populares, dirigido al Sr. Presidente por nuestro Ministro Argentino en Washington en Junio de 1866, datado en Oscawana.
Él declara que desde años atrás ha prestado una atención sostenida a esta grave cuestión; y creo a la vez, que es todo un tema de serias investigaciones esta pregunta consignada en la carta a que aludo…
“ ¿Tenemos libros en nuestra; lengua para la instrucción general del pueblo?”
“¿De qué libros habrá de formarse una Biblioteca?”
Coincidiendo mi opinión con las ideas emitidas en aquella importante carta, yo creo, Sr. Presidente, que nuestros primeros trabajos solo se dirigirán al acopio de libros, y que nuestra misión solo tendrá su éxito cumplido cuando después de planteadas nuestras Bibliotecas públicas, emprendamos la publicación de obras que no existen en castellano y que sean los verdaderos motores del desarrollo intelectual de estos países.
Nunca debemos representamos la humanidad inmóvil, sino en la agitación perpetua del progreso que avanza contra todas las resistencias que se le opongan; y por eso el horizonte del pensamiento no es posible circunscribirlo y menos simplificar colecciones de libros que mañana ya no responderían a la curiosidad o a la demanda de los lectores.
Vuelvo a encarecer al Sr. Presidente el estudio de la precitada nota y aprovechando esta oportunidad pongo en conocimiento del Sr. Presidente que hay diez ejemplares del Nudo Gordiano, obra del finado D. Miguel Rivera y don de su señora hermana, Da. Mercedes Rivera para la Biblioteca de San Juan, en mi poder.
Tengo el honor de saludar al Sr. Presidente.
Juana Manso

Buenos Aires, Diciembre 23 de 1866. Sr. D. Damian Hudson,
Presidente de la Sociedad Auxiliar de la Biblioteca Pública de San Juan.

He recibido una nota del Sr. Secretario de la Asociacion que V. preside, haciéndome saber que he sido nombrado en su sesion del 16 del corriente para que acompañado del Sr. Dr. D. Luis J. de la Peña y de la Sra. Da. Juana Manso, elijamos las obras impresas que mejor nos parezcan para formar una « biblioteca.
Desempeñando por mi parte esta comisíon cual yo la he comprendido, acompaño una iista de libros escritos originalmente en español, ó traducidos á este nuestro idioma, porque considero que la primera calidad que deben tener los libros cuyas ideas y nociones se aspira á popularizar, es que estén escritos de manera que los entienda el pueblo ó la generalidad, que no sabe inglés ni francés.
La materia no es menos importante que la eleccion del idioma cuando se trata de esta clase de bibliotecas, porque tal es la condicion humana y las tendencias de nuestra educacion doméstica que suponemos á mano del hombre comun novelas y vidas estraordinarias de santos atestadas de milagros, han de abandonar toda otra lectura por esta, y en este caso la biblioteca popular produciria mas daño que provecho. Sin embargo yo no escluiria al Quijote ni á Gil Blas de Santillana, porque estas invenciones son pinturas reales de cosas cuyo conocimiento completa la educacion, y es bueno que tenga todo el mundo una idea exacta de lo que es el corazon humano cuando está movido por los variados intereses que constituyen la vida social. Pero los estrechos estantes de una biblioteca popular deben aprovecharse bien: allí el alimento intelectual debe proporcionarse tan fuerte como lo es el que requiere el cuerpo bajo las influencias del aire libre y del trabajo muscular. Pero, mas que fuerte debe ser sano, es decir, verdadero, exacto, positivo, claro, sin ambigüedades ni discusiones que siembran la duda y establecen la indecision en espíritus mas aptos para creer que para juzgar—Las obras de controversia, las que transpiren lo mas minimo á partido, á pasion de escuela ó de secta deben desechar se in limine, como cosa nociva. Hay algunas colecciones cortas de preceptos morales y de urbanidad que contribuyen mucho á despertar la estima hácia el prójimo y hácia nosotros mismos; y de esta clase de obritas seria bueno surtir bien las bibliotecas populares, mientras no se hallen en estado sus promovedores, de costear la publicacion de almanaque en donde se reunirán esas mismas máximas á par de buenos consejos higiénicos y de recetas probadas para la curacion de las dolencias mas frecuentes—Esos almanaques se derramarian al principio de -cada año en gran cantidad de ellos por los pueblos y por las campañas, vendiéndolos á precios muy bajos. Es demás advertir que estos almanaques deberian ser esencialmente agrícolas é industriales, y que aquellas materias no entrarian sinó como accesorias y complementarias del fin social de aquellas publicaciones que yo llamo almanaques, y que pudieran tomar otro cualquier título.
Todos los periódicos ilustrados con láminas, son apropósito para estas bibliotecas. Tambien lo son los viajes, las descripciones geográficas, las vidas y biografias de hombres célebres, (con sus retratos), los libros que pinten la naturaleza, los hábitos y costumbres de los anima les; los que traten del cultivo de la tierra, de la siembra de cereales, del plantio de los árboles, del cuidado de las flores, y en general de las faenas y ocupaciones del campo.
Hay tratados especiales de ciencias, exactas y físicas y química, escritos con la mira de que el lector pueda sin el auxilio de ningun maestro, tomar algunas nociones prácticas sobre esas ciencias tan necesarias á la vida y al bienestar del hombre. En este sentido son recomendables los ensayos de Aritmética y de Geometria que publicó aquí en Buenos Aires el profesor D. A. Jacques poco antes de su fa llecimiento: una biblioteca popular debe ser dotada dé cuanto libro se encuentre en español que trate las mencionadas materias desde el punto de vista de sus aplicaciones. El morador de las campañas que aprenda por medio de una cuerda y tres dimensiones medidas en ella, á trazar un ángulo recto sobre la superficie del terreno y á colocar en perfecta verticalidad cuatro maderas, habrá echado con acíerto, gracia y solidez los cimientos del rancho, bajo cuyo techo han de abrigarse sus hijos. Si el mismo sin necesidad de saber que existe una ciencia que se llama “Fisiología Vegetal” , llega á aprender en sus libritos prácticos, que un árbol tiene como Ios animales humores que circulan y que se fluyen ó se concentran segun las estaciones, entónces podará con discernimiento, proveerá á la salud de esos seres que le dán frutas y sombras, y se inclinará á tratarles no solo como cosas útiles sino como á objetos de la creacion que viven y sientan á su madera, y esta ideas, despertada en el inculto campesino, es de seguro una leccion moral mas poderosa que la que pudiera proporcionarle una sentencia de Séneca bien aprendida de memoria.
Los tratados de ciencias y artes, elementales, prácticos y claros, deben ocupar el primer lugar en una biblioteca destinada para personas que solo saben leer, que poseen pocos ó ningunos bienes de fortuna y á quienes el tiempo les anda escaso para trabajar mecánicamente. Recomiendo, pues, los manuales de Rosé que se han traducido al castellano recientemente: otras anteriores que tambien corren en nuestra lengua y los excelentes “Catecismos , de Ackerman”; sí, desgraciadamente, no estuvieran ya agotadas las bellas ediciones de Lóndres.
Los señores que tiene la santa idea de popularizar la ínstruccion, pueden combatir con hechos un error que ha debido ser funesto entre nosotros: él parece nímio á primera vistas y sin embargo es fundamental. Se ha creido hasta aquí que todo libro para consumo de la generalidad debe ser mal impreso, del color del pan-baso su papel, y encuadernado cuando mas en una piel de oveja sin color y mal curtida. En los libros españoles este absurdo no tiene escepciones sino en los libros de misa, que siempre tuvieron muy buenas y aun bellas apariencias para que hicieran juego con el rosario de oro de las mujeres devotas.
Son una curiosidad digna de conservarse en museo algunos ejemplares impresos en Valencia ó en Cataluña de los “ Doce Pares de Francia” , de “Bertoldo y Bertoldino “ de “ Romanceros”» y de “Colecciones de Comedias”, que como todo el mundo sabe han sido los libros que mas cundian en nuestra lengua, no para instruír al pueblo sino para divertirlo.
Es preciso que este contrasentido desaparezca ante la luz del buen sentido guiado por el verdadero respeto que nos deben inspirar nues tros semejantes, iguales todos al mejor desde el punto de vista de ciudadanos y todos con derecho al cultivo de las facultades que Dios nos ha dado al hacernos hombres. La beneficencia ó caridad de la instruccion no debe hacerse en moneda de cobre como la que se ejerce un dia de honra con los mendigos haraposos, segun la costumbre de los tiempos oscuros. Es preciso hacerla con largueza y con amor, con el corazon saltan do de alegría;—porque hoy, los que propenden á instruir y á educar al pueblo, no con palabras sino con bienes eficaces y sin vana gloria, son los únicos dignos de gozar de los deleites intimos que estaban reservados á los mártires y á los penitentes en otros siglos, que distan ya mucho del XIX, era que vivimos y de cuyas creencias son sacerdotes los que aman de veras el cultivo sano de la inteligencia, fuente única de los bienes del mundo y de la salud de las almas. Es preciso que el libro de la Biblioteca popular, sea bueno por dentro y bello por las tapas, para que comience á herir agradablemente los sentidos y tiente á su lectura. Los que tengan hermosas láminas, artísticamente ejecutadas se deben preferirse á los de igual naturaleza que carezcan de este atractivo. La esperiencia mostraria que es hasta económico este sistema, porque un libro dorado, bien impreso, con elegante encuadernacion, se defiende asi mismo obligando al buen trato hasta las personas mas toscas. Y cuando se contraiga el hábito de respetar los volúmenes por el vestido, como suele suceder para con los individuos, ese hábito redundará en provecho de los libros á la rústica que tengan bajo pobres apariencias calidades intrínsecas que solo pueden notarse conociéndole muy de cerca.
Convencido profundamente de lo que acabo de decir no he trepidado en colocar en la lista abjunta el título de algunas obras que son conocidas como de lujo y cuyo precio es alto en el comercio, como por ejemplo, varios periódicos ilustrados y los viajes antiguos y no de unos publicados por M. Charton y repartidas en lengua española como prima para los suscriptores al “ Correo de Ultramar.” La Sociedad hará el caso que le parezca de las ideas que contenga esta carta: su Presidente me ha obligado á emitirlas y lo hago con el fin de concurrir en lo que pueda á los fines laudables de una asociacion por cuyo buen éxito me intereso.
De V, muy atento SS. y amigo.
Juan Maria Gutierrez

Lista de algunas obras que pueden servir de base de la fundacion de una “ Biblioteca Popular Argentina.
Diccionario de lengua castellana.
Gramáticas y ortografías id. D. Quijote (edicion norte-americana de Ticknor.)
Historia Argentina.
Algunas de las obras publicadas en ediciones económicas con láminas, por Gaspar y Roix, en Madrid.
Vida y viajes de Cristobal Colon por W. Irving—traduccion de Garcia Villalta.
El instructor por Ackerman.
Periódicos de Variedades con láminas, publicados en Europa en diferentes épocas en lengua castellana, como la “Colmena, “ “ El Mensa jero de Lóndres,” “ El Correo de Ultramar” , etc. etc.
Catecismos de ciencias y artes, por Ackerman.
Manuales de artes y Oficios , por Rose, y otras colecciones de los mismos.
Los grandes inventos, por Figuier, (edicion española de la casa Hachelte de Paris).
Anales científicos, por Canalejas.
Viajes modernos, por Charsor (con láminas.)
Viajes en el Siglo XVI, id íd.
Elementos de Física, por Ortis (edicion Norte-Americana).
Id de Geografia, (zediciones Norte-Americanas).
Tratado de Urbanidad, por Carreño. Aritmética y Geometría, por A. Jacques.
«El Agricultor, » segunda edicion-

Buenos Aires.Buenos Aires, Diciembre 27 de 1867.

Sr. D. Juan C. Albarracin.


Agradeciendo de un modo especial la distincion que de mi ha hecho la Sociedad Auxiliar de la Biblioteca Pública de San Juan, mi resolucion era pedir al Sr. Presidente se dignase escusarme, al menos por ahora, de concurrir á las reuniones indispensables de la Comision á que se me destina, en consideracion á la urjencia de mis tareas en el fin de año.
El recargo de estas, me imposibilitaria para los trabajos que deben emprenderse. En relacion frecuente y necesaria con el Sr. Rector de la Universidad Dr. D. Juan M. Gutierrez, me ha proporcionado ocasion de conocer su pensamiento sobre la eleccion de obras útiles para una biblioteca popular, y los términos en que la transmite á esa Scciedad. La competencia muy especial de este distinguido literato, me hizo no trepidar un solo instante en aceptar con entera aquiescencia sus ideas, que son completamente conformes á las mias. Ruego pues á Vd. se sirva presentar á la Sociedad mi adhesion al dictámen de mi distinguido cólega y amigo. Creo llenar por este medio, en cuanto me es posible, el encargo que se me confia, y corresponder á los laudables objetos que la Sociedad de la Biblioteca Pública de San Juan tiene en vista.
Saludo á Vd. con particular consideracion.
Luis J. de la Peña.

Buenos Aires, 9 de Junio de 1867.
Sr. Dr. D. Damian Hudson, Presidente de la Sociedad Auxiliar de la Biblioteca de San Juan.

Asistiéndome la conviccion que es un llamativo vano el que se hace para obtener la reunion de los socios con el fin de discutir el Reglamento de la Sociedad, no fuí el anterior Domingo ni de igual modo me presentaré este.
Son ineficaces estos llamamientos que no obran sobre la indiferencia general. No hay sino dos caminos, señor, ó perecer de consuncion ó considerar disuelta la Asociacion y convocar una nueva, menos numerosa, pero acaso mas activa, ó al menos que sepa mantener la brasita entre el rescoldo hasta el dia que tengamos combustible á mano con que activar la llama. Mientras las Lejislaturas se reunan para declamar, pelearse, uno con los otros, decretar pensiones á las viudas y discutir sin término en el terreno de la política frívola en doctrina y estéril en resultados, seguida hasta hoy, mientras las Lejislaturas digo, no quieran ocuparse de la instruccion, creando rentas y fondos de escuelas, tierras con que fundar Bibliotecas públicas, y otras nimiedades por el estilo, crea Vd. que los corazones ardientes para el bien se han de gastar en su iniciativa sin resultados tangibles.
En todo caso, si se obtiene hoy número votaré con la mayoria, pidiendo solo que en vez de tres secretarios propuestos, nos reduzcamos á dos, vista la poca posibilidad de un gran número de socios. Un Presidente, dos Vice, dos Secretarios y un Tesorero es suficiente; de lo contrario toda la baraja se volverá reyes.
Suplico á Vd. copia de la anterior y de esta. Me subscribo con el mas distinguido aprecio del Sr. Presidente.
S. S. S.
Juana Manso

Sra. Da, Juana Manso.

Muy distinguida señora:
La mas apetecida contestacion que yo queria dar á las dos interesantes cartas que se sirvió dirijirme sobre biblioteca “Franklin”» de San Juan, era la publicacion de ellas, inmediatamente reunidas á las actas de la Sociedad, su reglamento sancionado y otros documentos. Pero mis deseos y órdenes, no han sido, por mas que he repetido estas últimas, cumplidas hasta ahora. Me he encontrado en el caso de admitir las escusas de enfermedad y ocupacion, que me ha dado el Secretario, Dr. Albarracin, prometiéndome siempre hacerlo muy luego. Presentaréle á este caballero la estimable de usted, que acabo de recibir, á fin de que apresure el trabajo y entregue á usted las cópias que usted me pide.
Entretanto, permitame usted comunicarle para su satisfaccion, pero en breves palabras, lo que sobre estos incidentes ha acontecido en la Sociedad. En la siguiente reunion (á aquella en que usted asístió la última vez), se sancionó el proyecto de Reglamento presentado por la Comision, con varias modificaciones y adiciones, propuestas en la discusion. Entre las primeras, acertamos á estar de acuerdo con usted, en cuanto á las que proponia usted misma en la segunda de sus apreciables cita das cartas (la que recibí despues de terminada la sesion y volverá casa). En esa misma sesion se procedió al nombramiento de nuevos empleados, con arreglo al Reglamento, y resultaron electos: Presi dente, D. Franklin Rawson—Vice-Presidente, Dr. D. Damian Manuel Hudson, (mi hijo)—Secretarios, Dr. D. Crisóstomo Albarracin y Don Adolfo, (digo mal) y D. Matias Sanchez, y Tesorero D. Adolfo Rawson. El nuevo Presidente renunció y no se hizo lugar á su escusacion. La reunion del primer Domingo del presente Julio, tuvo lugar con asistencia, entre otros, del Sr. Dr. D. Juan Maria Gutierrez, y del Sr. Dr. Don Guillermo Rawson. Se leyó la acta de la anterior, se dió cuenta de los asuntos entrados, entre ellos estaban las dos importantes cartas de usted, y todo fué leido, por órden mia. El Dr. Gutierrez dió esplicaciones á la Sociedad, de las causas que habian habido para no haber la Comision desempeñado su cometido en consorcio, reunida, como debia ser; agregando, que él y el Dr. Peña, pasarían luego á casa de usted á darle esas mismas esplicaciones y ponerse de acuerdo. Allí volvió á reiterar su renuncia el nuevo Presidente, la que tampoco le fué admítida. Entónces pidió se le permitiera renovar su peticion á la Sociedad, reunida en mayor número. Terminó esa sesion, con la órden al Secretario de la publicación de todo lo obrado en esa y en la anterior sesion, Reglamento, cartas de usted y de los Sres. Dres. Peña y Gutierrez, nómina de sócios etc. etc.
Esto no ha podido conseguirse hasta hoy, desde aquella fecha, á pesar de estar prevenido el Sr. Secretario de apresurar dicha publicacion; que debia ser prévia á la reunion estraordinaria y urjente y que habia pedido el mismo Presidente.
Vuelvo á decir á usted, que hoy mismo ó mañana, haré leer al señor Secretario la última misiva de usted para que sin pérdida de tiempo envíe á usted las cópias pedidas.
Me es muy honroso renovar á usted las seguridades de mi mayor respeto y estima, como su muy atento servidor.
Q. S. P. B. Damian Hudson.
Casa de usted, Julio 30 de 1857.

Carta del Señor Sarmiento
Señor D. Pedro Quiroga.
Lago Oscawana N. Y , Junio 28 de 1866.

Mi querido amigo: He recibido su estimable carta de 25 de Abril, acompañada de todos los interesantes documentos que acreditan y constituyen la Sociedad auxiliar de la Biblioteca de San Juan. Aplaudo de todo corazon la idea, y mas que todo, que la iniciativa haya salido de V., mostrándome á mi la buena direccion que toman sus ideas, y á V, mismo los efectos, casi siempre seguros de la voluntad enérjica, y perseverantemente dirijida á producir un resultado útil.
En contestacion que doy al Presidente electo, mi antiguo amigo Hudson, espongo en un proyecto de asociacion mas vasto, un plan para ensanchar la esfera de accion, no contentándose con amontonar libros, tales cuales existen, en una biblioteca, sino emprender, dotar á estos almacenes de ideas, á todas las provincias, ciudades y aldeas, y lo que es mas directo, las familias de la República y de la América. Del éxito y estension de la tentativa, depende la civilizacion de la América española. Consagre V. su vida á esta sola cuestion; pues al fin en la aplicación de los conocimientos debe haber un blanco, si se quiere llegar á un resultado. Yo me consagré desde jóven á la enseñanza primaria, y con aquel propósito claro, he llegado á ligarla como merecia con todos los progresos de la humanidad, y con nuestras instituciones republicanas. Ya estoy muy entrado en años para acometer la parte mas importante, y es vaciar al castellano, que es un lindo vaso de porcelana vacío, el espíritu que anima y vivifica á las otras naciones. No tenemos libros; no lee nues tra juventud, ni la jeneracion que nos ha precidido. Es una vergüenza oir á los libreros aquí. No hay libro por interesante que sea que se atrevan á publicar en castellano, por tener por esperiencia averiguado, que los de esta lengua no consúmen materia impresa, no obstante que en Europa y América cuentan mas de treinta millones de habitantes, no siendo todos juntos capaces de asegurar los costos de una edicion.
La causa es natural, sin embargo. En España de 15 millones, once no saben leer. En nuestro pais de millon y medio, veinte y cinco mil están en la escuela. ¿Habrán cincuenta mil adultos que sepan leer? Pero démoslo por sentado y apuremos la estadística, segun términos de comparacion que naciones mucho mas adelantadas producen. De esos cincuenta mil, cuarenta, si saben leer, no tienen libros y por tanto no tienen nociones de nada. De los diez mil restantes, no sabiendo otro idioma que el español, nueve mil no tienen á su alcance los medios de estender la esfera de sus adquisiciones. Los mil restantes leen en ingles ó francés lo que les viene á mano. No hay cien, acaso no hayan treinta personas entre nosotros, que sigan el movimiento de las ideas en el mundo.
Un hecho curioso y esplicativo me subministra mi correspondencia particular. Escríbenme de Buenos Aires, que no se colocarán doscientos ejemplares de la Vida de Lincoln. Aquí va por la tercera edicion, sin embargo para proveer al resto de la América, 300 ejemplares se vendieron en los Estados Unidos, pedida del Kentucky, New Jersey &a. Veo que la señora Manso está dando lecturas sobre mis viajes de 1847. La verdad es que, no obstante dos ediciones, nadie habia leido antes esa obra, que hoy publicaria con mi nombre, tan exactas son sus observaciones. ¿Habré de creer que por tener en menos al autor, no son buscadas sus obras? Algo y mucho ha de haber de eso. Vd. prefiere el sastre frances para vestirse; y de ordinario el que como tal se presenta, y hace fortuna, fué peluquero, dibujante ó impresor en su pais. Pero la verdadera razon es que pocos leen habitualmente, y como satisfaccion de una necesidad.
Publicaré luego la Vida de Quiroga seguida de la del Cha cho, á fin de conservar este libro que la literatura europea cuenta en algo; y contando mas con el Perú, Chile, Venezuela para colocarlo, á fin de resarcirme los costos de edicion, que con el pais, en que tales escenas tuvieron lugar, y á cuya literatura pertenece el libro.
Seria pues una grande obra la que V con sus asociados emprenderian, esta difusion de los libros, como único medio de abrir las puertas hasta hoy cerradas á toda civilizacion que no sea la que representan los goces materiales, á la República inteligente, que no repita los escándalos de la violencia y el fraude, de la riqueza que no sea la que acumulan unos pocos, en detrimento de la Nacion entera que se muere de necesidad.
¿Cuántos ricos hay en la República? Si veinte y cinco mil niños en las escuelas fueran todos hijos de ricos, resultaria que hay doce mil familias que pueden mandar sus hijos á la escuela, pero no todos los que hacen aprender á sus hijos á leer son ricos. Trabaje pues, en este sentido: la via es ancha, el objeto nobilísimo, y el fin de alcanzarse con perseverancia. A cabo de comprar la última edicion de Mackauly, ocho tomos á siete dollars tomo. Edicion á media pasta. Pero eso cuesta, y á ese precio se compra el placer de leer los escritos del célebre historiador.
Con mil recuerdos á Matias Sanchez, cuyo nombre veo figurar entre mis consocios, tengo el gusto de suscribirme,
Su afimo, amigo D. F. Sarmiento.
En Anales de la Educación Común, Vol. V., 1867-

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